domingo, 10 de mayo de 2015

La tentación del poder

 

«Mostrándole los reinos de la tierra, dijo el Diablo: todo esto te lo daré si me adoras, pues yo se lo doy a quien yo quiero...» (Lc 4, 5-6). Largos siglos llevaba Israel esperando la llegada de un Reino universal, sabiendo que tras muchos imperios despiadados y reyes injustos debía surgir el príncipe Mesías.
 
"Di que estas piedras se conviertan en panes". Que todas las piedras se conviertan en pan fácil e inmediato: ¿qué más quisiéramos? ¡Pero qué engañoso es!
Es la tentación de satisfacer ya todos nuestros deseos y apetencias, es la tentación de poner nuestro interés inmediato por encima de todo lo demás, es la tentación del consumismo compulsivo y desaforado, es la tentación de pensar que seremos más felices teniendo más.
 
El Diablo le ofrece un Imperio mundial, a la fuerza, en la línea del César de Roma, con lo que eso implica de adoración del Diablo, al Poder, no un Reino que brota y se expande en gratuidad y diálogo como en Is 2, 2-4. Pero Jesús rechaza su propuesta, porque un imperio y paz a la fuerza implica la destrucción del hombre. Él quiere imposición, autómatas o esclavos, sino amigos e hijos de Dios, oponiéndose así al despotismo del Diablo, que crea un espléndido rebaño, pero mata al ser humano.
Ciertamente, quiere Reino, pero en línea de Dios, no para conquistar el mundo, como el César de Roma, sino para reconciliar en libertad y amor a los hombres. No ha tomado el pan sin Palabra, tampoco puede aceptar el reino sin libertad (con adoración del Diablo). Ciertamente, pueden discutirse muchos rasgos de su proyecto, pero el sentido es firme: Él no ha querido el poder para dominar a otros (eso es del Diablo), sino para crear vida, enseñar y curar en libertad, en contra de algunos que se han dicho más tarde cristianos.
 
Yo creo que una verdadera iglesia del Espíritu Santo será la linterna de Dios, buscando a través de la ciudad, por lo que será muy molesto para los que se han acomodado. La Palabra de Dios lo llama “ser vaciado de vasija en vasija” en Jeremías 48:11-12: “Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado”. Estas personas se negaron a participar y prefirieron la calma, paz y tranquilidad de la prosperidad, negándose a ser examinados, conmovidos, o convencidos de pecado.

Si supiéramos lo cerca que estamos del regreso de nuestro Señor, que cerca de los ardientes juicios, daríamos gracias a Dios por conmover nuestros corazones. Abriríamos nuestro corazón  cada día, eliminando las escorias. Agradeceríamos a Dios por los ministros del evangelio que nos siguen llamando a caminar en la justicia y en el perdón que inundan nuestras almas con la Palabra de verdad que penetra y convence de pecado. En el Día del Juicio, estaremos eternamente agradecidos con Dios por haber sido despertados por los mensajes de alerta que nos han llevado al arrepentimiento y al verdadero temor de Dios.

¡Mis maletas están listas! Estoy listo y anhelando ver a Jesús cara a cara.

sábado, 9 de mayo de 2015

David le perdona la vida a Saúl


 
 
1 Samuel 24
David le perdona la vida a Saúl
24 Cuando Saúl regresó de perseguir a los filisteos, le informaron que David estaba en el desierto de Engadi. Entonces Saúl tomó consigo tres batallones de hombres escogidos de todo Israel, y se fue por los Peñascos de las Cabras, en busca de David y de sus hombres.
Por el camino, llegó a un redil de ovejas; y como había una cueva en el lugar, entró allí para hacer sus necesidades. David estaba escondido en el fondo de la cueva, con sus hombres, y éstos le dijeron:
—En verdad, hoy se cumple la promesa que te hizo el Señor cuando te dijo: “Yo pondré a tu enemigo en tus manos, para que hagas con él lo que mejor te parezca.”
David se levantó y, sin hacer ruido, cortó el borde del manto de Saúl. Pero le remordió la conciencia por lo que había hecho, y les dijo a sus hombres:
—¡Que el Señor me libre de hacerle al rey lo que ustedes sugieren! No puedo alzar la mano contra él, porque es el ungido del Señor.
De este modo David contuvo a sus hombres, y no les permitió que atacaran a Saúl. Pero una vez que éste salió de la cueva para proseguir su camino, David lo siguió, gritando:
—¡Majestad, Majestad!
Saúl miró hacia atrás, y David, postrándose rostro en tierra, se inclinó y le dijo:
—¿Por qué hace caso Su Majestad a los que dicen que yo quiero hacerle daño? 10 Usted podrá ver con sus propios ojos que hoy mismo, en esta cueva, el Señor lo había entregado en mis manos. Mis hombres me incitaban a que lo matara, pero yo respeté su vida y dije: “No puedo alzar la mano contra el rey, porque es el ungido del Señor.” 11 Padre mío, mire usted el borde de su manto que tengo en la mano. Yo corté este pedazo, pero a usted no lo maté. Reconozca que yo no intento hacerle mal ni traicionarlo. Usted, sin embargo, me persigue para quitarme la vida, aunque yo no le he hecho ningún agravio. 12 ¡Que el Señor juzgue entre nosotros dos! ¡Y que el Señor me vengue de usted! Pero mi mano no se alzará contra usted. 13 Como dice el antiguo refrán: “De los malos, la maldad”; por eso mi mano jamás se alzará contra usted.
14 »¿Contra quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigue? ¡A un perro muerto! ¡A una pulga! 15 ¡Que sea el Señor quien juzgue y dicte la sentencia entre nosotros dos! ¡Que examine mi causa, y me defienda y me libre de usted!
16 Cuando David terminó de hablar, Saúl le preguntó:
—David, hijo mío, ¡pero si eres tú quien me habla!
Y alzando la voz, se echó a llorar.
17 —Has actuado mejor que yo —continuó Saúl—. Me has devuelto bien por mal. 18 Hoy me has hecho reconocer lo bien que me has tratado, pues el Señor me entregó en tus manos, y no me mataste. 19 ¿Quién encuentra a su enemigo y le perdona la vida? ¡Que el Señor te recompense por lo bien que me has tratado hoy! 20 Ahora caigo en cuenta de que tú serás el rey, y de que consolidarás el reino de Israel. 21 Júrame entonces, por el Señor, que no exterminarás mi descendencia ni borrarás el nombre de mi familia.
22 David se lo juró. Luego Saúl volvió a su palacio, y David y sus hombres subieron al refugio.
 LA ENSEÑANZA PRACTICA
 
Todo esto me hace pensar en tres principios útiles que deben ser tomados en cuenta cuando se trata de la tentación más sutil de la vida. Vale la pena recordarlos cuando seamos victimas del enemigo.
Puesto que el hombre está corrompido, debe esperar ser maltratado. La misma naturaleza que latía en el corazón de Saúl, late en el corazón de todos nosotros. Si vivimos según la carne, reaccionaremos como Saúl.
puesto que el maltrato es inevitable, debemos esperar tener sentimientos de venganza, no estoy hablando de tomar venganza, sino de prevenir los sentimientos de venganza, porque podremos estar seguros de que los tendremos. Es la naturaleza de la bestia.
Manejar el maltrato no es fácil, razón por la cual la verdad de Jesús es tan revolucionaria: “ Y cómo queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Luc 6:31), no como ellos hacen , sino como queremos que nos hagan. Son muy escasas las personas que no toman venganza, o que al menos no quieren tomarla.
Puesto que el deseo de venganza es previsible, debemos  negarnos a luchar con nuestras fuerzas. Fue por esto que David venció los deseos de venganza. Sus hombres le dijeron: “ mátalo”, y el casi lo hizo, estoy convencido de ello. Pero cuando se acercó a saúl le entró miedo y se limitó a cortarle un pedazo de su manto en lugar de hundirle el cuchillo en la espalda. Después hizo lo correcto.
Si estamos presos por el rencor y deseamos vengarnos del enemigo y pagarle con la misma moneda, necesitamos pedirle a Dios que nos libre de la esclavitud. ¡El secreto es el perdón! Reclamemos el poder de Dios para perdonar a través de Jesucristo. Comencemos a pedirle perdón a Dios por cultivar esa raíz de amargura y de rencor en uestro corazón. Pidámosle que nos lo muestre con toda su fealdad y pongámosle fin. Cristo puede darnos ese poder. Él sufrió lo indecible por nosotros. Puede darnos el poder que necesitamos para vencer toda clase de amargura y de rencor que pueda haber en nuestras vidas.
El deseo de Venganza es el deseo más sutil de la vida. Pude ser contra su pareja infiel. Puede ser contra la persona que le engañó con su esposo. Puede ser contra su padre o su madre…
A esto le llamamos: “¡Yo tengo mis derechos! Yo no soy el felpudo que se me puede pisotear.
Pero Dios le llama de otra manera: Venganza.

Ahora vayamos a Romanos y veamos que más dice Dios sobre esto: Nunca devolvamos mal por mal. Respeta lo que escorrecto a la vista de  los hombres.

“Si es posible en cuanto dependa de vosotros, tened paz con todos los hombres… No os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor… No seas vencido por el mal, sino vence con el mal el bien"

                                                                               Romanos 12:18, 19, 21

                                                                              
Dios dice “ en cuanto dependa de vosotros” tened paz con todo el mundo. En otras palabras, nosotros no podemos cambiar a los demás. Lo único que podemos hacer es manejar nuestro propio comportamiento a través del Poder de Dios. “ Si hay alguien a quien culpar”, dice Dios , “déjalo de mi parte. No sigas viviendo con eso. “Haz todo lo que puedas para estar en paz”. Y eso comienza con el perdón.
Experimentamos un proceso de tres pasos cuando deseamos vengarnos. El primer paso es el agravio. El segundo paso es la vulnerabilidad y el tercero es la acción innoble. Cuando mezclamos estas tres cosas, tomamos venganza. Lo vimos en la vida de David. Primero, Saúl cometió el agravio. Segundo, se encontró con Saul en un momento vulnerable. Tercero, de haber actuado innoblemente, conforme a la carne, pudo haberle hundido el cuchillo y se habría realizado la  VENGANZA. Sus compañeros lo habrían aplaudido, pero él habría tenido que cargar esto en su conciencia por el resto de su vida.
 
Ahora bien, es posible que podamos pensar que todo está controlado y muy pensado: Para mí esto no es ningún problema; yo sé cómo manejar la situación. Pero antes de finalizar el día puede suceder que suframos una ofensa y esperemos que la otra persona esté en una situación vulnerable y le asestaremos un golpe, a menos que lo dejamos en manos de Dios.
Aprendamos esta lección de David: Cuando la tentación más sutil de la vida trate de atraernos, no debemos dejarnos vencer. Creedme… nunca lamentaremos perdonar a alguien que no lo merecía.
Además de soportar, debemos perdonar de corazón.
 Ahora llegamos a perdonar, que abarca otros dos mandamientos: 1. amar a nuestros enemigos y 2. orar por ellos. “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen,” (Mateo 5:44)

Un viejo predicador sabio dijo, “Si puedes orar por tus enemigos, puedes hacer todo lo demás.” He encontrado que esta es la verdad en mi propia vida. Al orar por aquellos que me han herido, Cristo empieza a quitar mi dolor, mi deseo de defenderme, y mi deseo carnal de vengarme. Y mientras él hace esto, soy impulsado a preguntar, “Señor, ¿qué quieres que haga para reparar esta relación?” 


 Claro, Jesús nunca dijo que el trabajo de perdonar sería fácil. Cuando ordenó, “Ama a tus enemigos, “ la palabra griega para “amar” no significa “afecto” sino “entendimiento moral.” Simplemente, perdonando a alguien no es asunto de revolver afecto humano, sino hacer una decisión moral para quitar el odio de nuestros corazones.

Pablo hace una lista de seis cosas que tenemos que sacar de nuestras vidas si vamos a crecer en la gracia de Cristo: Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia (Efesios 4:31).

Las tres primeras cosas en la lista de Pablo son amargura, enojo e ira estas se explican por si solas. Amargura es rehusar soltar una herida pasada o perdonar un daño pasado. Enojo es una fortaleza de resentimiento mezclado con la esperanza de vengarse. Ira es exasperación ya sea una explosión rápida o una indignación lenta y candente hacia alguien.

Jesús aclara: No podemos aferrarnos a no perdonar, a la ira o malicia. Si nosotros no nos deshacemos de esta cosas mortales en nuestras vidas, permaneceremos sin el perdón de nuestros propios pecados. Entonces, nuestras iniquidades se amontonaran contra nosotros, a pesar de nuestra devoción y buenas obras (ver Mateo 6:14-15).
Así que, examina tu vida cuidadosamente. Y recuerda estas definiciones: la gracia es el *poder del Espíritu Santo para hacernos más como Jesús. Y creciendo en la gracia es crecer en el parecido de Cristo a través del poder de Espíritu. Finalmente mantente haciéndote esta pregunta: Me estoy pareciendo más a Jesús, confiando en poder del Espíritu Santo?

Poder en griego significa Dinamo, palabra derivada del griego Dinamis el cual significa poder, palabra que se divide en 2 partes = Dinamita (Poder explosivo) – y Dinamo (poder constructivo); el evangelio es ambas cosas, constructivo “dinamo” para el que cree, y destructivo “dinamita” para el que no cree.

Griego: δυναμις [dunamis] (Sustantivo femenino). Fuerza, capacidad, poder.
δυναμις [dunamis] aparece 120 veces en el NT


















 

 

Manuel Sánchez Monge: “Lo más urgente es acercarnos a los alejados”

  Manuel Sánchez Monge  Es rotundo al decir que siempre estará agradecido “a Galicia y a Mondoñedo-Ferrol” por ser esta la primera diócesis que ha pastoreado. Pero también al asegurar que llega a Santander con la mejor actitud: “Voy con el espíritu de conocer y valorar todo lo que hay allí, porque tengo noticias de que Santander es una Iglesia viva y rica”.
 
Sánchez Monge ya se ha comprometido a dar continuidad al Plan Pastoral Diocesano para 2014-2017 y cuyo contenido “me parece que acierta plenamente en las necesidades existentes, que lo son de Santander y de tantas otras diócesis”. Y, entre otras, destaca una tarea urgente para su nuevo cargo: “La renovación en la Iglesia no obedece a los planes de los hombres, sino que todo es estar atentos al Espíritu del Señor”, y dentro de esa renovación, la urgencia del “acercamiento a los alejados y el no aferrarnos tanto a nosotros mismos”.
Nos faltan obispos como D. Manuel que puedan o quieran exponer con vida el mensaje de Jesús y abrir caminos de Iglesia… Sólo tenemos funcionarios sumisos a un sistema de poder sagrado.
Si amamos al mundo y sus cosas, no podemos ser de Dios: "Si cualquier hombre ama el mundo, el amor del Padre no está en él " (1 Juan 2:15). Si codiciamos, queriendo cada vez más cosas, no somos una de sus ovejas: "Ni los ladrones, ni codiciosos… heredarán el reino de Dios" (1 Corintios 6:10).
Aún, estos creyentes serán cabras no solamente por su codicia por cosas, o porque no ayudaron al necesitado. El Señor les dirá, "Eres una cabra porque me falsificaste ante el mundo. Tu hiciste que el mundo impío se identificara con la prosperidad, el dinero, y el éxito. Engañaste al pobre diciéndole que quise hacerlos ricos. Y dijiste al enfermo que ellos sufrían porque carecían de fe."
Te bendije. Derrame mis recursos en ti, porque te amo. Pero no abriste tus oídos al llanto de necesidad alrededor tuyo. En cambio, te ahogaste en tus propios bienes. Si tu fueras mío - si me amaras - habrías obedecido mis órdenes."
 

Nuestro testimonio a un mundo maldecido por el pecado debe incluir tanto la predicación como la manifestación, tanto en Palabra como en hecho. Nuestra proclamación de Cristo no puede estar divorciada de nuestras obras de ayuda. Como Santiago dice, tales obras ayudan a demostrar el poder del evangelio:
“¿Qué ganancia, mis hermanos, aunque un hombre diga él tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarlo? Si un hermano o la hermana están desnudos, y tienen necesidad de alimento diario, y uno de ustedes les dicen, Id en paz, sed vosotros calentados y llenos; pero no les distes las cosas que son necesarias al cuerpo; ¿Qué aprovechara? " (Santiago 2:14-16).
No se trata de romper con violencia lo que existe, sino de crear más allá de la nieve actual le nueva ciudad de puertas abiertas que vió en “sueño” el profeta del Apocalipsis (Ap 21-22). Tampoco Jesús derribó personalmente el templo (él anunció su caída), sino que lo derribaron celotas y romanos luchando por el control del sistema; pero aquel templo estaba ya vacío, muerto, antes que ardiera en las llamas de la guerra. Un tipo de religión oficial desaparece, pero hay nuevos caminos abiertos, con agua de evangelio.
Hasta ahora ha triunfado un tipo de globalización económico-política, que ha tomado formas helenistas o, mejor dicho, platónicas, con separación de niveles (arriba lo espiritual, abajo lo material) y con estructuras jerárquicas, donde los nobles (los sabios-dignos-superiores) dominan sobre los plebeyos (ignorantes-indignos-inferiores). En estos últimos siglos, ese modelo ha desembocado en un tipo de capitalismo neoliberal, estableciendo un nuevo y más fuerte modelo de separación clasista en el plano económico y técnico, militar y administrativo. Pues bien, en contra de esa tendencia buscamos la catolicidad cristiana, partiendo de la gracia de Dios que se expresa por los pobres.

Por eso, por coherencia histórica y espíritu evangélico, los que se dicen sucesores de Pedro y los dirigentes de las iglesias han de volver al lugar donde estuvo Jesús (y los primeros cristianos: Magdalena, Pedro, Pablo…), entre los hambrientos y marginados del imperio antiguo, para redescubrir y recrear la catolicidad del evangelio, sin tomar para ello el poder, pues si lo tomaran dejarían de ser signo de evangelio .

 

 

 

 

viernes, 8 de mayo de 2015

Creo en el Espíritu Santo: un nuevo obispo para Mondoñedo Ferrol

 
En los primeros primeros siglos, una iglesia “fermento” mantiene ante la sociedad el principio electivo.

Lo mantiene ante todo por razones teológicas y de fidelidad al Evangelio: por una convicción sorprendentemente comunitaria de Dios y una convicción de que aún más grave que manipular a los hombres, es intentar manipular el Espíritu apropiándose privadamente de Él. Si surgen problemas se intenta armonizar las exigencias de la realidad con las exigencias del Evangelio, antes que negar simplemente éstas.

Y la autoridad está precisamente para ayudar a encontrar esos caminos de vigencia lo que parece  pedir el Evangelio, en lugar de suplantarlo. Así es como los papas resultan ser los grandes defensores del principio electivo.

Una iglesia así, aún con sus torpezas y  sus fallos humanos, que siempre los hay, resulto “sacramento de comunión” y levadura para la sociedad de su época
Más adelante y conforme nos acercamos al segundo milenio, una iglesia identificada con la sociedad no consigue mantener en pie el principio electivo.
 
No consigue mantenerlolo, en primer lugar, por la impresionante estratificación de aquella sociedad, en que “el laico” se reduce simplemente al Rey o los nobles.
También por la clericalización cada vez mayor de la iglesia. Así, “la iglesia” va reduciéndose primero al clero y luego a los canónigos catedralicios apropiándose ellos solos la elección.

La actual demanda que existe en un amplio sector eclesial más consciente, y que reclama una vuelta a la tradición primitiva en el tema de las decisiones episcopales, no procede de una falta de amor ni de obediencia, aún cando algunas veces se manifieste de forma ruidosa, de protestas o hasta de abandonos.
Es una demanda evangélica. No será cristiano reaccionar ante ella como suelen reaccionar los fariseos de todos los sistemas ante las voces proféticas: tratando de convertirlos en voces heréticas. Más bien, debe ser atendida coma una voz de Dios, que suele comenzar a abrirse camino de maneras desconcertantes, como o hizo a través del niño Samuel “Habla Señor, que  tu siervo escucha” (1Sam3). Y hay que procurar abrirse a ella aún a costa de la propia seguridad o la sensación de amenaza del propio poder.

El actual sistema de nombramiento de los obispos lleva implícitamente a creer que la autoridad y la misión de los obispos proceden del papa. Y no es así: Non fue Pedro quien eligió a los apóstoles, ni tampoco Jesús por medio de Pedro, sino que fue directamente Jesús.

El Dios de Jesús “sirve” para hablar, es decir, para comunicarse, pues se revela como “Logos” (palabra). Pero de hecho muchos piensan que los obispos, realizando una función muy importante, no logran expresar lo que implica la palabra y comunión del evangelio.

“ Los apóstoles impusieron la norma de que varones aprobados les sucedieran en el ministerio con el consentimiento de toda la Comunidad” ( Carta de Clemente, tercer obispo de Roma).
– “Nadie sea dado como obispo a quienes no lo quieran. Búsquese el deseo y el consentimiento del clero, del pueblo y de los hombres públicos (ordinis)” (Papa Celestino I).
– “No se imponga al pueblo un obispo no deseado” (San Cipriano, obispo de Cartago, Carta 57.3.2).
– “Que se ordene como obispo a aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido por todo el pueblo” (San Hipólito, obispo de Roma).

La Iglesia actual no tiene remedio, pues ella, en cuanto institución social, no es diferente de las otras, sino incluso peor, más anticuada, pues suele llevar (por lo menos desde el año 1000 d. C) dos o tres siglos de retraso.

Los cristianos que eligen al obispo, dentro de la diócesis, actúan como portadores del Espíritu, es decir, como sucesores de la Iglesia apostólica, y no como simples ciudadanos de una democracia formal. En esa línea, los obispos consagrantes (de las diócesis vecinas) actúan también en nombre de de Jesús, invocando su Espíritu, y de esa forma introducen al nuevo pastor en la línea de la sucesión episcopal o apostólica y de la comunión universal o católica. Quizá pudiera decirse que cada comunidad elige a su obispo (casado o soltero, hombre o mujer), los obispos vecinos lo consagran y el papa le acepta en la comunión universal.


Quien aspira al episcopado, desea hermosa tarea. Pues el obispo debe ser irreprochable, marido de una mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospitalario, capaz de enseñar, no bebedor ni pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Buen gobernante de su casa, con hijos sumisos en toda dignidad, pues si no sabe presidir su propia casa ¿cómo cuidará la Iglesia de Dios? No sea neófito: no se envanezca y caiga en condena del diablo. Tenga buena reputación entre los de fuera, para que no caiga en descrédito y lazo del diablo (1 Tim 3, 1-7).
El obispo del que aquí se habla es un funcionario encargado de la supervisión eclesial, como padre de familia del conjunto de los fieles. Esta primera norma eclesial supone que en cada iglesia (y comunidad doméstica) debe haber alguien que anime, enseñe y represente a los cristianos. Quizá en ese tiempo no había una estructura monárquica estricta (con un obispo en cada comunidad), pero entre el grupo de “ancianos” (cf. 1 Tim 5, 17-19) que presiden normalmente la comunidad destacan algunos como obispos, es decir, como ministros especiales al servicio de la Iglesia. Éstas son, significativamente, las cualidades que ha de tener:

 Estamos lejos de la tradición mesiánico-profética de Mt 8, 18-22 : "Las aves tienen nidos, las zorras madrigueras, pero el Hijo del humano no tiene donde reclinar la cabeza", "que los muertos entierren a sus muertos". Estamos igualmente lejos de Pablo, para quien el ministerio no es honor, sino tarea difícil, comprometida. El obispo se vuelve personaje honorable, y lógicamente ha de ser un hombre ejemplar: Buen padre de una familia extensa, bien jerarquizada. Es normal que surjan candidatos.

Un magnífico piso de 370 metros cuadrados de alto standing en pleno centro de Madrid es el lugar elegido por Antonio María Rouco Varela para disfrutar de su jubilación. Situado en un emblemático edificio de la calle Bailén, este piso valorado en 1,7 millones de euros no era del gusto del cardenal, quien, según la revista Interviú, realizó una “faraónica reforma en tiempo récord” a finales del pasado diciembre.

La vivienda, que fue donada por una feligresa al Arzobispado de Madrid y que ha alojado a cuatro sacerdotes hasta finales del pasado año, ha sido renovada de arriba abajo en tan solo dos meses. Techos, suelos, paredes, carpintería, fontanería, baños… Todo se ha reformado por completo para atender las necesidades del cardenal: se pasó de seis a cuatro dormitorios, uno grande con un espectacular vestidor y baño suite; en la zona de servicio se han habilitado dos pequeños cuartos y un baño para monja 1 y monja 2 (como aparecían denominados en los planos), que se encargan de las labores del hogar. Además, con la reforma también se ha creado una amplia capilla cuatro veces mayor que la que había anteriormente.

Las vistas de 90 grados que Rouco disfruta desde su terraza son inmejorables. Desde el despacho se puede admirar la Basílica de San Francisco el Grande.
http://www.infovaticana.com/2014/09/13/rouco-todavia-ha-entendido-que-se-tiene-que-ir/

http://www.infovaticana.com/2014/10/28/rouco-piso-del-obispado/

2536 El décimo mandamiento prohíbe la avaricia y el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos. Prohíbe el deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder. Prohíbe también el deseo de cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales:
«Cuando la Ley nos dice: No codiciarás, nos dice, en otros términos, que apartemos nuestros deseos de todo lo que no nos pertenece. Porque la sed codiciosa de los bienes del prójimo es inmensa, infinita y jamás saciada, como está escrito: El ojo del avaro no se satisface con su suerte (Qo 14, 9)» (Catecismo Romano, 3, 10, 13).
 
Este camino, no fácil ciertamente, es exigido hoy por la variedad, madurez y autonomía de las Iglesias locales que ya han llegado a su mayoría de edad, que les permitirá comenzar a practicarlo positivamente contando con las circunstancias y dificultades peculiares de cada situación y momento.
 
En una sociedad civil como la española, llena disputas, la iglesia sólo será signo de reconciliación y utopía evangélica si ofrece un ejemplo más alto de diálogo interior. Si no puede ofrecer ese signo, si sus fieles se encuentran de tal forma divididos que resultan incapaces de escoger a sus pastores y de trazar sus línea pastorales… no son dignos de llamarse cristianos.
 
Deseo de verdad que se haga efectivo lo que el Vaticano II dice que :”Los obispos reciben el ministerio de la comunidad para presidirla “ (LG 20) y que es misión suya “Reunir la familia de Dios como una fraternidad” (LG 28).

 

jueves, 7 de mayo de 2015

Para D. Manuel Sanchez Monge, con cariño





Tengo muchos motivos para elevar mis Oraciones a Dios por todos los beneficios que he recibido por medio de Monseñor Sanchez Monge.
Un obispo que me recuerda al Jesús de los Evangelios. Un obispo entregado a las circunstancias vitales de los demás.

Un obispo conciliador donde los haya. Un obispo de todos y para todos. Un obispo trabajador. Un obispo del que me duele desprenderme.

Un obispo en consonancia con las enseñanzas de su Maestro, que dio prioridad a las debilidades, a la comprensión, y al perdón.

Un obispo, mi obispo, al que admiro como persona comprometida y consecuente con lo que es y representa. Un obispo al que voy a echar de menos. Un obispo, digno sucesor de los apóstoles, que ha colocado el listón muy alto durante los cortos años que ha dirigido esta Diócesis.


¡Qué pena que le cambien de diócesis, querido don Manuel! Vamos a ser bastantes los que le vamos a echar en falta. Siga así y cuente siempre con mi reconocimiento y consideración y el de otras muchas personas de esta tierra que le acogió con esperanza y se ven obligados a despedirle con desgarro del corazón, no exento de un cierto sabor agridulce, no tanto por lo inesperado de su marcha, hasta cierto punto previsible



De una manera muy especial y personal agradezco a Dios por haber tenido un Obispo muy cercano, una persona que me ha brindado su confianza, amistad y sobre todo por el cariño y la comprensión de Don Manuel.


No tengo palabras suficientes de afecto, cariño y gratitud para usted.

Gracias por haber estado entre nosotros y habernos regalado unas líneas tan claras de compromiso humano y cristiano. Usted es un don de Dios para la Iglesia y el pueblo De Ferrol y en nosotros deja un imborrable recuerdo de bien hacer.

¡Gracias por haberle podido tener como pastor y guía!

Espero que en Santander corone con gozo su vida episcopal y lleve la experiencia y el fruto de estos inolvidables años ferrolanos

Gracias D. Manuel. Un fuerte abrazo 

José Carlos Enríquez Díaz

jueves, 26 de marzo de 2015

SEÑOR CALLES, SI NO PUEDE ABRIR SU MENTE POR FAVOR CIERRE SU BOCA



J. Calles (Com. Neocatecumenal) desea que el Sr. Pikaza sienta y camine con la Iglesia

J J Calles dice a Pikaza: "Espero y deseo que el documento conclusivo del próximo Sínodo de los Obispos sobre la familia a celebrar el próximo otoño ayude al señor Pikaza a sentir y caminar con la Iglesia y su Evangelio sobre el amor, el matrimonio y la familia cristiana"



 Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. ¡Pueblo mío, los que te guían te engañan y tuercen el curso de tus caminos!” (Isaías 3:12) Aquel que no case en el sistema creado será excomulgado, acusado de hereje, rebelde, maldecido y atado y se le estigmatiza de tal manera que sea rechazado por los demás miembros de la organización. Este espíritu de fariseo (hipócrita) está vivo hoy más que nunca produciendo: Orgullo, autosuficiencia, legalismo el cual antepone a toda otra consideración, la aplicación de las leyes creadas bajos sus propios estándares y no los estándares divinos. Anótadlo.

 Aquellos que te rechazan, aquellos que te abandonan por la verdad tienen una razón fuerte. Te ven como una amenaza contra algo muy querido por ellos. Tu vida separada es una reprensión a su intolerancia . Pablo escribió a Timoteo: Ya sabes que todos los de la provincia de Asia me han abandonado (2 Timoteo 1:15). Pablo se había entregado por completo a esta misma gente, declarándoles todo el consejo de Dios. Él estaba sin culpa delante de ellos; santo, sin reprensión. Él fue rechazado por las iglesias en Asia y sus propios hijos espirituales lo evitaban. Cómo reacciona el justo cuando es rechazado, echado fuera, apedreado? Jesús reaccionó, como un cordero no abrió su boca. No pidas fuego del cielo sobre aquellos que abusan de ti. ¿No sería mejor dejar que los defrauden? (1 Cor. 6:7). Si nos maldicen, bendecimos; si nos persiguen, lo soportamos;(1 Cor. 4:12). Ora por los que te usan despiadadamente.

 
El autoritarismo, por principio, excluye y se niega al diálogo, que no sea bajo simulación. Prefiere apelar a la retórica, justamente, por cuanto su interés es persuadir y convencer a todos de su credo, mediante una manipulación de la opinión. El diálogo genuino busca la verdad sin prejuicios. Es medio y finalidad, a la vez, nunca estratagema o circunstancia. Dialogar significa abrir el corazón y expresar el propio pensamiento con ánimo y respeto. Pero, como lo ha demostrado la experiencia el Espíritu se ha servido precisamente de la impotencia y la vulnerabilidad para llevar al perdón reciproco y a la reconciliación entre individuos, familias y comunidad... Cristo, modelo de diálogo, habló con los fariseos y con la samaritana, no condenó a la adúltera, entabló amistad con prostitutas y publicanos (uno de ellos llegó a ser discípulo suyo), curó al siervo del centurión romano (un gentil ajeno al pueblo judío) y pidió extender su mensaje hasta los últimos confines de la Tierra.


 El diálogo es un deber ser, una meta, es algo que se construye en el tiempo y en el acontecer histórico; y decidir quedar al margen es –parafraseando a san Agustín– como querer estar fuera de la Iglesia El diálogo requiere una profunda espiritualidad que hace al hombre capaz como hizo Jesucristo, de perseverar en su fe en el amor de Dios también cuando todo parece desmoronarse. El diálogo, en fin, requiere una entrega total de sí mismo a imitación de Cristo. De ahí que la espiritualidad cristiana sea en el fondo una espiritualidad del diálogo “se debería escuchar ante todo a Dios y a Cristo antes de escuchar al hombre, y continuar escuchando mientras se escucha al hombre, Cristo es continuamente nuestro maestro y nuestro modelo; contemplándole, escuchándole, uno se pregunta sin cesar: ¿cómo ve Él al otro? ¿Qué es lo que El desea dar a este hombre? ¿Y que le ha dado ya antes de este encuentro?

Estás personas son miedosas del mundo, del avance, de la alegría, de la simpatía. Son seres impuros que custodian una pureza que nunca tuvieron porque no la saben recibir de quien se la puede ofrecer: el delincuente y ateo, el creyente y la puta; el niño y el hombre arrugado. Su verdad es la verdad de los ignorantes y necios y con su cultura mal llevada, inútil carga, van por la vida dando lecciones a los que lo leen.

Tiene razón Pikaza cuando dice:"El cristianismo no es un "dogmario" (religión de dogmas), ni un "ideario" (suma de ideas), sino el relato poderoso de la vida de Jesús, asumida y recreada por los creyentes... Sin ese imaginario (símbolo real), sin la figura concreta del Jesús que camina con los hombres y les cura, que sufre con ellos y les ama... el cristianismo se habría convertido en gnosis intimista o sistema doctrinal y administrativo (como algunos, quizá, pretenden, sin darse cuenta de que así lo acaban destruyendo).

No tengo más tiempo para profetas arrogantes, con estilo propio que pelean o amenazan o echan maldiciones a diestra y siniestra. Cuando Semei estaba sobre en el monte tirándole piedras a David mientras retrocedía de Jerusalén y de Absalón, el capitán del ejército dijo, ¿Por qué maldice este perro muerto a mi señor el rey? Dejadle que maldiga, que Jehová se lo ha dicho. Quizá mirará Jehová a mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy. (2 Sam. 16:6, 9-10, 12). Por lo menos en el Blog de Xabier Pikaza se habla de diálogo.





martes, 10 de marzo de 2015

El perdón en las relaciones familiares

El perdón en las relaciones familiares.

 Pasamos mucho tiempo orando: Señor, cambia mis circunstancias cambia a mis compañeros de trabajo cambia la situación de mi familia cambia las condiciones de mi vida Sin embargo, en pocas ocasiones hacemos esta oración que es la ms importante: Cámbiame, oh Señor. El problema real no es mi esposa, mi hermano, mi amigo, mi mamá. Yo soy quien necesita la oración

 Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidan, les será hecho por mi Padre que está en los cielos” (Mateo 18:19). Algunos cristianos llaman a esto “la oración en acuerdo”. Usted es profundamente bendecido si tiene un hermano o hermana devota con quien orar. Verdaderamente, los intercesores más poderosos que yo he conocido, han sido en conjunto de dos o tres.
El lugar donde ésta clase de oración tiene más poder es en el hogar.

 Muy pocas familias cristianas se dan tiempo para orar en el hogar.
Todos tenemos excusas porque no oramos en el secreto, en un lugar especial solitario. Decimos que no tenemos tal lugar privado o que no tenemos tiempo para orar. Thomas Manton, un escritor puritano ejemplar, dice lo siguiente: “Decimos que no tenemos tiempo para orar en el secreto. Pero sí tenemos tiempo para todo lo demás, tiempo para comer, beber, para los hijos, pero no hay tiempo para lo que sostiene todo esto. Decimos que no tenemos privacidad, pero Jesús halló una montaña, Pedro la azotea de una casa, los profetas el desierto. Si amas alguien, encontrarás un lugar para estar solos”.

Algunas veces tomamos la oración de forma muy casual. Pero en tiempos de problemas nos encontramos luchando con el Señor en oración diaria, hasta que estamos seguros que Él tiene todo bajo su control. Mientras más queremos tener esa convicción, más vamos al closet de la oración.

La verdad es que Dios nunca permite una aflicción a nuestras vidas excepto como un acto de amor. Vemos esto ilustrado en la tribu de Efraín en Israel. El pueblo había caído en gran aflicción, y habían clamado a Dios en su dolor. Y Él respondió, “Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba” (Jeremías 31:18).

 Como David, Efraín testificaba, “Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios” (Jeremías 31:18). En otras palabras, “Dios tú nos estás tocando por una razón. Éramos como lo toros jóvenes e indomables, llenos energía, pero Tú nos has disciplinado para ordenarnos para tu servicio. Has puesto nuestro desierto bajo tu control.”
Nosotros también estamos como Efraín: jóvenes, novillos autodependientes, que no quieren que se les coloque un yugo. Evitamos la disciplina de esperar, de experimentar dolor, de estar bajo la corrección de la vara. Y esperamos tener todo ahora – victoria, bendiciones, multiplicación – por simplemente nombrar las promesas de Dios o “tomarlas por fe”. Huimos a ser entrenados en el secreto de la oración, a tener que luchar con Dios hasta que sus promesas sean cumplidas en nuestras vidas. Luego cuando viene la aflicción pensamos, “Somos el pueblo elegido de Dios, ¿porque nos pasa esto a nosotros?”

El closet de la oración es el aula de clases. Y si no tenemos ese “tiempo de soledad” con Jesús – si hemos abandonado la intimidad con él – no estaremos preparados cuando venga la inundación.

 Aún más importante es saber que en nuestras peores aflicciones Él envía al Consolador, “Mas el Consolador, el Espíritu Santo…, él os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy… (Juan 14:26-27).

 ¿Cómo nos trae el Señor paz en nuestra aflicción? Nos lleva al lugar secreto de intimidad con Él. Es allí que, Jesús nos recuerda, el Padre nos toca personalmente, “Cuando ores, ve a tu aposento y cierra la puerta. Ora a tu Padre que te ve en lo secreto. Y Él te recompensará públicamente” (Mateo 6:6, mi parafraseo).

 Hay una sola cosa que cada hermano o hermana heridos pueden hacer: Llévenselo a Jesús, enciérrense con Él, y encuentren consuelo en su presencia. El Señor dice, “Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida” (Jeremías 31:25). ¿Cómo hace Dios esto? El los encuentra en el lugar secreto: “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmos 91:1).

 ¿Ve ahora usted la importancia de preparar el corazón para orar en el lugar secreto? No es acerca de legalismo u obligación pero nace del amor. Es acerca de la bondad de Dios a nosotros. Él ve lo que está delante de nosotros y sabe que necesitamos tremendos recursos y diaria renovación. Todo esto se encuentra en el lugar secreto de la oración con Él.

Creo que vale la pena reflexionar sobre estos 10 puntos sobre el perdón en la cotidianidad de la vida familia que nos ofrece Bruno Ferrero, especialista en terapia de familia.

 1   Aceptar que es diferente. La familia se construye sobre la alteridad y la diferencia. Fácilmente el otro reaccionará de modo diverso, verá las cosas de modo diferente. Hay que estar incesantemente a la escu­cha de la temperatura del corazón del otro y pregun­tarle su “modo de usarlo”: “Si te amo mal, si te piso los pies, dímelo para que cambie; si te amo como se debe, dímelo igualmente para que siga así”.

2  Poner como base de la familia este “contrato”: “No­sotros no nos haremos nunca sufrir voluntariamente”.

 3 Considerar los aspectos positivos. Con demasiada frecuencia los pequeños litigios ocultan los aspectos maravillosos de la vida de familia. Es importante dar sólo la importancia que tienen a los pequeños pro­blemas.

 4  El amor crece a través de estos pequeños perdo­nes. Cuanto más se acostumbre a perdonar las pe­queñas cosas, más se perdonarán las grandes. Del mismo modo, cuanto antes se haga, será mejor.

5  Hablar, explicarse. Perdonar es más fácil cuando hay comunicación. Es necesario pedir perdón. Sen­cillamente, sinceramente, humildemente. No dudar en dar el primer paso. La palabra hace milagros cuando su tono es justo, sin juicios, porque crea y recrea. Para perdonar y ser perdonado tenemos necesidad de oír estas palabras: “Te pido perdón”, “Te he dadoun disgusto”, “Me puse nervioso”, “Me he equivocado”. Estas palabras tocan el corazón y suscitan un diálogo seguramente lleno de humildad y sinceridad, que de otro modo no habría tenido lugar.

 6 Reconocer la herida que se ha hecho. El que ha sido herido necesita saber que su herida ha sido tenida en consideración. Hay que manifestar al otro que se es consciente del sufrimiento que ha tenido, de su intensidad… Es muy natural justificarse encontran­do excusas en el propio pasado, sobre todo recordan­do golpes de los otros (los padres) o fuera de la pa­reja (la suegra). Es importante comprometerse en un proceso de verdades para descubrir los propios errores personales y reconocerlos humildemente.

 7  Dar tiempo al tiempo. Hay que aceptar que no nos llegue inmediatamente una palabra de perdón. Cuan­do se está dominado por la cólera, se requieren tiem­pos de calma, de reflexión y también de oración para adquirir la capacidad de pedir perdón. Es un proce­so largo y complejo y hay que esperar que el tiempo haga su obra. Algunos olvidan en seguida la ofensa, sobre todo cuando se trata de ofensas leves. Otros tienden a miniarlas. Aunque se dicen “se acabó”, sus ojos y su ceño siguen demostrando que el he­cho no se ha digerido todavía.

 8   Aprender a negociar. Significa buscar una solu­ción media, que tenga en cuenta los dos puntos de vista. Esto supone que cada uno, en un primer mo­mento, trate lealmente, con empatia, de ponerse en el lugar del otro, de entrar en su modo de ver.

 9    Reconciliarse. Aunque la reconciliación no es in­dispensable para el perdón, el perdón es comple­to cuando florece con el restablecimiento de las relaciones. El perdón no es todavía la reconciliación, pero es su camino. El perdón es un catalizador que crea el clima necesario para un nuevo comien­zo. Perdonar es volver a dar confianza. Es volver a estar “como antes”. Significa reparar y cambiar. La marca de la sinceridad al pedir perdón es el es­fuerzo que nos compromete a hacer lo posible para no caer en los mismos errores.

 10  Un perdón total es una cosa divina, que apren­demos sólo de Dios. El cristiano no dice: “Yo creo en el pecado”, sino “en la remisión de los peca­dos”. Y cuando el sacerdote dice: “Yo te absuelvo”, dice mucho más que “se te perdona”. Absolver sig­nifica volver a dar la libertad al que estaba atado, significa romperle sus cadenas. Cuando el perdón nos parece imposible, miremos a Cristo en la cruz. En el mismo momento en el que, suspendido de los clavos, muere de asfixia con un sufrimiento in­decible, tiene el valor de olvidarse de sí mismo para inclinarse sobre sus verdugos y perdonarlos. La del perdón es la gracia más grande. La oración familiar de la noche es una ocasión maravillosa para inter­cambiarse el perdón. Amar es ser capaz de rezar juntos»-el Padrenuestro. Ningún víncu­lo conyugal resiste sin perdón.