El cheque bebé promueve que los niños vengan al mundo sin
un padre y una madre"
- Juan Antonio Martínez Camino
No deja de sorprender el humor de Santa Teresa ante graves dificultades. Cuando escribe al Rey, tras el secuestro de Juan de la Cruz y por causa de los malos modos que usa con las monjas, se referirá al fraile que anda tramando todo, diciendo: «Dicen le han hecho vicario provincial, y debe ser porque tiene más partes para hacer mártires que otros».
Y del nuncio Sega, que tantas y tan serias trabas estaba poniendo a la familia descalza, que empezaba a echar a andar, dirá: «Para personas perfectas, no podíamos desear cosa más a propósito que al señor nuncio, porque nos ha hecho merecer a todos».
El sentido es que Dios parce que nos manda este nuncio (obispo) para que podamos merecer (es decir, santificarnos....).
Cabe recordar que el sector más conservador de la Conferencia Episcopal Española (CEE), representado por los obispos Demetrio Fernández (Córdoba), José Ignacio Munilla (San Sebastián), Juan Antonio Martínez Camino (obispo auxiliar de Madrid y portavoz de la CEE), con el respaldo del cardenal Rouco Varela, han logrado que, finalmente, el Vaticano procesase a Pagola, el cual estaba siendo acosado desde que en octubre de 2007 publicó su libro sobre Jesús de Nazaret.
En
la historia de la Iglesia han habido situaciones delicadas que han debido ser
corregidas y remediadas por la instalación de obispos que no fueron acogidos
por la comunidad. En virtud de ello, en el siglo V,
Todavía quedan personajes
como José A. Martínez Camino, “jesuita”, Cañizares, Fernando Sebastián y
otros que son nombramientos que vienen de Juan Pablo II, que quieren ser más
papistas que el Papa, que están dominados por una derecha política,
obsesionados por la derecha política.
En el campo de disputas y partidos enfrentados de nuestros pueblos, la iglesia sólo será signo de reconciliación y utopía evangélica si ofrece ejemplo verdadero de diálogo interior. Si no lo pueden hacer, si los fieles se encuentran de tal forma divididos que resultan incapaces de escoger, desde el mensaje y ejemplo de Jesús, a sus pastores… esos “fieles” no son dignos de llamarse cristianos. Es evidente que, por ahora, los fieles cristianos no lo hacemos (no son capaces de escoger a nuestoros pastores), en parte porque no asumen su propia responsabilidad dialogal y el parte porque se lo impide en método actual (provisional, dictatorial) de nombramiento de pastores desde Roma, con consultas secretas que se prestan a sospechas y manipulaciones.
san Celestino,
advertía:
«Y
que nadie sea dado como obispo a quienes no le quieren o rechazan, no sea que
los ciudadanos acaben despreciando, o incluso odiando, a un obispo no deseado,
y se vuelvan menos religiosos de lo que conviene porque no se les permitió
tener al que querían»
San Celestino I, Papa.
Se
expresa así que, atendiendo al Bien Común de la Iglesia, el bien superior es
la fe de la comunidad cristiana, por sobre cualquier otro interés.
“
Los apóstoles impusieron la norma de que varones aprobados les sucedieran en el
ministerio con el consentimiento de toda la Comunidad”
( Carta de Clemente,
tercer obispo de Roma).
– “Nadie sea dado como obispo a quienes no lo quieran. Búsquese el deseo y el
consentimiento del clero, del pueblo y de los hombres públicos (ordinis)” (Papa
Celestino I).
– “No se imponga al pueblo un obispo no deseado” (San Cipriano, obispo de
Cartago, Carta 57.3.2).
– “Que se ordene como obispo a aquel que, siendo irreprochable, haya sido
elegido por todo el pueblo” (San Hipólito, obispo de Roma).
Sí,
urge rescatar una tradición extensa en la Iglesia:
Hecho 1,15-26: “Pedro reúne la comunidad (Iglesia) para presentar candidatos en
reemplazo de Judas”, para suplir así el simbólico de “doce”.
Papa Clemente, tercer obispo de Roma (s.I):
“Los
apóstoles impusieron la norma de que varones aprobados les sucedieran en el
ministerio con el consentimiento de toda la comunidad (Iglesia)”
Cipriano de Cartago (s.III):
“Desde
el principio de mi episcopado determiné no tomar ninguna resolución por mi
cuenta, sin vuestro consejo y el consentimiento de mi pueblo”
Didaqué cap. 15.1 (s.I-III):
“Elegíos obispos y diáconos dignos del Señor, hombres mansos, no amantes del
dinero, sinceros y probados; porque también ellos os sirven a vosotros en el ministerio
de los profetas y maestros.
Papa Celestino I (s.IV):
“Nadie
sea dado como obispo... a quienes no lo quieran. Búsquese el deseo y el
consentimiento del clero, del pueblo y de los hombres públicos (ordinis)”
San Hipólito obispo de Roma (s.IV-V):
“Que se ordene como obispo a aquel que, siendo irreprochable, haya sido elegido
por todo el pueblo”.
Papa León el Grande (s.V):
“Él
que debe ser puesto a la cabeza de todos, debe ser elegido por todos”
(Ep.14.4).
Decreto de Graciano (s.XI):
“No
se imponga ningún obispo a quienes no lo aceptan”.
Concilio de Trento:
“Acuérdense
los obispos y demás Ordinarios de que son pastores y no verdugos, y que
conviene que rijan a sus súbditos de tal forma que no se enseñoreen de ellos,
sino que los amen como a hijos y hermanos”. (Sesión XIII, cap. 1, Sobre la
Reforma).
O
cambiamos entre tod@s la Iglesia Católica o contribuimos a que l@s poderos@s de
este mundo se apropien como demiurgos de la imagen de Cristo (como siguen
haciendo por medio de estructuras que no sirven a la humanidad: movimientos que
legalizan la desigualdad, transnacionales que regularizan la piratería,
terrorismo que legitima la represión), hasta destruir por nuestra inconsciencia
la posibilidad futura de vida humana, incluso aunque haya human@s.
Tenemos
misión y envío comunitario. Ojalá que nuestros obispos y el mismo papa utilicen
los mecanismos exclusivos que han concentrado en sus manos para rebajarse
promoviendo la dignidad del pueblo de Dios-a: sus capacidades y sus ministerios
en comunidades que eligen a sus representantes. Dios-a ya nos ha elegido a
tod@s en Cristo
Que
no se le imponga al pueblo un obispo que el pueblo no desee". "Aquel
que debe presidir a todos debe ser elegido por todos". "No se debe
ordenar obispo a nadie contra el deseo de los cristianos y sin haberles
consultado expresamente al respecto".
El
concilio de Calcedonia (año 451) se opuso a la ordenación de aquellos
candidatos que no estuvieran vinculados a una comunidad, hasta el punto de
declarar inválida esa ordenación. El obispo o sacerdote que dejaba de presidir
una comunidad, volvía al estado laical.
A
veces la elección era muy reñida, y se producían altercados si no se respetaba
la voluntad del pueblo. Algo parecido sucede hoy, pero no porque la comunidad
cristiana participe en la elección de los obispos, sino porque ésta se hace al
margen suyo e incluso en contra de sus deseos
El
problema radica, a mi juicio, en el sistema de nombramiento de los obispos. De
ahí se derivan dos modelos de Iglesia: el jerárquico-patriarcal, que se
sustenta en la elección de los obispos por el Papa sin intervención del pueblo
cristiano, y el democrático-igualitario, que se basa en la elección de los
dirigentes religiosos conforme al principio "un cristiano, una cristiana,
un voto".
Una práctica acorde con la tradición de la Iglesia, que tiene su
fundamento teológico en la dimensión comunitaria del cristianismo y que está en
sintonía con los procesos electorales de las sociedades democráticas. Se me
objetará que la Iglesia es de institución divina. Aun en ese supuesto, que es
mucho suponer, no entiendo por qué la democracia tenga que ser contraria a la
voluntad divina ni por qué el Papa y los obispos la defienden en la sociedad y
no la practican en la Iglesia. ¿Cómo Dios puede querer la elección democrática
de los gobernantes a nivel político y oponerse a ella en la comunidad
cristiana?
Comparto
el interesante texto tomado de Xabier Pikaza
Sistema
libertad Iglesia
Editorial
Trotta
SOBRE LA TRANSPARENCIA
EN LA IGLESIA
El texto clave sobre el tema lo ha fijado Jn 15, 15 (cf. también Mt 11, 25-28).
donde Jesús dice: ‒ No
os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su
señor. ‒ Os llamo
amigos, porque os he comunicado todo lo que me ha dicho mi
Padre.
Éste
pasaje distingue dos “estilos” de vida, dos formas de gobierno:
1.
Hay un gobierno del poder, fundado en el secreto: Los señores saben, y en virtud de su
saber más alto se imponen sobre los siervos-esclavos, que no saben, no piensan
(hacen lo que les mandan, con la “virtud” de la falsa obediencia). En esa línea
van todas las sociedades secretas
2-
Hay una autoridad la verdad y el amor, que se centra en la comunicación de aquellos que saben y comparten
saber y vida, superando de esa forma la lógica del secreto, fundada en la
división entre aquellos que saben (y se imponen) y aquellos que no saben…
Ciertamente,
la Iglesia ha de ser comunión en la verdad, propia de amigos que saben y así
comparten la autoridad, que no es poder de mando, sino principio de diálogo
creador. Hay, pues,
dos estilos de "mando":
--
Hay un estilo fundado en el secreto, donde unos sabios superiores mandan sobre los demás,
desde arriba (y han de hacerlo bien, sin dar cuentas a la base de aquello que
piensan y hacen). En esa línea, la virtud de la bases obediencia, sin
preguntar, sin saber... Este es un estilo que puede ser eficaz en ciertos
planos políticos y militares, pero que es dictatorial, no es cristiano ni
verdaderamente humano (aunque la Iglesia lo haya asumido muchas veces y lo haya
presentado como Cristiano).
‒
Hay un estilo cristiano de autoridad, que no es mando desde arriba, con
secreto, sino experiencia de comunicación, pues todo se dice y comparte, sin
secretos. Ese es el camino que traza este evangelio, Jn 15, 15, uno de los
textos más poderosos de la historia cristiana y de la sabiduría universal.
Jesús, la autoridad suprema, renuncia a su condición de sabio superior, pues
dice todo, todo lo enseña, muestra su secreto a los amigos (un secreto que deja
así de ser secreto, para convertirse en palabra compartida).
La
esencia del poder dominador es el "secreto", que el jefe sepa y los
demás no sepan, que se sometan y obedezcan. Pues bien, Jesús ha superado ese
poder, convirtiendo a su iglesia (a la comunidad de los hombres) en espacio de
amistad, donde todos saben, todos asumen sus responsabilidades en comunión. Así
lo indicaré, presentando siete tesis.
La
autoridad cristiana.
Dios es comunicación o revelación, es decir, transparencia. Podemos llamarle amor, valor,
dignidad… y es todo eso. Pero en su realidad última, como dice el evangelio y
como ha puesto de relieve toda la verdadera teología, desde San Pablo hasta el
Vaticano II (Dei Verbum), Dios es aquel que se ha revelado y se revela en amor,
sin secretos manipuladores (Dios es auto-revelación, auto-manifestación). Creer
en Dios es creer en la Palabra (en la comunicación).
La comunicación de Dios es amorosa, como sabe Jn 15, 14: “Sois mis amigos si hacéis lo que os mando”, es decir,
que os améis unos a otros. Éste es el único mandato, la única verdad: podéis
amaros, quiero que os améis. En esta línea, podemos Dios es autoridad de de
verdad, esto es, principio y voluntad de amor: poder amarse. Quien cree en el
amor que se comunica cree en Dios (aunque no le llame con ese nombre); quien
dice creer en Dios, pero no cree en la comunicación amorosa, quien se impone
sobre los demás con secretos se engaña a sí mismo, no cree en Dios (cf. 1 Jn 4,
20).
La Iglesia es (=ha de ser) espacio de comunicación, de verdad en el amor. Por eso os llamo amigos, porque no
os he ocultado nada, sino que lo he compartido todo con vosotros (Jn 15, 15).
La Iglesia corre el riesgo de volverse dictadura sacral. La iglesia ha dicho casi siempre
que la comunidad es lo primero y que el Espíritu de Cristo se expresa en el
amor liberador y el diálogo de todos los creyentes. Pero ha colocado a veces a
unos hombres especiales por encima de ese diálogo, dándoles palabra especial de
inmunidad sagrada, como si supieran de antemano o desde arriba aquello que
conviene a los demás, para dirigirles, conforme a un modelo de dictadura
sagrada. Una iglesia que actúa de esa forma afirma con su vida que no acepta la
Vida de un Dios que es comunión personal, ni la Verdad como gracia compartida,
ni el Diálogo de amor sin imposiciones previas: ella quiere asegurarse bien,
imponiendo desde sí misma (=desde sus jerarcas) una verdad previa que se
expresa como dictadura social y/o sacral (¡para bien de los subordinados!).
Pues bien, en contra de eso, el evangelio ofrece una comunicación igualitaria y
gratuita, donde la misma comunidad dialogal es presencia de Dios, autoridad
suprema.