miércoles, 25 de enero de 2012

Los otros creyentes


David Santamaría del Río - Luis Santamaría del Río
Los otros creyentes. El hecho religioso no católico en la provincia de Zamora.
Ed. Semuret. Zamora, 2011. 278 páginas.
ISBN: 978-84-88954-98-5
Precio: 15 euros.

Sinopsis


¿Cómo viven su religión los musulmanes en Zamora? ¿En qué creen los testigos de Jehová? ¿Desde cuándo hay protestantes en nuestra provincia? ¿Cuáles son las diferencias entre las comunidades evangélicas? ¿Quiénes forman parte de estas confesiones? ¿Hay grupos esotéricos? ¿A qué se dedican?

En este libro se detallan la llegada a Zamora, el devenir y la actualidad de las minorías religiosas y espirituales, sus doctrinas y prácticas, y la realidad sociológica de esta población, después de un largo período de investigación que incluye la sociología, las teologías y la historia.


Trabajo realizado con una Beca a la Investigación del Instituto de Estudios Zamoranos “Florián de Ocampo” (XX edición, año 2005).

Índice

+ Introducción

La perspectiva sociológica del hecho religioso
Secularización y pluralismo religioso
El pluralismo religioso en España
Los otros creyentes de Zamora
Objeto del estudio y metodología


+ Introducción a la reforma protestante en España y en Zamora

+ La Iglesia Española Reformada Episcopal

1. Origen e historia. Su recorrido en Zamora
2. Doctrina y ritos

+ Las Asambleas de Hermanos


1. Origen e historia. Las Asambleas de Hermanos en España. Su recorrido en Zamora
2. Doctrina y ritos
3. Composición sociodemográfica y relaciones entre miembros
4. Coordinación organizativa. Economía. Disciplina
5. Evangelización y entrada al grupo
6. Entorno social e institucional
7. Futuro


+ Las Asambleas de Dios

1. Origen e historia. Las Asambleas de Dios en España. Su recorrido en Zamora
2. Doctrina y ritos
3. Composición sociodemográfica y relaciones entre miembros
4. Coordinación organizativa. Economía. Disciplina
5. Evangelización y entrada al grupo
6. Entorno social e institucional
7. Futuro


+ La Iglesia Evangélica de Filadelfia


1. Origen e historia. Las Iglesia Evangélica de Filadelfia en España. Su recorrido en Zamora
2. Doctrina y ritos
3. Composición sociodemográfica y relaciones entre miembros
4. Coordinación organizativa. Economía. Disciplina
5. Evangelización y entrada al grupo
6. Entorno social e institucional
7. Futuro

+ Los Adventistas del Séptimo Día

1. Origen e historia
2. Doctrinas y ritos
3. Organización y prácticas
4. Presencia en Zamora



+ Los testigos de Jehová


1. Origen e historia. Los testigos de Jehová en España. Su recorrido en Zamora
2. Doctrina y ritos
3. Composición sociodemográfica y relaciones entre miembros
4. Coordinación organizativa. Economía. Disciplina
5. Evangelización y entrada al grupo
6. Entorno social e institucional
7. Futuro

+ El islam

1. Origen e historia. El islam en España. Su historia en Zamora
2. Doctrina y ritos
3. Situación social
4. Práctica religiosa


+ El Centro de Estudios del Autoconocimiento

1. Historia, creencias y prácticas
2. Testimonio de un antiguo miembro
3. Actualidad y actividades en Zamora

+ Maitreya


1. Doctrina
2. Meditación de transmisión y difusión del advenimiento de Maitreya. Situación en Zamora

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Temor en el planeta



WASHINGTON (AP) — El Sol está bombardeando la Tierra con radiación proveniente de la erupción solar más grande que se ha producido en más de seis años, y se anticipa que el proceso continuará hasta mediados de semana.

La erupción solar ocurrió aproximadamente a las 04.00 GMT del lunes y la radiación está impactando en nuestro planeta con tres efectos distintos en tres momentos diferentes, dijo el Centro de Predicción de Meteorología Espacial de la Administración Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA).

La radiación incide sobre todo en los satélites y los astronautas en el espacio. Puede causar problemas de comunicación a los aviones en vuelos transpolares (los que atraviesan el polo norte), según un físico del Centro, Doug Biesecker.

La radiación de la tormenta del domingo llegó a la Tierra una hora después, y probablemente continuará hasta el miércoles. Los niveles son considerados intensos, pero ha habido otras tormentas más fuertes. Es la más intensa en cuanto a radiación desde mayo de 2005.

La radiación —en forma de protones— llega desde el Sol a 150 millones de kilómetros por hora.

"Todo el volumen del espacio entre aquí y Júpiter está lleno de protones y uno no se libera de ellos así sin más", comentó Biesecker. Es por eso que los efectos se prolongarán un par de días.

Entonces (en los tiempos del fin) habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas. Los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra, porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del hombre que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca." (Lucas 21:25-27).

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Siempre que vemos eventos que trascienden la tierra, que no pueden ser controlados por los seres humanos, las antenas proféticas deben ponerse en atención todos los hijos de Dios que vehementemente esperan su retorno. La mayoría de las profecías relacionadas con el sol y la luna tienen una conexión extremadamente fuerte con la hora de la "Gran Tribulación".

Por ejemplo, en Apocalipsis se nos dice:

"Miré cuando abrió el sexto sello, y hubo un gran terremoto. El sol se puso negro como tela de luto, la luna entera se volvió toda como sangre" (Apocalipsis 6:12).

No lo estoy afirmando, pero no veo lo ostentoso de hacer la siguiente declaración. "En mi opinión, estos sucesos, los que los científicos han calificado como ""enormes llamaradas dirigidas directamente a la Tierra en tan poco espacio de tiempo era algo sin precedentes (...) que es como una anomalía estadística..." no son más que cumplimiento parcial de esta profecía de Lucas 21.

Y finalmente, lo que más me gusta es lo siguiente:

"Entonces (cuando estas señales sucedan) verán al Hijo del hombre que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca." (Lucas 21:25-27).

Yo te daré reposo



Dios le ha prometido un glorioso reposo a su pueblo, un reposo que incluye paz y seguridad para nuestra alma. El Señor ofreció este maravilloso descanso al pueblo de Israel. Dicho descanso significa una vida abundante de gozo y victoria, sin temor, culpa o condenación. Hasta el tiempo de Jesús, ninguna generación de creyentes caminó completamente en esta bendita promesa. ¿A
qué se debe esto? La Biblia deja muy claro que ello es resultado de la incredulidad. “Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.” (Hebreos 3:19).

Por su incredulidad, el pueblo de Dios - durante el periodo de reyes y profetas de la generación de David- experimentó una vida miserable, llena de dudas, temor y sin paz. En cada generación el reposo fue prometido pero éste fue rehusado -éste nunca fue adquirido ni comprendido.

De ahí que cuando leemos Hebreos 4, encontramos que esta gloriosa vida de fe aún no ha sido reclamada: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (versículo 9).También leemos que: “...puesto que falta que algunos entren en él. . ." (versículo 6). La Biblia amonesta a los creyentes del día de hoy con la siguiente advertencia: “Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo
alcanzado.” (versículo 1). Miles y miles de creyentes sostienen que han sido llenados con el Espíritu de Dios, no obstante pocos han entrado en su promesa de reposo. Muchos son envueltos por vientos y olas doctrinales, conducidos por agitación y culpa, y sin seguridad en lo que Cristo Jesús dijo, “Yo te daré descanso pues mi yugo es fácil y ligera mi carga.” (ver Mateo 11:28-30).

Mi oración es que hoy usted entre en el reposo que Dios tiene para usted.
¡Tómelo por fe y recíbalo pues éste es un regalo gratuito de parte de Dios!






David Wilkerson



lunes, 23 de enero de 2012

Toorres Queiruga: la resurrección sin el resucitado


El padre Carlos Miguel Buela, I.V.E., es sacerdote desde el 7 de octubre de 1971. Desde el comienzo de su sacerdocio se avocó con ahínco a la pastoral juvenil, con la convicción de que la Iglesia se ocupa de los jóvenes “no por táctica sino por vocación”.
Ha fundado el “Instituto del Verbo Encarnado” y el Instituto “Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará”, rama femenina de la Familia religiosa “del Verbo Encarnado”. Ambos institutos cuentan con rama contemplativa y activa y a 26 años de fundación tienen más de 1500 miembros misionando en los cinco continentes. Su carisma es la prolongación de la Encarnación del Verbo en todas las manifestaciones del hombre y su fin específico la evangelización de la cultura.

Entre sus libros encontramos Jóvenes hacia el tercer milenio, libro que ya lleva la quinta edición y fue premiado en la Feria Internacional del Libro como «mejor libro sobre Religión y Espiritualidad».También es autor del Catecismo de los jóvenes, Modernos ataques contra la familia, María de Luján. El misterio de la Mujer que espera; Fátima. Y el sol bailó; Sacerdotes para Siempre, Pan de vida eterna y Cáliz de eterna salvación, y de numerosos artículos publicados en diversas revistas. Incansable predicador y gran propulsor de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

1. La resurrección sin milagro

Para el idealismo moderno y el progresismo cristiano, la resurrección surge de la idealización póstuma de Jesús muerto. La gloria nace de una derrota. De este modo se altera la narración evangélica para la cual la fe nace de la percepción real del Resucitado, de Aquel que ha derrotado a la muerte. Así dice Andrés Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, recientemente traducido al italiano [2] , en la frase de portada que comenta el texto: «No solamente la resurrección no es un milagro, sino que ni siquiera es un acontecimiento empírico. Y la fe en la resurrección no depende del hecho de que se acepte o rechace la realidad histórica del sepulcro vacío». El opúsculo es interesante en la medida en que es la expresión culminante de una tendencia que, después de Bultmann, se ha vuelto hegemónica en los estudios exegéticos y teológicos: según la cual la resurrección es una piedra errante, un peñasco errático que la crítica debe quitar para hacer comprensible al hombre moderno el contenido de la fe cristiana. Es la enseñanza progresista que expresa el nuevo gnosticismo cristiano.

a. No a la interpretación de siempre

Pretenden que no se dé una lectura realista de la resurrección y que sólo se admita la interpretación “simbólica”, negando así la fe católica en la resurrección. En una singular inversión de los procesos cognitivos la fe no presupone el sepulcro vacío y la experiencia tangible del Resucitado; al contrario, es el Cristo resucitado que “aparece” en cuanto tal sólo en la precomprensión de la fe. De este modo una parte conspicua de la literatura teológica –la que da por descontado la oposición entre el “Cristo histórico” y el “Cristo de la fe”– abandona la posición realista y se encuentra, necesariamente, con el punto de vista idealista. Para éste no es la realidad, lo que acontece concretamente, lo que mueve y explica la “persuasión”; al contrario, es la “visión del mundo”, la fe preliminar, la que hace que sean evidentes, “visibles”, hechos que de otro modo no subsisten. La fe, privada de toda racionabilidad, ya no es “juicio” sino “pre-juicio” que “ve” de manera deforme de la realidad, lugar de una experiencia “mística”, afectiva, idealizante. La fe idealiza, gracias a la mediación imaginativa, su objeto. En el caso del cristianismo esto significa que Cristo “aparece” como el resucitado en la fe, gracias a la fe. Fuera de la fe hay sólo el ‘misterio’ de una tumba vacía, de un cadáver desaparecido. Un problema que no le interesa a la fe, para la cual lo que importa es solamente el Cristo ideal, divino. La resurrección no necesita la carne de Jesús de Nazaret, su persona singular; basta la idea, el símbolo del Hombre-Dios. La fe vive de la idea, no de la realidad.

Este presupuesto, verdadero y propio a priori conceptual, es patente en el texto de Torres Queiruga. Para el filósofo de Santiago de Compostela las adquisiciones «irreversibles» de la exégesis y de la cultura actual hacen que ya no se pueda concebir «la presencia activa de Dios como una injerencia puntual, es decir, física y comprensible para los sentidos, en la trama del mundo» [3] . Una definición perfecta de la Encarnación que el autor suprime con una simple tachadura de su pluma. Al igual que Bultmann, para quien es «mitológica la concepción en que lo no-mundano, lo divino, aparece como mundano y como humano, el más allá como el más acá» [4] , tampoco para Torres Queiruga Dios puede obrar sensiblemente en este mundo. Por esto «el tratamiento de la resurrección de Jesús como “milagro” –el más espectacular– ha desaparecido definitivamente de los tratados serios. Hasta tal punto que incluso en los tratados más “ortodoxos” puede leerse la afirmación que la resurrección no sólo no es un milagro, sino que ni siquiera es un acontecimiento “histórico”» [5] . La “experiencia” del Resucitado debe alejar toda presencia de tipo empírico. «Si el Resucitado fuera tangible o comiera, necesariamente estaría limitado por las leyes del espacio, es decir, no habría resucitado. Y lo mismo sucedería si fuera visible» [6] . Pensar diversamente significaría someterse al «imperialismo del principio empirista» [7] , hacer imposible «la racionabilidad razonable de la fe en la resurrección» [8] .

b. Según el A., los discípulos ni lo vieron ni lo tocaron, sólo lo imaginaron

Para el autor «los discípulos no vieron con sus ojos al Resucitado ni lo tocaron con sus manos, porque esto era imposible estando él fuera del alcance de sus sentidos» [9] . Lo que ellos “vieron” «no puede conservar ninguna relación material con un cuerpo espacio-temporal» [10] . Por lo demás, «ni siquiera para la vida en el espacio-tiempo puede tomarse sin más el cuerpo como soporte de la identidad», ni «se ve qué es lo que podría aportar la transformación (?) del cuerpo muerto, es decir, del cadáver» [11] . Para el “idealista” Torres Queiruga la “realidad” de Cristo resucitado no presupone su realidad sensible, corpórea, sino que se funda en la subjetividad del creyente, en las «experiencias psíquicas, de visualizaciones o imaginaciones de convicciones íntimas. Convicciones que pueden tener un referente real –el místico en su visión se conecta realmente a Cristo- sin que lo sea la forma en que se presenta» [12] . La “visión” presupone la experiencia interior, la condición personal y ambiental peculiar, a partir de la cual la «mediación imaginativa» [13] –que el autor evoca citando a Kant– se concretiza dando forma al objeto de su aspiración. En el caso de los discípulos, «dentro de la cultura del tiempo, abierta a las manifestaciones extraordinarias y empíricas de lo sobrenatural, podía funcionar con toda naturalidad el esquema imaginativo de la resurrección como una especie de vuelta a la vida» [14] . Los discípulos creyeron verlo porque estaban predispuestos a ello por un contexto, un ámbito espiritual. Dentro de este horizonte el elemento decisivo, la chispa, la provoca la experiencia fundamental de la muerte de Jesús: «El contexto vivísimamente emotivo causado por el drama del Calvario» [15] . Es aquí, en el drama de la desaparición del ser querido, donde madura «lo que podríamos llamar kantianamente el “esquema imaginativo” para comprender la resurrección como ya acontecida» [16] . En el contexto mesiánico-escatológico de Israel la muerte de Jesús provoca un vacío desgarrador, una experiencia de dolor que empuja hacia su resolución. La cruz de Cristo se “transmuta” en la resurrección: «La resurrección tiene lugar en la misma cruz» [17] . Cristo, el muerto, vuelve a la vida en la fe. Torres Queiruga sigue a la letra, sin citarlo, a Rudolf Bultmann: «Cruz y resurrección como acontecimiento “cósmico” son todo uno» [18] . La resurrección no es un acontecimiento real que sigue a la muerte de Jesús en la cruz. Es, simbólicamente, la transfiguración ideal de Cristo inducida por la experiencia trágica de su fin. Con una forma paradójica, que está en el centro del modelo idealista, la ausencia produce la presencia, el vacío da lugar a una plenitud, la privación se trueca en victoria. Esto requiere que se quite de la cruz el aspecto de escándalo, en sentido paulino: el Hijo de Dios colgado en lo que para los modernos es la horca. Este aspecto sería, en los Evangelios, una construcción literaria, no un elemento histórico. Torres Queiruga reconoce que «una costumbre inveterada, que se apoya con fuerza en la letra de los Evangelios, ha llevado a ver la cruz como un lugar de “escándalo”, que decretaba el fin de la fe de los discípulos, los cuales a este punto huyeron, negando y traicionando a su Maestro. Para explicar la recuperación de la fe por parte de los discípulos tuvo que suceder algo extraordinario y milagroso que, con su evidencia irrefutable, los devolvió a la fe. Este algo sería la resurrección, que así obtiene una auténtica “demostración” histórica. No cabe negar que el tema tenga su fuerza, y de hecho sigue siendo el más corriente en los tratados en uso. Sin embargo, una reflexión más atenta ha mostrado, cada vez con más claridad y mayor aceptación entre los estudiosos, su naturaleza de “dramatización” literaria de corte apologético» [19] . Comprobaría esta conclusión el hecho de que la «hipótesis de una traición o de una negación resulta profundamente incomprensible e injusta para con los discípulos» [20] . Estos traicionaron a Jesús en el momento de la prueba suprema, fueron ingratos y sin corazón. Algo inadmisible para el autor. Por otra parte, el escándalo es válido para los romanos, no para los judíos: «Los criminales de Roma eran los héroes del pueblo sometido por ella» [21] .

La cruz de Cristo, en la óptica totalmente positiva perfilada por Torre Queiruga, no es lo que aleja, el lugar de la soledad. Todo lo contrario, es el punto coagulante de la fe: «La crucifixión, con el horrible escándalo de su injusticia, aparece como el más decisivo catalizador para comprender que lo sucedido en la cruz no podía ser el final definitivo» [22] . La cruz no es un punto de huida, sino de “cambio”. Conclusión obligada, la de Torres Queiruga, en la medida en que entre la muerte de Jesús y la fe de la Iglesia naciente no sucede nada. El idealismo, como filosofía del no-acontecimiento, comporta un cortocircuito por el que la fe debe preceder al acontecimiento, no seguirlo. El argumento según el cual los discípulos huyen, aterrados y desmoralizados, tiene una “fuerza propia”, como reconoce el autor, y, sin embargo, no puede admitirse. El vacío debe producir lo lleno, la muerte hacerse idea del Resucitado, y no generar escándalo, huida, desorientación. De otro modo sería “apologética”, no historia. En su efectualidad el muerto es una bandera, el símbolo de una vida que no podía acabar.

Todo lo cual es ‘tomar el rábano por las hojas’, poner el carro adelante y los caballos atrás. Es un axioma que operari sequitur esse. Es negar el principio de no-contradicción afirmar que esse sequitur operari, como lo es hacer del primo posterior, o de lo posterior primo. Como sería que el A. comiera por el ano y defecara por la boca.

2. En la órbita del perverso e impío pensamiento hegeliano

a. La revelación inmanente

Es singular que Torres Queiruga cite varias veces a Kant –por la mediación imaginativa de la fe– y no cite en cambio a Hegel. Es singular porque su reflexión se sitúa, de manera perfecta, dentro del horizonte especulativo idealista, siguiendo su cristología a la hegeliana, con discordancias que, por el tema tratado, son totalmente marginales [23] . Como para Hegel, también para el filósofo español, la revelación «no consiste en la irrupción de algo exterior, sino en el descubrimiento de una presencia que, quizás ignorada o tal vez presentida, ya está dentro y trata de darse a conocer» [24] . El cristianismo concierne a la ontología, no a la historia. Revela lo que está presente desde siempre, aunque velado, en la interioridad del yo; es una relación inmanente, no inducida desde fuera. «No es que en un determinado momento Dios “entra” en el mundo para revelar algo con una intervención extraordinaria. Él siempre está presente y es activo en el mundo, en la historia y en la vida de los individuos, y siempre está tratando de hacer conocer su presencia, para que consigamos interpretarla de manera correcta» [25] . Por esto «lo que hace falta no es que el sol comience a brillar, sino que tengamos limpias y abiertas las ventanas» [26] . La Revelación no es Dios que se “revela”, puesto que lo hace siempre, sino el descubrimiento humano «que constituye revelación en sentido estricto» [27] . Torres Queiruga deshistoriza radicalmente el cristianismo. Lo resuelve en una estructura ideal, en una concepción gnóstico-panteísta según la cual el Dios-en-el-mundo anhela hacerse cognoscible perforando el velo de sombra de la humana ignorancia. El Cristo histórico, como en Hegel, es solamente la “ocasión” del despertarse, en la conciencia, del conocimiento del Cristo ideal. A la par de Sócrates Él es la “comadrona” cuya arte mayéutica trae a la luz al Dios-en-nosotros según la «rica y profunda tradición del magister interior» [28] .

b. Negación de la dimensión empírica de la fe

Esta perspectiva, la idea de una revelación inmanente, respecto a la cual el Cristo histórico es solamente una provocación contingente, aclara el segundo punto de contacto entre Hegel y Torres Queiruga: la negación de la dimensión empírica de la fe. En sus Lecciones sobre la filosofía de la religión Hegel distingue una doble fe: la fe exterior y la fe interior. La fe “exterior” se basa en el Cristo histórico, en su persona y autoridad. Para Hegel, sin embargo, ésta es una fe limitada, contingente. Es «un modo exterior, accidental de la fe. La fe verdadera y propia reposa en el espíritu de verdad. La otra aún concierne a una relación con la presencia sensible inmediata. La fe verdadera y propia es espiritual, está en el espíritu: tiene por fundamento la verdad de la idea» [29] . Respecto a ella «la fe exterior, pues, ha de ser considerada sólo como un medio para alcanzar la verdadera fe; en cuanto exterior está sometida a la contingencia y el espíritu alcanza su verdad no según la contingencia, sino según el libre testimonio» [30] . La fe interior descansa sobre la idea eterna, sobre el ideal inmanente del espíritu, no sobre los milagros o sobre una revelación empírica. Esta es la fe que, según el idealista Hegel, “produce” la idea del Hombre-Dios, transforma al muerto en un resucitado. La fe interior realiza la metamorfosis del Cristo histórico, un utopista judío con un mensaje revolucionario, en el Cristo “teológico”, divino. Gracias a ella la figura de Jesús de Nazaret es destinada a la memoria, al pasado, a la primera aparición no espiritual de lo divino.

c. La sublimación de la derrota de la Cruz

El término que media el paso entre las dos imágenes de Cristo, la empírica y la ideal y es el tercer elemento que une la cristología de Torres Queiruga a la hegeliana– es la muerte de Cristo. La muerte es la resurrección: este topos de la cristología idealista, desde Hegel a Bultmann, es el verdadero nudo en torno al cual se mueve gran parte de la exégesis histórico-crítica. Es un nudo que se sustenta, a nivel especulativo, sólo si vale la aserción de la dialéctica, según la cual lo positivo procede necesariamente de lo negativo. Como escribe el propio Torres Queiruga: «El pensamiento moderno, tanto filosófico como teológico, sabe de la capacidad reveladora de este tipo de experiencia, pues la propia contradicción interna de la misma obliga a buscar la síntesis superior que la reconcilie» [31] . En el caso de la muerte de Jesús «sólo la resurrección y la exaltación permitían superar este terrible contraste, que amenazaba con hundirlo todo en lo absurdo» [32] . De la muerte, de lo negativo, surge la necesidad de lo positivo. Una necesidad ideal: Cristo resucita en la idea, en la concepción de la comunidad, en la fe interior. No en la realidad factual. De ese modo, como escribe Hegel: «Esta muerte es el punto central en torno al cual gira todo, en su concepción reside la diferencia entre la concepción exterior y la fe, es decir, la mediación con el espíritu» [33] . Resulta, como consecuencia, que la fe auténtica se funda en la muerte de Jesús, no en su resurrección, surge del Cristo muerto, no del Cristo resucitado. El Cristo resucitado no funda la fe, es más bien “fundado”, idealizado por la fe. El idealismo, que subyace en la oposición entre el Cristo de la fe y el Cristo de la historia, cambia los términos con que, en la concepción de la Iglesia, se presenta la relación entre fe y realidad. En la medida en que el Resucitado presupone ya la fe en el Hombre-Dios, esa fe debe surgir, necesariamente, de la sublimación de una derrota. El cristianismo, como dogma, surge de la idealización de un fracaso, no del empirismo joaneo basado en lo que fue «visto, oído, tocado con la mano».

3. Una muerte incomprensible y una fe sin resurrección

El idealismo histórico-crítico, basado en la dialéctica de lo negativo, hace difícil no sólo la comprensión de la resurrección –obra de “visionarios”–, sino también la de la muerte de Cristo. Si Jesús no fue condenado a muerte por haberse proclamado Dios, ¿por qué fue crucificado? Se niega la autoproclamación divina en nombre de la oposición entre el Cristo histórico y el Cristo de la fe. Solamente la comunidad de los creyentes diviniza a Jesús que de por sí nunca se concibió como Dios. Para explicar el motivo de la condena no queda otra alternativa que la hipótesis política: Jesús como posible zelote que, peligroso para el orden romano, fue crucificado. Es el leitmotiv del Jesús “judío” que guía la Inchiesta su Gesù de Corrado Augias y Mauro Pesce [34] . Una prueba más de una investigación, curiosa y a veces no banal, que, sin embargo, no consigue, por los presupuestos una vez más idealistas, aportar nada nuevo. El Jesús judío no cristiano [35] de Augias-Pesce es un utopista, cercano al grupo de Juan Bautista, caracterizado por una confianza total en Dios y por una atención especial por los últimos. Un radical, pero sin utopía social organizada, que, más allá del tono y del testimonio, no muestra nada original, en la moral, respecto de la ley hebrea. ¿Por qué, entonces, este soñador, impolítico e inofensivo, fue condenado a muerte? Pesce declara que el poder romano no condenó a muerte a Jesús por motivos religiosos, sino políticos. Las responsabilidades de los miembros de Sanedrín son obra de la reconstrucción, posterior, de los redactores de los Evangelios, filorromanos. Pero ¿cuáles son los motivos políticos por los que Jesús fue condenado? Se trata de sospechas sobre la naturaleza de un movimiento, surgidas en quien «no ha captado las intenciones reales de la acción de Jesús. Por parte de los romanos se trató de un burdo y grave error de valoración política» [36] . Una consideración sorprendente de verdad, que deja pendiente los motivos de la condena a muerte de Jesús. Motivos, que por lo demás, no conciernen, y también esto resulta extraño, a sus discípulos. Igualmente misteriosa es la resurrección, que no fue afirmada por testigos oculares sino por videntes que “veían” dentro de los esquemas cultural-religiosos de Israel. Es asimismo enigmático, en el libro Inchiesta su Gesù, el nacimiento del cristianismo. Pesce no está de acuerdo «con la idea de que el cristianismo nace con la fe en la resurrección de Jesús, ni que nazca gracias a Pablo […]. Pablo como Jesús, no es un cristiano, sino un judío que permanece en el hebraísmo» [37] . El cristianismo nacería, más tarde, en la segunda mitad del siglo II en un proceso de helenización de la posición originaria hebrea. Respecto a Hegel y a Torres Queiruga, Augias y Pesce añaden otra fractura que hace que sea aún más enigmático el nacimiento de la fe cristiana. En el marco hegeliano el cristianismo está mediado por la muerte de Jesús, cuyo producto es la idea del resucitado. En Inchiesta su Gesù surge mucho después de la visión de la resurrección, fruto no de la fe sino de una tardía elaboración teológico-filosófica de impronta helenística. Lo que permanece firme es el topos dominante: la fe no se funda en la resurrección, la precede o la sigue sin tener ninguna relación con ella. Un planteamiento que, en vez de simplificar el problema, lo complica enormemente. Si el Cristo histórico es que el describen Augias y Pesce, un judío observante que carece de originalidad, no se entiende cómo puede ser «el hombre que ha cambiado el mundo». No se comprende por qué fue condenado. Si este hombre terminó su vida derrotado, no se comprende, para quien no acepta la necesidad lógica de la dialéctica, cómo de un muerto puede surgir, en la primitiva comunidad, la fe en un vivo. No se comprende, por último, cómo el “Cristo de la fe” puede prescindir de la resurrección, sea real o imaginaria, y formarse sólo en el siglo II, como pretende Pesce. Un destino singular para el racionalismo histórico-crítico: nacido con la intención de dar claridad al contexto, consigue delinear un cuadro de conjunto lleno de zonas de sombra y saltos en el vacío. El modelo idealista demuestra todos sus límites. Partiendo del prejuicio que el hecho no puede haber acontecido –que Dios no puede hacerse hombre y resucitar de la muerte– debe justificar la fe como idealización. Pero así la narración evangélica se vuelve incomprensible. Si las descripciones del Cristo resucitado constituyen el gran enigma, para el lector antiguo y moderno, su anulación, sin embargo, produce una serie de interrogantes sin respuesta. El Cristo “histórico” se vuelve incomprensible. Hallado, arqueológicamente, bajo los estratos de la fe, aparece como un soñador, radical e ingenuo al mismo tiempo, que no motiva el incendio que embistió la historia. Las conclusiones del racionalismo crítico –sacar a un vivo de un muerto, una revolución espiritual de un utopista análogo a muchos más– son profundamente irrazonables. El fracaso de esta postura es la premisa “crítica” para una reanudación de una postura realista que no tiene la pretensión de demostrar el dogma, sino la de reconocer que va contra toda evidencia racional, humana, afirmar que la vista desolada de un crucificado pueda generar la idea, gloriosa, de un resucitado.

El A. no cree en la Revelación, no cree en Dios Omnipotente y Omnisciente, no cree en la Encarnación, no cree en la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo… y es un perfecto sofista. Todo un ejemplo de lo que no debe ser un teólogo católico. Sólo y únicamente suma a favor de la ideología gnóstica.




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[1] Seguimos, libremente, a Massimo Borghesi, 30Días, n. 10, 2006, 56-65.

[2] A. Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, tr. it., Edizioni La Meridiana, Molfetta (Ba) 2006. El texto, del que no se indica el original español, es una síntesis de la obra mayor, Repensar la resurrección. La diferencia cristiana en la continuidad de las religiones y de la cultura, Trotta, Madrid 2003.

[3] A. Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, cit., p. 8.

[4] R. Bultmann, Neues Testament und Mythologie. Das Problem der Entmythologisierung der neutestamentlichen Verkündigun, Herbert Reich Verlag, Hamburg-Bergsted 1948, tr. it., Nuovo Testamento e mitologia. Il problema della demitizzazione del messaggio neotestamentario, en: R. Bultmann, Nuovo Testamento e mitologia, Queriniana, Brescia 1973, p.119.

[5] A. Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, cit., p. 8.

[6] Ibid., p.42.

[7] Ibid., p. 48.

[8] Ibid., p. 47.

[9] Ibid., pp. 46-47.

[10] Ibid., p. 49.

[11] Ibid., p. 54. De manera idéntica Kant afirma: «A la razón no le interesa arrastrar en la eternidad a un cuerpo que (admitido que la personalidad se asiente en la identidad del cuerpo) debe siempre, por purificado que sea, estar compuesto por la misma materia que se encuentra en la base del nuestro organismo y a la que el hombre mismo no se ha unido nunca durante la vida; ni se comprende qué puede tener en común con el cielo esta tierra calcárea de la que está formado el hombre »(I. Kant, La religione nei limiti della semplice ragione, tr. it. in: I. Kant, Scritti morali, Utet, Turín, 1970, p. 457, nota a). [Jamás fue cadáver el cuerpo muerto de Jesús, porque estuvo siempre unido a su única Persona divina, la del Verbo].

[12] A. Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, cit., p.42.

[13] Ibid, p. 65.

[14] Ibid, p. 41.

[15] Ibid., p. 23.

[16] Ibid.

[17] Ibid., p. 53. Este disparate ya nos lo enseñaba un profesor del Seminario en la década del 60.

[18] R. Bultmann, Nuovo Testamento e mitologia. Il problema della demitizzazione del messaggio neotestamentario, cit., p.165.

[19] A. Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, op. cit., pp. 26-27. El subrayado es nuestro.

[20] Ibid., p. 26.

[21] Ibid., p. 29.

[22] Ibid., p. 30.

[23] Sobre la cristología hegeliana véase M. Borghesi, La figura di Cristo in Hegel, Studium, Roma 1983; Idem, L’età dello Spirito in Hegel. Dal Vangelo “storico” al Vangelo “eterno”, Studium, Roma 1995.

[24] A. Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, op. cit., p. 59.

[25] Ibid., p. 36.

[26] Ibid., p. 36.

[27] Ibid., p. 37.

[28] Ibid., p. 38.

[29] G.F.W. Hegel, Lezioni sulla filosofia della religione, tr. it., 2 vols., Zanichelli, Bolonia 1974, vol.II, pp. 388-389.

[30] Ibid., vol.I, p. 283.

[31] A. Torres Queiruga, La risurrezione senza miracolo, cit., p. 30. Subrayado nuestro.

[32] Ibid., p. 31.

[33] G.F.W. Hegel, Lezioni sulla filosofia della religione, cit., vol.II, p. 372.

[34] C. Augias – M. Pesce, Inchiesta su Gesù. Chi era l’uomo che ha cambiato il mondo, Mondadori, Milán, 2006.

[35] Cf. Ibid., pp. 221 y 237.

[36] Ibid., pp.168-169.

[37] Ibid., p. 201.

http://www.padrebuela.com.ar/biografia.asp

lunes, 16 de enero de 2012

Fallece Manuel Fraga


MADRID, 15 Ene. (EUROPA PRESS) -

El presidente fundador del Partido Popular Manuel Fraga ha fallecido sobre las 22.30 horas de este domingo a los 89 años en su domicilio de Madrid. El expresidente de la Xunta de Galicia ha muerto por una parada cardiaca al no recuperarse de una afección respiratoria que venía arrastrando desde hace algunos días, confirmaron a Europa Press fuentes próximas a la familia.

El pasado 2 de septiembre anunció que no repetiría como senador ni iría en las listas del PP de las elecciones del 20 de noviembre tras 60 años dedicados a la política en activo.

El empeoramiento de su salud le impidió asistir al pleno celebrado el pasado septiembre en la Cámara Alta en la que se debatió la reforma de la Constitución que fijaba un techo al gasto público de las administraciones. Fraga fue ponente y 'padre fundador' de la Carta Magna de 1978.

Tras una operación de cadera el pasado mes de abril, consecuencia de una caída doméstica, su estado de salud era delicado y el exsenador se desplazaba en silla de ruedas y seguía la actualidad política desde su domicilio madrileño.

Manuel Fraga comenzó su carrera política en 1951 llegando a ser ministro de Información y Turismo y embajador en el Reino Unido. También fue vicepresidente y ministro de gobernación en el primer gobierno bajo reinado de Juan Carlos I, presidido por Carlos Arias Navarro.

En 1976 fundó Alianza Popular y colaboró en la redacción de la Constitución Española. Años después, en 1989, refunda AP que pasa a ser Partido Popular y del que se haría cargo José María Aznar, que fue designado candidato a la presidencia del Gobierno.

Manuel Fraga presidió la Xunta de Galicia desde 1990 hasta 2005. Desde 1990 era presidente honorífico del Partido Popular y desde 2006 senador designado por el Parlamento gallego
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domingo, 15 de enero de 2012

Rusia: La posibilidad de una guerra entre EEUU e Irán es real


Rusia considera real el peligro de una guerra entre Estados Unidos e Irán, declaró el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia (CSR), Nikolái Pátrushev.

"Existe la posibilidad de escalada militar en el conflicto, al que los americanos son empujados por Israel", apuntó Pátrushev, que lamentó que la tensión en torno a Irán no se rebaje.

Según el jefe del CSR, Washington se vale de todos los medios posibles para reforzar su dominio económico y militar en el mundo, para lo cual estima necesario convertir a Teherán en un socio fiable, algo que, a juicio de Pátrushev, sólo sería posible derrocando el régimen de los ayatollahs.

"En este momento Estados Unidos consideran a Irán como su principal problema. Quieren reconvertir a Teherán de enemigo a socio y cambiar el régimen que allí gobierna. Para lograrlo emplea el bloqueo económico y ayuda a las fuerzas opositoras", dijo.

Pátrushev, sin embargo, reconoció que tampoco los iraníes tienen mucho interés en resolver el problema que existe en torno a su política nuclear y las tensiones originadas por ésta, a pesar de los esfuerzos en este sentido de países como Rusia, China o la India.

El pasado 9 de enero el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) certificó que Irán ha iniciado el enriquecimiento de uranio hasta cerca del 20 % de pureza en la instalación de Fordo, a 160 kilómetros de Teherán.

Teherán ha amenazado con bloquear el estrecho de Ormuz, vital

para el abastecimiento mundial de petróleo por soportar más de un tercio del transporte de este combustible hacia los mercados, si Estados Unidos y sus aliados continúan adelante con sus sanciones en represalia por su programa nuclear.

El secretario del CSR manifestó que Irán podría cumplir con sus amenazas.

"No se puede descartar que los iraníes puedan cumplir con su amenaza de bloquear la exportación del petróleo arábigo por el estrecho de Ormuz si se emprenden acciones de fuerza contra ellos", indicó Pátrushev.

El secretario del CSR reiteró que no hay pruebas de que Irán tenga intención de desarrollar armamento nuclear.

"Llevamos muchos años escuchando que los iraníes tendrán la bomba atómica prácticamente la semana que viene. El componente militar del programa iraní, sin embargo, no se ha demostrado por nadie", aseveró Pátrushev.

El político ruso recordó, además, que Washington y algunos países de la OTAN dan por hecho el peligro nuclear de Irán, hasta el punto de justificar el despliegue del escudo antimisiles en Europa para protegerse de Teherán, instalación militar que provoca a su vez otro conflicto entre Moscú y las potencias occidentales.

Al mismo tiempo, Patrushev desaconsejó a la Unión Europea (UE) seguir el ejemplo de Estados Unidos y vetar el petróleo iraní en sus mercados, medida que acordaron de manera inicial los Veintisiete la semana pasada.

"Si la UE sigue a EEUU y aprueba un embargo a las compras del petróleo iraní, lleva al extremo el régimen de sanciones a Teherán, los primeros perjudicados serán los europeos. En un escenario de agravamiento de la crisis de la deuda esta decisión provocará situaciones difíciles en el terreno socioeconómico", señaló.EFE

http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Oriente_Medio/42339/

sábado, 14 de enero de 2012

Científicos Atómicos dicen que el reloj del Juicio Final ha avanzado


Armas nucleares, proliferación y falta de acción continua sobre el cambio climático», han decidido avanzar la maquinaria un minuto hasta las 23.55. Simbólicamente, representa que la humanidad está a cinco minutos de la hecatombe.

Por Nínro Ruíz Peña



(NoticiaCristiana.com). El simbólico reloj del fin del mundo, calculado por un grupo de científicos fue adelantado ayer martes un minuto, después de que el grupo citara avances insuficientes en la reducción de las armas nucleares y el cambio climático.

“El motivo es el mayor riesgo de un posible desastre nuclear o una catástrofe causada por el cambio climático”, según ha anunciado el grupo de científicos que regula el “Boletín de los Científicos Atómicos”.


Este reloj, situado en la Universidad de Chicago y creado en 1947 por un grupo de científicos preocupado por el posible estallido de una guerra nuclear, se ha convertido en un indicador universalmente reconocido de la vulnerabilidad del mundo.

“Hace dos años, parecía que los líderes mundiales lidiarían con las verdaderas amenazas globales que enfrentamos. En muchos casos, esta tendencia no ha continuado o se ha invertido”, dijo el grupo de científicos atómicos.

La última vez que el reloj del Juicio Final, movió sus manecillas fue en enero de 2010, cuando los científicos retrasaron las agujas un minuto desde los cinco a los seis minutos antes de la medianoche. Las perspectivas eran buenas. Sin embargo, «frente a los avances insuficientes en la reducción de armas nucleares y la proliferación y la falta de acción continua sobre el cambio climático», han decidido avanzar la maquinaria un minuto hasta las 23.55. Simbólicamente, representa que la humanidad está a cinco minutos de la hecatombe.

Por esa razón, el Boletín de los Científicos Atómicos, ha movido la manecilla del reloj un minuto más cerca de la medianoche, de vuelta a la hora que marcaba en el año 2007».

En sus primeros 60 años, el reloj ha tenido 18 movimientos, que dependerían especialmente en sus primeros años por la actividad nuclear de las potencias. Las agujas del reloj han estado en varias ocasiones muy cerca de la medianoche, lo que significa estar muy cerca del día del desastre.

El peor momento fue en 1953, cuando se colocaron a dos minutos de las cero horas a raíz de la primera explosión de una bomba de hidrógeno por parte de Estados Unidos. La Guerra Fría tuvo uno de sus momentos más críticos durante el mes de octubre de 1962, con Rusia instalando misiles nucleares en territorio cubano. Durante la duración del conflicto, el reloj no registró cambios, y se mantuvo en doce minutos. Otro punto crítico fue durante 1984, cayendo a tres minutos debido a un aumento en la carrera armamentista entre ambas potencias, mientras que en 1991 alcanzó su punto más alejado gracias al tratado START de reducción de armamento nuclear entre Estados Unidos y Rusia.

El Boletín (www.thebulletin.org) es una publicación fundada en 1945 por científicos de la Universidad de Chicago que ayudaron a desarrollar las primeras armas atómicas en el Proyecto Manhattan
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