lunes, 26 de junio de 2017

Monseñor Gerardo Valencia Cano, un obispo que ha dejado huella


 

Monseñor Gerardo Valencia Cano: no siendo afrodescendiente su obra apostólica en favor de los negros del pacifico colombiano es irrefutable. Nace en Santo Domingo Antioquia el 26 de agosto de 1917, en el seno de una humilde familia de orígen paisa profundamente religiosa de donde hereda su gran sentimiento de sacrificio y servicio por el bienestar de los desprotegidos y desarraigados. Se ordenó como sacerdote misionero en el Instituto de Misiones Extranjeras de Yarumal, el 29 de noviembre de 1942. En 1949 fue nombrado Prefecto Apostólico del Vaupés, donde ejerció por más de tres años. Entre 1956 y 1959 actuó también como Superior General de los Misioneros Javerianos de Yarumal.
Gerardo, vivió, su diaconado, su presbiterado, su episcopado, como un Diaconado Permanente al servicio del Pueblo de Dios y de los más necesitados.
Él  tenía muy claro que toda jerarquización del magisterio en línea patriarcal resulta anticristiana, estaba convencido de que sólo en el margen  podía plantarse la obra de Dios, la nueva humanidad porque el Reino pertenece a los pobres ( Mt  23) El evangelio de Mateo insiste en la mayoría de edad de los creyentes, que no necesitan jerarcas superiores, que les enseñen desde fuera, pues todos los creyentes tenemos un dirigente interior que es Cristo (1 Jn 2,27) según esto cada uno de nosotros, cada creyente, podemos dialogar con Cristo sin necesidad de unos maestros entendidos como intermediarios superiores. Recordemos que Pablo nos hablaba de apóstoles- profetas-maestos (1 Cor12)
Gerardo Valencia Cano fue, ante todo, un Testigo del Evangelio. La radicalidad de su testimonio le trajo persecuciones y sufrimientos que desembocaron en el misterio de su muerte violenta.
Lo mismo que Cristo,  obispos como Gerardo aman a la Iglesia: "Cristo amó a la Iglesia y se entregó a si mismo por ella" (Ef 5, 25). Este amor, hasta dar la vida, fue  para Gerardo un punto de referencia. Sólo un amor profundo por la Iglesia puede sostener el celo de llevar a Cristo a cada hogar y a cada familia; su preocupación cotidiana —como dice san Pablo— es "la solicitud por todas las Iglesias" (2 Cor 11, 28). Para todo hombre o mujer y para toda comunidad "la fidelidad a Cristo no puede separarse de la fidelidad a la Iglesia".
Viviendo las Bienaventuranzas este obispo experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior. Alegría que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, los misioneros de la "Buena Nueva" son hombres y mujeres  que han encontrado en Cristo la verdadera esperanza.
El verdadero cristiano está por encima de toda ideología o religión y se halla donde el hombre se abre a Dios y al otro, siempre que se da verdadero amor y superación del egoísmo, siempre que el hombre busca la justicia, la solidaridad, la reconciliación y el perdón, existe cristianismo y emerge la estructura crística dentro de la historia humana. Por tanto, el cristianismo no se realiza tan sólo allá donde es profesado explícitamente y es vivido ortodoxamente, sino que se manifiesta siempre y allá donde el hombre dice si al bien, a la verdad y al amor.
La creación de un nuevo cielo supone lograr la presencia de Dios entre los hombres, lo cual permite transformar la vieja Babilonia en la nueva Jerusalén.

Después  de leer el artículo de Olga Lucía Álvarez Benjumea en el blog de Evangelizadoras de los apóstoles llego cada vez más a la convicción de que el servir a los pobres es lo que ha dado ultimidad a su vida. En uno de sus artículos dice de su obiso Gerardo: “Él fue el que me enseñó, me formó, me cuestionó, me impulsó al servicio de los más necesitados, en la Iglesia Pueblo de Dios”. “El que decidiera no llevar vestimentas diferentes, o clericales, no le hizo perder su dignidad, y autoridad como pastor. Toda la gente del Puerto de Buenaventura le quería, con todas sus veredas incluidas, a todos nos dejó, impresa la huella, de cómo es el sentir, y vivir el compromiso de Iglesia.”
Cierto Olga, Siempre se dijo que la iglesia convoca a través da palabra y de los sacramentos pero rara será una celebración litúrgica de los ricos que convoque espontáneamente a los pobres pero sin embargo lo contrario si ocurre.
 La raíz de capacidad de convocatoria está en que desde los pobres la liturgia y la palabra tienen la capacidad de evocar el origen de la fe y provocar a su misión correcta.

La iglesia de los pobres reconoce, admite que el bispo sea cabeza unificadora de la diócesis y ejercite el ministerio de la unidad pero ese ministerio es realmente unificante cuando el obispo escucha la voz de su pueblo este reconoce en el obispo su propia voz  y ve en el bispo el buen  pastor que está dispuesto a dar a su vida por las ovejas al contrario de lo que hacen muchos jerarcas que sólo están dispuestos a trasquilarlas  y a ordeñarlas

 

¿Quién puede subir al monte del señor, entrar en su vida, en su Santuario? El hombre y la mujer  de manos inocentes y de corazón puro.

José Carlos Enríquez Díaz

lunes, 12 de junio de 2017

Olga Lucía Alvarez Benjumea, una mujer que ama a su iglesia

 
Olga  Lucia Álvarez Benjumea
 
Soy un asiduo lector del blog “Evangelizadoras de los apóstoles” y he podido ver dos artículos que dan testimonio de esta mujer de Dios. Una mujer que me recuerda al Jesús de los Evangelios. Una mujer entregada a las circunstancias vitales de los demás.
Como dice en su primer artículo sigue el ejemplo de Maria, la madre de Jesús, que sale corriendo, llevándolo en su vientre, a compartirlo con su prima, pasando por terrenos peligrosos y Maria de Magdala, que tambien tiene prisa de llevar el anuncio, según le entregó Jesús, para llevarlo a sus amigos en Galilea.
“Voy a pie, en bus, en el Metro. o en el Transmilenio (Bogotá) . No tengo guardaespaldas.”
“Necesitamos curas, sí, pero diferentes de ellos”. “Muy fácil, ser cura, solo buscan el poder, y que les rindan pleitesia”
Cierto Olga “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” (GS n1) Por el momento, es la Iglesia de Base y las mujeres como tú la que lo poneís en práctica. La jerárquica se limita a dar consejos sobre el particular, a conservar y guardar celosamente sus tesoros, y a luchar por las prebendas.
“No hay en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo” (LG. 32, b).
Como ejemplo de la sutil mentalización de supeditación e infravaloración de la mujer llevada a cabo por la Iglesia Católica Romana a través de los siglos y mantenida hasta el día de hoy, a la que me estoy refiriendo, recuerdo  unas declaraciones de Mercedes Navarro del año 2008 – Mercedes Navarro es Doctora en Psicología (UP Salamanca) y Teología (PU Gregoriana, Roma) y licenciada en Ciencias Bíblicas (P.I. Bíblico)- en dichas declaraciones, denunciaba cómo en la traducción al latín de la Biblia, realizada por San Jerónimo en el s.V, llamada “Vulgata”y de la que hemos bebido toda la vida, este Santo Padre se permitió varias licencias poco éticas en dicho trabajo. Para empezar, al traducir los textos del Génesis sobre la relación Adán-Eva, según Mercedes Navarro, S. Jerónimo”no hace una traducción exacta del hebreo porque en ese idioma no aparece la subordinación sino la reciprocidad.”
Lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a los fuertes;” (1 Corintios 1:27).
Uno de los versículos más alentadores de la Biblia está en 2 Corintios 4:7: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.” Luego Pablo procede a describir esas vasijas de barro, hombres que están muriendo, atribulados en todo, perplejos, perseguidos, derribados. Y aunque nunca abandonados ni desesperados, esos hombres y mujeres como tú sois usados por Dios y estáis  constantemente llevando la carga en vuestros cuerpos humanos, esperando ansiosamente ser revestidos con un cuerpo nuevo.
Dios se burla del poder del hombre. Él se ríe de nuestros esfuerzos ególatras de ser buenos. Él nunca usa al grandioso ni al poderoso, sino que usa a las cosas débiles de este mundo para confundir a los sabios. Viendo tu último artículo soy consciente de que Dios te está usando enormemente en la periferia, en este caso es un centro de rehabilitación de drogadictos.
 Dios todavía elige al débil para revelar Su fuerza.
Nuestro testimonio a un mundo maldecido por el pecado debe incluir tanto la predicación como la manifestación, tanto en Palabras como en hechos. Nuestra proclamación de Cristo no puede estar divorciada de nuestras obras de ayuda. Como Santiago dice, tales obras ayudan a demostrar el poder del evangelio.
En los dos artículos que he podido leer de Olga se ve claramente que es una mujer con convicción y decisión de caminar con los demás y ayudar al que lo necesita.

José Carlos Enríquez Díaz
 

viernes, 12 de mayo de 2017

El evangelio de Mateo


 
 
Carácter literario de la obra.

Seguramente la característica más peculiar de este evangelio son los discursos en los que el evangelista reúne gran parte de la enseñanza de Jesús.

Sermón de la Montaña (5,7); sus últimos versículos dicen así “Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas (7, 28, 29)

Discurso Apostólico (c 10); su fórmula conclusiva es la siguiente: “cuando Jesús acabó de dar instrucciones a  sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades (11,1)

Discurso parabólico (c13) El evangelista encierra el discurso en estas palabras: “cuando Jesús acabó estas parábolas partió de allí” (13, 53)

Discurso eclesial o del gobierno de la Iglesia (18) esta colección de dichos de Jesús termina del modo siguiente: “cuando acabó Jesús estos discursos, partió de galilea y vino a la región de Judea” (19,1)

Discurso escatológico (24, 25); su conclusión dice: “cuando acabó Jesús todos estos discursos dijo a sus discípulos... (26,1)

Se considera la obra de Mateo como el evangelio doctrinal por excelencia, pues en él se recoge la enseñanza de Jesús de forma más sistemática que en los sinópticos de Lucas y marcos, y además viene presentada con una mayor solemnidad.

Las recomendaciones e indicaciones de Jesús ocupan sólo cuatro versículos en Marcos. Pues  bien, en Mateo estas instrucciones de Jesús forman un verdadero discurso, son treinta y ocho versículos (Mt 10). Es claro que el primer evangelista consideró más adecuado reunir aquí todos los otros dichos de Jesús referente a la misión apostólica,  no sólo aquellos que se referían a la predicación de los doce en Galilea.

Esto resulta evidente si leemos los versículos  donde Jesús les anuncia que serán perseguidos: durante el ministerio público de Jesús los apóstoles no fueron azotados en las sinagogas  ni comparecieron ante gobernantes y reyes ni fueron asesinados. Estos sucesos ocurrieron después de la resurrección de Jesús, cuando comenzó la difusión del cristianismo. Es fácil deducir que Mateo, encontrando estos dichos en lugares diferentes, los reuniera para confeccionar un discurso sobre la misión de los apóstoles.

Otra de las características de este evangelio son los pasajes dedicados a la infancia, donde afirma la concepción virginal de Jesús.

Estos relatos están narrados desde la perspectiva de José, y pueden tener su origen en los círculos de la familia de aquel que tuvo en la tierra la responsabilidad paterna de Jesús. Este evangelio mateano de la infancia nos transmite sucesos que sólo conocemos por él: visita  a los magos, matanza de los inocentes, huida de Egipto. En cuanto a los relatos en general, las características más significativas son: brevedad, sin nombres propios, sin anécdotas o notas pintorescas, poco visuales, hieratismo, claridad de composición por eso, el estilo es formal, utilizando giros y fórmulas de transición repetidas a lo largo del libro: “en aquel tiempo” “entonces” “desde entonces”. La composición del libro tiene la finalidad de que sea leído públicamente.

Por otro lado,  Mateo tiene interés en mostrar que Jesús es el Mesías prometido en el Antiguo Testamento; por ello, cita o hace referencia a numerosos pasajes veterotestamentarios donde identifica el cumplimiento de lo anunciado en la vida, pasión y muerte de Jesús de Nazaret. Su evangelio contiene unas cincuenta citas de estos textos sagrados y más de doscientas cincuenta alusiones o paralelos verbales con el texto del Antiguo Testamento. La mayoría de las referencias veterotestamentarias son introducidas con la formula “… para que se cumpliera lo dicho por el profeta” Dichas referencias y citas no sólo son signo del gran acontecimiento que tenía el evangelista de los libros sagrados judíos, sino sobre todo que escribe para cristianos procedentes del judaísmo.

En cuanto al esquema geográfico y cronológico del primer evangelio es el mismo que aparece en Marcos.

Los recursos literarios utilizados por mateo son de estilo semítico.

Las inclusiones consisten en repetir palabras o expresiones al comienzo y final de un relato o sección  para llamar la atención sobre el contenido. Así, en el llamado evangelio de la infancia, Jesús es presentado como “Dios con nosotros” (Emmanuel), y al final del evangelio se subraya esta presencia a lo largo de la historia: “yo estoy con vosotros todos los días”

Los paralelismos: se han clasificado según tres tipos: sinonímico, antitético y sintético. El más frecuente es el antitético: “lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”

Los quiasmos un paralelismo en forma de X: “quien quiera salvar su vida la perderá; pero aquel que la pierda por mí, la encontrará.”

Las palabras nexo: ayudan a retener en la memoria las sentencias no asociadas por su contenido, recuérdese la repetición del término “bienaventurados” al comienzo del Sermón de la Montaña. Las agrupaciones numéricas, que facilitan la memorización; caben destacar el número 7, que aparece en las parábolas, las peticiones del Padrenuestro, las veces que hay que conceder el perdón. Los ayes contra los escribas y fariseos el número 3; los tres grupos de catorce antepasados en el grupo de la genealogía de Jesús, tres tentaciones, tres clases de obras buenas; el número 5: cinco grandes discursos, cinco mandamientos llevados a su plenitud, cinco clases de enfermos curados por Jesús.

Las repeticiones de fórmulas que sirven para destacar la importante y resaltar la unidad, ej: “engendró” o las famosas antítesis del sermón de la Montaña: “habéis oído que se dijo” “pero yo os digo”

 

jueves, 27 de abril de 2017

El obispo de Ávila llama a ser cautos con las prácticas orientales de meditación


Mística cristiana y no cristiana
Jesús García Burillo
Queridos diocesanos:
Hoy en día muchos cristianos se preguntan si ciertas prácticas orientales como el yoga son compatibles con la fe cristiana y si son un método válido de oración. Ante esta cuestión, y con riesgo de reducción del tema, quisiera exponer algunos criterios de clarificación.
El Yoga nació en la India y recibe su nombre de la raíz yuj, que significa uncir, unir, ligar. Se trata de una disciplina ascética orientada a someter las potencias del cuerpo y del alma y a conducir la mente a la tranquilidad absoluta interior y al éxtasis, llegando a la unión con el universo o con la divinidad (Brahman, Shiva, Visnú). Ya se usaba en los siglos VI y V a. C. y su fin es dominar los pensamientos atravesando 8 grados: 5 preparatorios y 3 en los que se alcanza la meta.
Los grados preparatorios requieren una observancia ética, purificación y mortificación, la superación de los vicios y la práctica de las virtudes; añaden una preparación física por medio de posturas corporales a veces difíciles, resistencia, tenacidad, armonización del sistema nervioso, dominio de la respiración; además, una preparación psíquica descargando todas las imaginaciones y fantasías inútiles. Esta preparación dura meses o incluso años para el practicante de yoga.
A continuación el yogui practica los ejercicios esenciales del yoga, que son la atención, la meditación y la abstracción que termina en el éxtasis. Al llegar aquí el alma se halla en un mundo nuevo; encuentra un estado de tranquilidad y de paz que el yoga considera como el último fin y la felicidad del hombre.
Estas técnicas, que conducen a la paz interior y a la felicidad, son cultivadas por místicas budistas, musulmanas, judías o neoplatónicas y se han puesto de actualidad en occidente. Por ejemplo, el filósofo Alois Haas (Zurich, 1934) recibió recientemente el título de doctor honoris causa por la universidad Pompeu Fabra de Barcelona, después de haberle entregado su fondo de 40.000 libros sobre mística y espiritualidad.
Pero estas técnicas o caminos de espiritualidad no pertenecen a la mística cristiana. La mística cristiana, con sus diferentes escuelas (carmelitas, dominicos, jesuitas, franciscanos…), se caracteriza por el influjo habitual de los dones del Espíritu Santo en la vida del cristiano. La mística cristiana, por tanto, tiene lugar siempre por influjo del Espíritu Santo, aunque precise de la colaboración humana, y se experimenta especialmente en la oración contemplativa, pero también en las tareas diarias del cristiano, incluso en las más difíciles.
A diferencia de las anteriores, las características de la mística cristiana son: la pasividad (porque la iniciativa viene de Dios, es una gracia, aunque sea precisa la libertad humana); la simplificación (porque mediante la meditación amorosa de los misterios divinos se alcanza una visión sintética de todo); la experiencia de Dios (porque se tiene conciencia de estar en contacto inmediato con Dios aunque este estado no sea siempre consolador, como en la noche oscura de San Juan de la Cruz); la oración (porque se trata de un diálogo personal, íntimo y profundo entre el hombre y Dios); la caridad (porque toda oración contemplativa remite al amor al prójimo); y la ortodoxia (porque la vida mística cristiana está en plena conformidad con el Magisterio de la Iglesia, tanto en la dogmática como en la moral).
En resumen, la mística cristiana puede entenderse como la iluminación interna y la comunión íntima que Cristo ofrece al cristiano atrayéndolo a sí mismo, y con Él al Padre, por el Espíritu Santo. Santa Teresa repite que no son los éxtasis o los fenómenos místicos los que demuestran la calidad de la oración, sino la transformación en una persona virtuosa, llena de amor y buenas obras.
Queridos diocesanos, desearía que estas breves nociones, en exceso simplificadas, sobre la vida mística cristiana y la mística no cristiana os ayuden a comprender las grandes diferencias existentes entre una y otra, y la naturaleza diferente que se da entre ellas. La mística de los santos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz y otros muchos santos contemplativos, como conocemos muy bien en Ávila, es modelo de mística cristiana, alejada de otras técnicas que son muy respetables y que pueden hacer bien a las personas que las practican, incluso a cristianos que ejercen alguna de las técnicas propuestas sin compartir necesariamente el objeto final y manteniendo la fe en Dios Padre y la primacía del Espíritu Santo, pero que conviene distinguir claramente entre una y otra. Es lo que pretendo con esta carta semanal.
+ Jesús, Obispo de Ávila

 

jueves, 13 de abril de 2017

Jesús realmente murió en la Cruz




            El hecho de la resurrección de Cristo es un asunto histórico, en cuanto a su muerte y enterramiento: El lugar se halla definido, el poseedor de la tumba era un hombre que vivía en la mitad del primer siglo, la tumba estaba hecha de la roca en un lugar cerca de Jerusalén, los guardias apostados de guardia eran reales...
 

            Hay amplia bibliografía paralela al respecto: Ignacio, obispo de Antioquía (50-115 d.C), Justino  Mártir (100-165 d.C) Clemente (160-220 d.C) Tertuliano, Josefo, ..., todos ellos relatan como un hecho histórico la realidad de la muerte y posterior resurrección de Jesús, clarificando el hecho de que la tumba está vacía.


Antes de que probemos que Jesús resucitó, es importante probar que efectivamente murió.

 
            (El Corán afirma que Jesús sólo fingió morir (Sura IV : 157))

Para que la resurrección tenga significado, Jesús tuvo que morir primero.

            La teoría del soponcio, la popularizó un hombre llamado Venturini y presupone que Jesús no murió, sino que sufrió un desmayo, por cansancio y pérdida de sangre. Todo el mundo pensó que estaba muerto, , pero más tarde recuperó el conocimiento y sus discípulos pensaron que había resucitado. Otros han sugerido que e propio Jesús planeó su arresto, juicio, y crucifixión, haciendo  los arreglos para que fuera drogado en la cruz, y entonces fingir para recuperarse posteriormente de los latigazos, de la pérdida de sangre por la lanza, y por los agujeros en sus manos y pies...

            Tenemos que considerar:

  1. Jesús sufrió tanto que no pudo concluir el viaje transportando la cruz hasta el lugar de su muerte
  2. No hay evidencia alguna de que Jesús hubiese sido drogado. De hecho el rechazó el analgésico que normalmente se le administraba a las víctimas de la crucifixión Mr 15:23. Su evidente agonía y muerte no encajan en el cuadro de un hombre que está por quedar como muerto en un estado inducido por la droga.
  3. La abundante hemorragia confiere alta probabilidad a la muerte. Su extremo estado emocional, le hizo sudar grandes gotas de sangre mientras oraba en el huerto (lc 22:44) Probablemente Jesús estaba  ya en un estado grave antes de que lo crucificaran, pues la noche anterior a la crucifixión, fue golpeado y azotado repetidas veces con un látigo romano “flagrum” (de tres puntas recubiertas con pedazos de hueso o metal) que habría desgarrado los músculos, y prepararía las condiciones para un colapso circulatorio. El Obispo Eusebio de Cesárea, en referencia a los que eran azotados antes de la crucifixión declara: “las venas de la víctima quedaban al descubierto, y los músculos, tendones e intestinos quedaban totalmente expuestos”  Además le habían insertado en su cabeza una corona de espinas. Después entre las 9,00 de la mañana y el ocaso sufrió cinco heridas importantes de las cuales cuatro fueron los clavos usados para fijarlo en la cruz. Restos hallados de palestinos crucificados permiten saber que esos clavos eran de 12 a 17 cms. de largo y 1 cm de grosos.
  4. Agua y sangre  salieron de su costado cuando lo atravesaron con una lanza. La mejor evidencia señala que esto fue realizado por un soldado romano para cerciorarse de su muerte. La lanza penetró  sus costillas, perforando su pulmón derecho, el pericardio y el corazón dejando salir el líquido pleural y la sangre. Este golpe era fatal, sin contar con las heridas en sus muñecas y pies que habría seccionado nervios principales.
  5. El hecho de que saliese sangre y agua, es explicado por muchos médicos especialistas como un fenómeno que se produce por la rotura del corazón, y que si estuviese vivo, saldrían borbotones de sangre, pero el caso de que saliese un coágulo rojo oscuro, separado del suero acuoso que lo acompañaba demuestra que se había producido una coagulación masiva en las arterias, y es un prueba médica concluyente que Jesús estaba muerto.
  6. El proceso normal incluía quebrar las piernas, para que no pudieran levantarse y respirar. Los crucificados  se asfixiaban pues sus pulmones se llenaban con CO2 A todos los crucificados les quebraban las piernas, pero los verdugos romanos, profesionales, sin dudar un momento, declararon a Cristo muerto sin quebrar sus piernas...
 
En suma la muerte por crucifixión suponía que: el dolor y muerte se produce después de horribles mareos, calambres, sed, hambre, falta de sueño, fiebre traumática, tétanos, vergüenza, continuidad del tormento, horror de anticipación, mortificación por heridas no atendidas,..., La postura no acostumbrada hace que cada movimiento sea muy doloroso, las venas desgarradas y los tendones deshechos palpitan con incesante angustia, las heridas infectadas gangrenan poco a poco; las arterias especialmente en la cabeza y el estómago se inflaman enviando descargas de sangre, y mientras gradualmente incrementa cada variedad de miseria, se le añada la angustia intolerable de la quemante y sofocante sed; todas estas complicaciones físicas causan una ansiedad interna que hacen a la persona ver la muerte, en lugar de un enemigo desconocido, como la liberación del tormento (Frederick  Farrar)


Imaginar que un hombre había sobrevivido a tal experiencia y presentarse a más de 500 como el conquistador de la muerte y el príncipe de la vida requiere de mucha voluntad para rescribir la historia e ignorar esta simple VERDAD “ Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las ESCRITURAS, y que fue sepultado, y resucitó al 3º día conforme a las Escrituras” 1ª Cor 15: 3,4

 
  1. Pilatos pidió pruebas de su muerte antes de entregar el cuerpo, “Cuatro ejecutores vinieron a examinarlo, antes de que José de Arimatea le fuese permitido llevar el cuerpo para la sepultura. Estos estaban acostumbrados a tratar con la muerte.
  2. “Y el centurión que estaba frente a Él, viendo que después de clamar había expirado dijo: Verdaderamente este hombre era HIJO de DIOS.
  3. El relato de la custodia del sepulcro es una clara evidencia de que los judíos pensaban que estaba muerto.
  4. Jesús fue embalsamado con 30 o 45 Kg. de especias y vendas (La naturaleza picante de la mirra y de los áloes, su fuerte olor, su amargura, el que su cuerpo fuera envuelto con vendas de lino, y que se pusiera en cabeza y rostro un mantel, según era costumbre enterrar, lo mataría si no lo hubiera estado..., y puesto en una tumba vigilada. Aunque hubiera despertado no podría haberse sacado las vendas solo, haber movido la piedra por su riel, y pasado entre los guardias sin que lo vieran.  La gran cantidad de especias utilizada tiene paralelos en la historia, pues a los grandes personajes se les daba un espléndido funeral, Gamaliel fue sepultado con 45 Kg de especias. Y Nicodemo utilizó tal cantidad, pues quizás quisiera compensar su cobardía que había mostrado durante la vida de Jesús...
  5. La mirra era una droga que se adhería tan firmemente al cuerpo que impediría quitar con facilidad las vestiduras fúnebres. El cuerpo se lavaba y luego se le vendaba apretadamente desde las axilas con tiras de lino de aproximadamente 30 cms. de ancho, entre las tiras de lino se colocaban especies aromáticas muy a menudo de consistencia gomosa. Actuaban como un cemento para pegar las envolturas de la tela de modo que formasen una cubierta rígida.
 
 
  1. JESÚS SE HABÍA DESVANECIDO, PERO LAS ENVOLTURAS ESTABAN ALLÍ TODAVÍA.
  2. Los áloes, una madera fragante machacada en polvo, se mezclaba con la mirra y con el ungüento semilíquido con el que se ungía el cuerpo se pegaban las tiras de lino, pero mucho de este polvo quedaría por encima seco, y si el cuerpo se incorporase, en posición vertical, el polvo de áloes, estaría en el suelo, en una cantidad considerable, y ninguno de los evangelio hace referencia a este hecho que sería importante (45 Kg. ...) Normalmente la cabeza y el cuello se ungían también con este ungüento, sin embargo, debido a la rápida puesta de sol, se acercaba el día del reposo, a las mujeres no le habría dado tiempo ni tampoco a ungir el cuerpo con otro ungüento que se acostumbraba, nardo; esta pudo haber sido la razón de que las mujeres volviesen a la tumba para reparar esta omisión, y el domingo por la mañana llevaban nardo, o algún otro costoso ungüento con el fin de completar la unción. Lucas dice que prepararon especias y ungüentos, Marcos dice que compraron especias para ungirle. Posiblemente no  intentaban provocar trastornos en las vestiduras fúnebres, sino simplemente ungir la cabeza y el cuello con los ungüentos.
  3. La caminata a Emaús, una caminata de 11 km. Desde Jerusalén habría sido imposible para uno que pasase por este proceso y que estuviese drogado (sus pies horadados...)
  4. Si Cristo no hubiese muerto en esta oportunidad, que se sabe después de él, mientras que su iglesia se estaba levantando a su alrededor. Además habría que invalidar todos los datos históricos referentes a su ascensión y aparición a muchos...
  5. Si Jesús hubiera controlado todo esto, su apariencia habría sido la de un miserable resucitado, no la de un SALVADOR. Sería improbable totalmente que eso hubiera trastornado al mundo.

 

 

martes, 11 de abril de 2017

Xabier Pikaza; Abbá- Immá


 
ABBÁ-IM


HISTORIA DE Dios en la Biblia
Xabier Pikaza
P P C
Entre muchas otras cosas Xabier nos habla en su libro sobre la muerte de Jesús y su crucifixión. El libro de Xabier nos viene muy bien para meditar en esta semana santa y para poder orar con él.
Nos habla también del perdón de Dios. Dios nos perdona, pero al mismo tiempo, su perdón supone que también nosotros perdonemos nuestras deudas como hermanos. La oración supone que tenemos deudas con Dios y con otros hermanos.
Perdonar no es un acto de una sola vez, sino un estilo de vida, cuyo propósito es el de adentrarnos en cada bendición en Cristo. “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos,” (Mateo 5:44-45).
Pienso en el terrible dolor causado por el divorcio y el resentimiento que le sigue. Muchos que han atravesado por un divorcio dicen que es peor que una muerte, porque a menudo torna amantes y amigos en amargos enemigos.
Jesús nunca dijo que el trabajo de perdonar sería fácil. Cuando ordenó, “Ama a tus enemigos, “ la palabra griega para “amar” no significa “afecto” sino “entendimiento moral.” Simplemente, perdonando a alguien no es asunto de revolver afecto humano, sino hacer una decisión moral para quitar el odio de nuestros corazones.
pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante” (Fil:3.13).
 
Encarnar el futuro con esperanza es bordar el horizonte con hilos de oro del Sol naciente.
Me extiendo con mi cuerpo y  mi mente en tensión, cara al futuro, sea corto o largo. En el pensamiento de Pablo está olvidar el pasado y ocupar el tiempo futuro para el bien. Cada momento que pasa es una migaja que cae de la mesa de la vida y que jamás volverá. Quien usa el tiempo de la vida para crecer en el amor no tiene tiempo para odiar. Quien se dedica con laboriosidad al futuro non tiene tempo para lamentar el mal que se encuentra a su alrededor. El mundo es una escuela y en la vida las pruebas  surgen como provocación.
Xabier Pikaza nos dice en su libro que la revelación de Jesús con el Padre no ha sido objeto de una teoría, sino una experiencia de vida. En la oración en el monte de los Olivos Jesús pide al Padre que si es posible aparte de Él el cáliz que ha de beber. Jesús se reconoce pequeño y angustiado ante el Padre. No se ha mentido confesando su angustia, pero no se ha vuelto atrás, sino que ha puesto su vida y proyecto en manos del Padre: “ pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”
Es posible que a nosotros no se nos aparte el cáliz y nos veamos obligados a beberlo, pero tendremos en virtud de nuestra oración, la fuerza necesaria para beberlo sin desfallecer. La oración no vuelve del cielo nunca vacía. Podrá ser que no cambie el curso de los acontecimientos pero nos cambia a nosotros, y eso es lo que más interesa.
El asombroso acontecimiento en el Monte de los Olivos brinda muchas enseñanzas. A caso nos esperen muchas desgracias y pruebas. No hay vida humana sin sufrimientos. Pero, aún que tengamos que derramar gotas de sangre recitemos la oración “Padre, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres” (Mt 26,39).
¡Que magnífico ejemplo de cumplimiento fiel de la misión, plenamente reconocida, nos da Cristo en el Monte de los Olivos, cuando suda gotas de sangre. Perseverar en el cumplimiento del deber, permanecer fiel a los principios, ofrecer a pecho descubierto a las desgracias: todo eso nos enseña el ejemplo del Señor.
Si a Jesús le fue necesaria la Cruz para entrar en la gloria, también a nosotros. Para aprovecharnos de ella, deberemos, en primer lugar, recurrir a la oración. Retirémonos, busquemos la soledad, en ella oremos con reverencia. Suframos con paciencia: Imitemos a Cristo: ¡Con qué dulzura recibe a Judas, que lo iba entregar! Se dejo besar. Ante Pilato Jesús callaba (Mt 26,63) le escupieron, lo coronaron de espinas, desgarraron sus carnes, y el manso como un cordero.
Gracias Xabier, porque como dice Antonio Aradillas Tu nuevo libro ilustra y reconforta a cualquiera. "Entre los signos de Dios en el mundo y en la historia, destacan los de padre y madre, de quienes el hombre recibe no solo la vida, sino palabra, amor y tarea”
 

jueves, 6 de abril de 2017

El Padrenuestro


 
 
En los evangelios sinópticos Jesús aparece en varias ocasiones orando. Seguramente el evangelista que más insiste en esta característica es Lucas, pues hace referencia en ocho ocasiones a la oración de Jesús, colocada en los momentos más significativos  de su ministerio publico: al comienzo durante su bautismo (3,21) en los primeros pasos de su predicación (5,16), en el momento de la elección de sus apóstoles (6,12), instantes previos a la confesión de Pedro (9,18), durante la transfiguración (9,29) en la última cena pidiendo que pedro no caiga en tentación (23,32), desde la cruz rogando por aquellos que le crucificaron (23,34). Por lo demás, en la enseñanza de Jesús encontramos parábolas que sirven para insistir en la necesidad de orar: el amigo inoportuno (11, 5-13), la viuda y el juez (18, 1-18), el fariseo y el publicano (18, 11,13), teniendo en cuenta tanto este aprecio de Jesús por la oración como su reclamo a orar siempre, es fácil explicar que los discípulos le pidieran que les enseñe a orar (11,1). Respondiendo a este ruego les enseñó la oración del padrenuestro (Lc 11, 2-4).

La oración del Padrenuestro no sólo responde al deseo de los discípulos de Jesús de orar como Él oraba, sino que recoge la concepción que Jesús tenía de Dios y de los bienes que quería comunicar a los hombres. Sólo Mateo y Lucas nos han transmitido esta oración, pero con notables diferencias. Destaca, ante todo, la longitud que tiene en Mateo en comparación con Lucas: la simple invocación “Padre”, el primer evangelista la introduce con gran solemnidad: “Padre Nuestro, que estás en el cielo”. Por otra parte la versión mateana contiene dos peticiones más: “hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”, “y líbranos del mal” otras diferencias de formulación encontramos en la cuarta petición mateana, Lucas la formula de un modo distinto: “danos cada día nuestro pan cotidiano” en la quinta, Lucas ha introducido el término “pecados”: “perdónanos nuestros pecados”. Probablemente la versión más corta de Lucas sea la más primitiva.

Lo primero que sorprende en la oración que Jesús enseñó a sus discípulos es la invocación inicial, pues en ella se utiliza a dios una palabra propia del lenguaje infantil: abba. Ciertamente la paternidad de Dios no es un concepto extraño en el judaísmo del Antiguo Testamento, pues el pueblo de Israel se consideraba su hijo (EX 4, 22, 23). Para los judíos dios es padre porque les ha dado la vida, los educa y los ama. De hecho, en la literatura veterotestamentaria encontramos nombres propios que expresan con claridad esta realidad (Yahvé= Padre), Abiel ( = Dios es mi Padre), Eliab (=Mi dios es padre), Joab (= Yahvé es Padre). Bien es cierto que el uso de estos nombres desaparece prácticamente en la época de los grandes profetas.  La novedad del Padrenuestro, en cualquier caso, no es la afirmación de que Dios es padre, sino la fórmula que utiliza Jesús para expresar esta realidad: echa mano de un término que pertenece a los primeros balbuceos de un niño.

Este lenguaje por ser demasiado familiar y provenir de la forma de expresarse de los niños, era considerado irrespetuoso para dirigirse a Dios. De hecho, un pasaje de la Mishná, afirma que la confianza con Dios, que se expresa en una confianza infantil, merece ser castigada con el anatema. En la época de Jesús, semejante modo de dirigirse a Dios en las oraciones era insólito. Las oraciones judías están llenas de invocaciones a Dios, pero las formulas usadas suelen recordar la historia de salvación o la acción todopoderosa de Dios en la creación. No sólo se evita utilizar palabras infantiles, sino la expresión “Padre nuestro” está asociada  a la formula “rey nuestro”; la paternidad es identificada con la realeza, es decir, se habla de Dios como aquel que dispensa todos los bienes, que cuida de los hombres. La familiaridad con que se expresa Jesús está totalmente ausente de estas invocaciones.

En efecto, los evangelios, al presentar a Jesús dirigiéndose a Dios en la oración con la invocación abba, se hace eco de una peculiaridad absoluta, totalmente original en el marco judío de su época, y que esta palabra aramea fue utilizada por Jesús con normalidad en su oración lo demuestran dos hechos. Por una parte los evangelio griegos traducen esta invocación de varias formas: como vocativo (Pater= ¡Padre!) como nominativo como artículo “ el Padre” o acompañado de posesivo ¡ Padre mío! Pablo utiliza también dos veces el termino arameo abba escribiendo a las comunidades griegas (Gal 4,6. Rm 8, 15). Es evidente que este modo de expresarse del apóstol solo puede deberse a que esta invocación era familiar a sus destinatarios. La única explicación de que los cristianos de lengua griega estén familiarizados con este término arameo es ver en él un eco de la oración que rezaban los cristianos por fidelidad a la recomendación de Jesús y siguiendo su divina enseñanza, cuya primera palabra era la invocación abba.

Es probable que en las oraciones judías rechazaran este modo de dirigirse a Dios no sólo porque manifestaba una confianza extrema con Dios, sino porque este término pertenecía al lenguaje infantil. Debido a la sensibilidad judía – Afirma Joachin Jeremías- habría sido una falta de respeto, por tanto algo inconcebible, dirigirse a Dios con un término familiar. El que Jesús se atreviera a dar este paso significa algo nuevo e inaudito. Él habló con dios como un hijo con su Padre, con la misma sencillez, el mismo cariño, la misma seguridad.
 

Cuando Jesús llama a Dios abba nos revela cuál es el corazón de su relación con él. La comunidad cristiana reconoció con gratitud y asombro esta posibilidad de dirigirse también ella a Dios utilizando dicha invocación.  Al ser hechos hijos con el Hijo, también los cristianos pueden llamar a dios Padre: “pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de Hijos de adopción, en el que clamamos: ¡Abba, Padre! Rm 8-15)

LAS DOS PRIMERAS PETICIOES.

Las dos primeras peticiones, “santificado sea tu nombre, venga tu reino” aparecen también juntas en una oración judía con que Jesús estaba familiarizado desde su infancia, el Qadish = (santo). Esta oración compuesta en arameo, se rezaba en la liturgia sinagogal. Las primeras oraciones con que comenzaba el culto sinagogal estaban compuestas en hebreo; tras esta lectura, dado que el pueblo en general desconocía la lengua sacra, se realizaba una traducción al arameo, e inmediatamente después d la homilía, que naturalmente se hacía en lengua hablada, el arameo. Y como cierre de la liturgia sinagogal se recitaba el Qadish. La forma más antigua de esta oración, según los estudiosos dice así: “Glorificado y santificado sea tu nombre, en el mundo él creó según su voluntad. Que él haga reinar su reino en nuestros tiempos y en vuestros días, y en todos los de la casa de Israel, con rapidez y prontitud y deid : Amén.

Alabado sea su nombre de eternidad en eternidad. Bendito, alabado, glorificado, exaltado, ensalzado y loado, adorado y glorificado sea el nombre santo. Bendito sea por encima de toda bendición, himnos, alabanzas y cantico entonados en todo el mundo y decid: Amén.

A pesar de su mayor longitud, estás dos peticiones de la oración judía son las mismas que rezamos en el Padrenuestro. Las formulas empleadas en el Qadish expresan una aclamación de dios como Rey que comienza a reinar, del soberano que manifiesta su esplendor y soberanía delante de sus súbditos. Esta imagen de Dios refleja la concepción profética de la salvación futura, descrita bajo la imagen de la aparición de un soberano que colma los anhelos del pueblo.

Las dos peticiones, por tanto, apuntan a una misma meta: la venida del reino de Dios. En el mismo sentido han de entenderse las primeras peticiones del Padrenuestro. Por tanto, aunque aparentemente en ellas pedimos algo que atañe a Dios, en el fondo pedimos para nosotros el mayor de los bienes que podemos desear. Pero entonces, ¿dónde está la novedad; en qué consiste la diferencia? La explica Joachin Jeremías con estas palabras: “la diferencia es grande. En la Qadish, una comunidad que se debate en las tinieblas del mundo presente, pide que ese cumplimiento llegue. En el Padrenuestro, diciendo lo mismo, reza una comunidad que sabe que el gran cambio ha irrumpido ya, porque dios ha comenzado la obra, pletónica en gracias, de la redención, Una comunidad que suplica solamente la total revelación de lo que ya ha recibido. “


EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

En los evangelios Jesús insiste en la necesidad de perdonar a aquellos que han dañado u ofendido; incluso ese perdón es requerido por dios para otorgar su perdón de las múltiples deudas contraídas con Él (Mt 6,14-15; 18,21-35; Lc 17,3-4) La petición de perdón en el Padrenuestro recoge esta enseñanza de Jesús. El creyente se dirige a Dios consciente que es aquel que conoce y juzga con justicia su proceder. Reconoce, pues, que Dios es el juez justo que puede condenar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna  (Mt 10,28), pero  al mismo tiempo es padre misericordioso que quiere que ninguno perezca.

UNA PETICIÓN ANOMALA

La petición final resulta un tanto peculiar: es la única formulada en negativo. Además su contenido evoca las palabras dirigidas por Jesús a sus discípulos en el Huerto de los Olivos: “velad y orad, para no entrar en tentación (Mc 14,38). No se alude aquí principalmente a las tentaciones cotidianas, sino a la gran prueba de la fe a la que el enemigo someterla a los discípulos con el fin de perderlos. Pero la tentación no viene de Dios, como afirma explícitamente la carta de Santiago: “cuando alguien se vea tentado que no diga: Es dios que me tienta; pues Dios no es tentado por el mal y el no tienta a nadie” (Sant 1,13)  El verbo arameo para designar la caída en la tentación es “entrar”. En la petición final del Padrenuestro, este verbo aparecía en forma causativa, con el significado de “hacer entrar, introducir”. Haz que no entremos en la tentación”; es decir, que no caigamos en la tentación. Lo que pide, por tanto, es ser preservados de caer en la tentación.