martes, 2 de diciembre de 2014

El papa Francisco: "El Corán es un libro profético de paz"



En el diálogo con los periodistas, el Papa dijo que “es cierto que ante estos actos terroristas, no solo en esta zona sino también en África, hay una reacción: ‘¡Si esto es el Islam, me enojo!’. Y así, muchos musulmanes se sienten ofendidos. Dicen: ‘Pero, nosotros no somos esto; El Corán es un libro profético de paz; esto no es islamismo’. Yo lo entiendo”.

El Santo Padre dijo también que cree “sinceramente que no se puede decir que todos los musulmanes son terroristas, como no se puede decir que todos los cristianos son fundamentalistas (también nosotros tenemos fundamentalistas, en todas las religiones existen estos grupitos)”.

Recordando luego su conversación con el presidente de Turquía, Tayyip Erdogan, el Pontífice contó que le dijo que “sería muy hermoso” condenar el terrorismo “claramente; lo deberían hacer con los líderes académicos, religiosos, intelectuales y políticos. Así lo escucharían de la boca de sus líderes. Necesitamos una condena mundial por parte de los musulmanes; que digan: ‘No; ¡El Corán no es esto!’”.


El verdadero entendimiento del Islam sólo puede encontrarse en el estudio del núcleo de sus enseñanzas, y dicho estudio revela una religión que no sólo rechaza la violencia, sino que realmente promueve la paz a todos los niveles, incluyendo el de un conflicto ya en marcha.
 
El Islam es una religión muy completa. Es consciente de que debido a la debilidad, ambición y dinamismo humanos, han de existir ocasiones en las que la disputa, el conflicto e incluso las guerras pueden llegar a ser inevitables. El Islam prohíbe iniciar guerras de agresión, y cuando se hace inevitable que los musulmanes luchen en defensa propia, las enseñanzas islámicas establecen límites muy estrictos. Por ejemplo, deben respetarse los derechos y libertad de los no combatientes. Los ancianos, los enfermos, las mujeres y los niños deben ser protegidos frente a todo daño. Deben dejarse intactas las propiedades residenciales, y los cultivos y las cosechas no deben ser dañados, etc. etc.
 
El Islam es una religión de paz en todo el sentido de la palabra. El Corán llama a este camino; pues, Al-lah Dice (lo que se interpreta en español): (Los caminos de la salvación) (Corán 5:16). Describe la reconciliación en los mejores términos (Corán 4:128], y sostiene que Al-lah Aborrece cualquier disturbio de la paz [Corán 2:205).
 
La raíz de la palabra Islam es ‘Silm’, la cual significa ‘Paz’. Por lo tanto, el espíritu del Islam es el espíritu de la paz. La primera aleya del Corán emana el espíritu de la paz, en este se lee: (En el nombre de Al-lah, el más MisericorAl-laho, el más Compasivo).
 
Incluso en lo que respecta a los combatientes en el campo de batalla, el Islam ordena que, si el enemigo busca la paz, deben de cesar las hostilidades y la paz debe ser aceptada. De esta descripción básica se puede entender que en el Islam no hay resquicio para ninguna forma de terrorismo. Por el contrario, se fomenta la interacción y la armonía interreligiosa. En este sentido, la Comunidad Ahmadía en todo el mundo, pero especialmente en Europa, es reconocida como una comunidad pacífica, altamente respetada, que promueve y alienta la paz.
 
                     EL ISLAM SE OPONE AL RACISMO


“Hombres. Os hemos creado de un varón y de una hembra y hemos hecho de vosotros pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Allah, el más noble de entre vosotros es el que más Le teme. Allah, es omnisciente , está bien informado.” (Corán 49:13)

 

 
LA VIOLENCIA NO ES UN METODO ISLAMICO.
 
“ No es igual obrar bien y obrar mal. Repele con lo que sea mejor y he aquí que aquél de quien te separe  la enemistad se convertirá en amigo ferviente.” (Corán 41:34)
 

MATAR GENTE INOCENTE ES UN GRAN PECADO.


 “Por esta razón, prescribimos a los Hijos de Israel que quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad. Nuestros enviados vinieron a ellos con las pruebas claras, pero, a pesar de ellas, muchos cometieron excesos en la tierra.” (Corán 5:32)

 

LA MORALIDAD DEL ISLAM EXCLUYE LA IRA.

 

 
“… que dan limosna tanto en la prosperidad como en la adversidad, reprimen la ira, perdonan a los hombres , Allah ama a quienes hacen el bien…” (Corán 3:134).

 

Comparto a continuación un capítulo extractado del libro de Xabier Pikaza editado en Salterrae: " violencia y diálogo de  las religiones.

 
Hay muchas religiones porque somos vidente ciegos (vivmos en la ardiente oscuridad de una Vida que nos desborda siempre) y el Elefante es grande. Esta es una respuesta popular que viene de la India. Reunieron una vez a siete invidentes y les encerraron con un enorme Elefante, diciendo: ¡Que toque y sienta cada uno y diga qué ha tocado y qué ha sentido!
 
Uno tocó una pata y dijo: Es una columna rugosa, como un árbol sin fin que sostiene el edificio del mundo.
 
Otro palpó cuidadosamente la trompa y evocó sus funciones diciendo: Es una especie de conducto hueco que absorbe y expulsa el agua de la vida.
El tercero metió la mano en la boca, llena de comida, y dijo: Es un abismo que todo lo devora.
 
El cuarto introdujo su cabeza en la garganta del animal, se sintió absorbido por su respiración y digo: Es una inmensa sima, que aspira y expira el viento infinito.
El quinto fue tocando la parte inferior de su vientre y dijo: Es un cielo que todo lo cubre y que así puede cobijarnos o impedirnos ascender a más altura.
 
El sexto, en cambio, logró saltar y colocarse encima, cabalgando sobre sus lomos a gran velocidad, recorriendo en círculo la gran sala del cosmos, y dijo: es un perpetuo movimiento ¡qué hermosura!.
 
El séptimo escuchó sus grandes alaridos y se dijo: ¡Es una voz, quiere transmitirnos un mensaje que no comprendemos!.

Reunidos lo siete no lograban ponerse de acuerdo sobre este Elefante, un Dios para ciegos con tacto y oído. Sus respuestas no iban descaminadas: ellas se han ido repitiendo a lo largo de la historia: Dios es la columna cósmica, el despliegue de la Realidad, la meta oscura, la respiración vital, el cielo alto, el movimiento perpetuo, la voz interpelante... Todo eso y mucho más ha sido Dios (lo Divino, el Ser originario) en la experiencia de las religiones. Todo eso es bueno y verdadero, pero resulta parcial, no consigue ofrecernos la imagen del Elefante entero, es decir, del Viviente divino, que así aparece como signo y realidad del Cosmos.

Vivimos desbordados y fundados por la Realidad, simbolizada por un Elefante (don de Vida, milagro de Ser), que nos sorprende y sobrepasa, ofreciéndonos, al mismo tiempo, su cobijo y su impulso: bajo su cielo vivimos, sobre su espalda avanzamos, en su aliento respiramos, de su carne nos alimentamos... No tenemos distancia para mirarlo desde fuera, para abrir los ojos y ver el conjunto de sus partes.

La Realidad nos excede y, por ello, de un modo normal, tras haber visto y sentido alguno de sus aspectos concretos, nos aferramos y decimos: ¡Dios es esto!. Así nos compartamos como ingenuos orgullosos, que se piensan capaces de dominar al Elefante. Para conocerle mejor sería necesario que alguien (¿el Elefante?) nos abriera de otra forma ojos y tacto, para que lo viéramos del todo y comprendiéramos. Pero no ha existido (aunque algunos digan lo contrario) ese milagro externo y seguimos dialogando (a veces discutiendo) sobre nuestras religiones, sobre el Elefante, sin advertir que somos parte suya y sin pensar que el Elefante es más que la suma de sus partes.
 
Nuestra misma vida, rica y múltiple, arriesgada y sorprendente, es de algún modo ese Elefante divino, que tiene además, otras funciones: es Carne sagrada que los hombres comparten, es el Destino que les lleva en su carro, es vida y muerte… La vida de los hombres e incluso de los pueblos resulta corta para hacer la ronda del gran Elefante, pero ellos, hombres y pueblos, forma ciegos religiosos, pueden dialogar y contarse unos a los otros lo que han tocado y entre-visto, iniciando un diálogo inter-religioso. En ese sentido, las religiones son (deben ser) universales en perspectiva dialogal.

 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 

 
 

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