domingo, 8 de enero de 2017

El Supremo avala el privilegio de la Iglesia católica con el IRPF


 
Rechaza implantar una casilla para que los contribuyentes que lo desearan pudieran destinar el 0,7% de la declaración del IRPF a la Iglesia evangélica
Algunos jerarcas católicos, igual que los miembros de otras religiones organizadas de un modo legal, olvidan a veces que todas las empresas del mundo, con el capital y mercado vinculado a ellas, han de estar al servicio de la justicia/juicio de Dios, para que este mundo sea básico de justicia: que todos los hombres coman, que sean acogidos, respetados y ayudados.
Es aquí donde se sitúa la advertencia final de Jesús: ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt 23, 23).
MADRID.- El Tribunal Supremo (TS) ha avalado el privilegio de la Iglesia católica en la declaración del IRPF al rechazar implantar una casilla para que los contribuyentes que lo desearan pudieran destinar el 0,7% a la Iglesia evangélica o protestante, como ocurre con la católica, al entender que no vulnera derechos fundamentales de esa confesión.

En la sentencia, la Sala III desestima el recurso sobre protección de derechos fundamentales presentado por la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (Ferede) contra la sentencia de la Audiencia Nacional que rechazó su demanda contra la resolución del Ministerio de Hacienda. La Iglesia evangélica ha anunciado que acudirá al Constitucional. "Lo lamentamos pero no nos sorprende y vamos a seguir luchando por lo que creemos que es una cuestión de principios. Aquí no estamos haciendo cálculos de si nos conviene económicamente o no esa forma de financiación. Se trata de que nos parece discriminatorio", ha explicado el responsable de Comunicación de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), Jorge Fernández.
Por su parte, la Conferencia Episcopal ha asegurado que la Iglesia católica no es contraria a que otras confesiones tengan su propia casilla en la Declaración de la Renta. "La Iglesia católica no se opone a que se extienda la X a otras confesiones religiosas", han señalado fuentes de la Conferencia Episcopal Española. Si bien, estas mismas fuentes precisan que la Iglesia católica "no valora la forma en la que el Estado organiza las asignaciones tributarias porque no le compete".

Hacienda defendió que la casilla reservada a la Iglesia católica se fundamenta en los acuerdos de España con la Santa Sede y que, a falta de un convenio similar, no era posible acceder a la petición de la Iglesia protestante.

La Audiencia Nacional expuso el mismo argumento para rechazar la pretensión de los evangélicos y subrayó que para disponer de esa casilla habría que establecer un mecanismo entre el Estado y la instancia representativa de la Iglesia evangélica, puesto que la Administración no puede establecerlo de manera unilateral.

Y ahora el Supremo corrobora la distinta situación en que se halla Ferede respecto de la Iglesia Católica, no para realizar un juicio de igualdad sino para confirmar que la respuesta ofrecida por Hacienda era coherente con la petición y suficientemente fundada en Derecho, por lo que no cabe atenderla.

Los magistrados sostienen que ni la sentencia de la Audiencia Nacional ni la actuación administrativa incurren en infracción de la Constitución porque se mueven en el marco del derecho fundamental que ha ejercido la Ferede, que no es otro que el derecho de petición, lo que no supone que la petición sea contestada afirmativamente.
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Pikaza: "La jerarquía tuvo que venir pronto, no desde el evangelio, sino a pesar del evangelio"


 
Jesús no creó una institución eclesial, organizada en forma jerárquica, pero es evidente que la jerarquía tuvo que venir pronto, no desde el evangelio, sino a pesar del evangelio, pues los movimientos de humanidad sólo funcionan de esa forma, como indicaré de un modo muy conciso.
Me queda todavía la tercera parte, que publicaré, Dios mediante, dentro de dos días. Feliz fin de semana a todos.
2. INTERMEDIO, GRAN INVERSIÓN
Tras dos derrotas (67-70 y 132-135 d.C.), los judíos aceptaron de un modo consciente (y consecuente) el fin de templo y de sus sacrificios llorando su orfandad ante el Muro de las Lamentaciones, para instituirse como federación de sinagogas libres, sin sacerdotes. Los cristianos, en cambio, a pesar de mantener el sacerdocio universal de todos los creyentes, tendieron más tarde a a "recuperar" unos simbolismos sacrales y jerárquicos más propios de un tipo de Antiguo Testamento y de política romana que del Cristo.
El tema se planteó a partir del 150, cuando diversos grupos de tipos semi-gnóstico, entre ellos Marción, intentaron separar el cristianismo de su base israelita, convirtiéndolo en una religión de experiencia interior y organización intimista, más cerca del budismo o hinduismo que del mensaje de Jesús. Contra eso reaccionó la Gran Iglesia:
(a) Mantuvo su origen judío, reforzando algunos elementos sacrales de la institución sacerdotal de Jerusalén, de forma que obispos y presbíteros tendieron a presentarse como sacerdotes, un grado superior de cristianismo.
(b) Destacó su independencia, introduciendo en su Escritura textos propios (Nuevo Testamento) y reorganizando su vida y liturgia desde la Eucaristía o Memoria de la Cena de Jesús, entendida de forma sacrificial, en una perspectiva en la que se combinaban elementos judíos y helenistas, en un proceso que estaba ya en marcha a partir del 200 d.C.
‒ Sacralización sacerdotal, de fondo israelita: obispos, presbíteros (que antes eran ministros laicos) se tomaron como sucesores de los sacerdotes y levitas de Jerusalén, de manera que la iglesia acabó siendo más israelita que rabinismo judío, que abandonó la estructura teocrática, para instituir un gobierno colegiado de ancianos y rabinos, intérpretes de la Ley.
‒ Ordenamiento romano-helenista. Esos "sacerdotes" cristianos vinieron a ser como un "clase" superior, en la línea de los "ordo" romano, con rasgos de pensamiento helenista: los superiores (obispos, presbíteros) se toman como signo especial de Dios, a diferencia de Jesús, que daba preferencia a los últimos. Esta jerarquización, con elementos de filosofía griega y política romana, marca la gran inversión del cristianismo, que culminó con el constantinismo (siglo IV d.C.) y con la reforma gregoriana (siglo XI).
Ésta inversión evitó el riesgo de disolución gnóstica del cristianismo, pero lo hizo a costa de silenciar elementos importantes del evangelio, como la sacralidad universal e igualitaria de todos los creyentes. En principio, el movimiento de Jesús era jerárquico, sino mesiánico; no promovía un orden sacerdotal, sino una experiencia de comunión de todos, empezando por los menos importantes. En raíz el cristianismo siguió siendo lo que era y así pudo expandirse entre los nuevos pueblos, tras la caída del Imperio Romano, pero aceptó y sacralizó de hecho la distinción de los creyentes en dos niveles (=órdenes) dentro de la iglesia.
Esta división, por la que las mujeres quedaron excluidas de la jerarquía, se vinculó además a la forma de celebrar los dos grandes "sacramentos" cristianos:
--La eucaristía (que debía estar presidida por el obispo o un delegado suyo)
-- y la reconciliación o readmisión de los pecadores oficiales en la Iglesia (que quedó reservada al obispo). Fue un tema de organización eclesial, y así:
‒ Surgió el clero, formado por obispos, presbíteros y diáconos varones que, elevados sobre el resto de la Iglesia, como representantes de Jesús, con autoridad sagrada, un orden sacerdotal, como si la "gracia" de Dios pasara por ellos al resto de los fieles. La iglesia, que había nacido del Reino para los pobres, tendió a convertirse en institución de poder sagrado, al servicio de los pobres, pero por encima de ellos.
Quedó el pueblo, formado por laicos, cristianos receptivos, que escuchan la palabra y reciben los sacramentos que les ofrece el clero, al que sostienen con sus aportaciones económicas. Antes no existían estos laicos, pues todos los cristianos lo eran, miembros del «laos» o pueblo de Dios. Ahora empezaron a existir, viniendo a convertirse en la gran masa de la iglesia.
Esta división no es evangélica, pero prestó un servicio, pues sólo por ella se pudo estabilizar la iglesia, como organización unitaria y eficaz (subsistema sacral), en un mundo jerárquico. Esa es la paradoja: los cristianos rechazaron la jerarquía religiosa del Imperio, siendo perseguidos por ello, pero, a lo largo de un proceso fascinante (y peligroso) de refundación, acabaron asumiendo muchos de sus rasgos sagrados. En esa línea se cita el sistema del Pseudo Dionisio (siglo V-VI), que interpretó las estructuras cristianas en perspectiva jerárquica, suponiendo que la salvación viene de arriba y desciende hacia los grados inferiores.
Dionisio concibe la iglesia como un orden gradual, que desciende de Dios, por planos intermedios hasta la materia, para retornar desde ella a lo divino.
(a) El obispo posee la ciencia de las Escrituras, en clave de perfección: por eso puede revelar su conocimiento y santidad desde lo alto, siendo tearquía o poder divino, directamente iluminado por Dios.
(b) Los sacerdotes (presbíteros) reciben la iluminación del obispo y la transmiten a los estamentos inferiores: ofrecen los símbolos divinos a los fieles y purifican a los profanos por los sacramentos.
(c) Los ministros (diáconos) dirigen a los hacia la purificación de los sacerdotes, para que pueda realizarse la obra divina
Xabier Pikaza

domingo, 1 de enero de 2017

Te doy Gracias, Padre, en esta prueba


¡ Te doy gracias, Padre,


 

                                               . . . en esta prueba!  


 
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” 1Tes 5:18

 

1º)Gozarme en la prueba


Considerad como gozo colmado, hermanos míos, el estar rodeados de pruebas de todo género. Tened  en cuenta que al pasar por el crisol de la prueba, vuestra fe produce paciencia, y la paciencia alcanzará su objetivo, de manera que, seáis perfectos y cabales, sin deficiencia alguna.


                        (sant1:2)

He rogado tres veces al Señor para que apartase esto de mí, y otras tantas me ha dicho “Te basta mi gracia ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad”. Gustosamente, pues, seguiré presumiendo de mis debilidades, para que habite en mí la fuerza de Cristo.

                        (2Cor 12:8-10)

Así pues, quienes mediante la fe hemos sido puestos en camino de salvación, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por la fe en Cristo hemos llegado a obtener esta situación de gracia en la que vivimos y de la que nos sentimos orgullosos, esperando participar de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que hasta de las tribulaciones nos sentimos orgullosos, sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia produce virtud sólida, y la virtud sólida, esperanza .

 
                            (Rom 5:1-5)

Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, vosotros que sois mi gozo y mi corona, manteneos firmes en el Señor, queridos.

        Encarecidamente ruego a Evodia y a Síntique que se pongan de acuerdo como corresponde a creyentes. Y a ti, compañero fiel, te ruego que las ayudes, pues, se batieron conmigo por el evangelio, junto con Clemente y el resto de mis colaboradores, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.

        Estad siempre alegres en el señor: os lo repito, estad alegres. Que todo el mundo os conozca por vuestra bondad. El Señor está cerca. Que nada os angustie; al contrario, en cualquier situación presentad vuestros deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias. Y la paz de Dios que supera cualquier razonamiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos por medio de Cristo Jesús.

                                                       (Flp4:1-7)
        Pablo, Silvano y Timoteo a la iglesia de los tesalonicenses, que es la iglesia de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor. A vosotros, gracia y Paz.

 

2) Resistir en la prueba.


 
        Dichoso el hombre que aguanta en la prueba, porque, una vez acrisolado, recibirá la corona de la vida que el Señor prometió a los que lo aman.


                (sant 1:12)

        Aunque él da una gracia mayor y por eso dice: Dios resiste a los soberbios, pero concede su favor a los humildes. Por tanto, someteos a Dios, pero resistid al diablo, que huirá de vosotros.

 
                        (sant 4: 6-7)

        Únicamente os pido que llevéis una vida digna del evangelio de Cristo. Y tanto si voy a visitaros y lo veo, como si estoy lejos y oigo lo que se dice de vosotros, permaneced firmes, unidos en un mismo Espíritu, luchando todos a una por la fe del evangelio. No os dejéis atemorizar lo más mínimo por los enemigos, pues Dios ha dispuesto que lo que para ellos es señal de perdición, para vosotros lo sea de salvación.

        A vosotros en efecto, se os ha concedido la gracia, no sólo de cree en Cristo, sino también de padecer por él, sosteniendo el mismo combate en el que me habéis visto empeñado y que, como sabéis continuo sosteniendo.


                               (Flp 1:27-30)

        Por tanto, también nosotros, ya que estamos rodeados de tal nube de testigos, liberémonos de todo impedimento y del pecado que continuamente nos asedia, y corramos con constancia en la carrera que se abre entre nosotros.


                                       (Heb 12:1)

3º) aprender en la prueba.



        Vivid con sobriedad y estar alerta. El diablo, vuestro enemigo, anda como león rugiente buscando a quien devorar. Enfrentaos a él con la firmeza de la fe, sabiendo que vuestros hermanos dispersos por el mundo soportan los mismos sufrimientos.

        Y el Dios de toda gracia, que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo, después de un corto sufrimiento os restablecerá, os fortalecerá, os robustecerá y os consolará.

Suyo es el poder por siempre. Amen.


                                       (1pe 5:8-11)

        Y termino pidiendo que el Señor os conforte con su fuerza poderosa. Revestíos de las armas que os ofrece Dios para que podáis resistir a las asechanzas del diablo.

        Porque nuestra lucha no es contra adversarios de carne y hueso, sino contra los principados, contra las potestades, contra los que dominan este mundo de tinieblas,, contra los espíritus del mal que tienen su morada en un mundo supraterreno. Por eso debéis empuñar las armas que Dios os ofrece, para que podáis resistir en los momentos adversos y superar todas las dificultades sin perder terreno. Estad , pues, en pie, ceñida vuestra cintura con la verdad, protegidos con la coraza de la rectitud, bien calzados vuestros pies para anunciar el evangelio de la paz. Tened embrazado en todo momento el escudo de la fe con el que podáis apagar las flechas incendiarias del maligno; usa el yelmo de la salvación y la espada del espíritu, que es la palabra de Dios.

                        (Ef 6:10-19)

        Por eso es necesario que atendamos más y más a las eseñanzas recibidas, no sea que nos extraviemos. Porqué, si la palabra enseñada por angeles resultó firme, y toda transgresión y desobediencia fue justamente castigada ¿cómo escaparemos nosotros, si no aprovechamos una salvación como esta? Una salvación que inaugurada por la predicación del Señor, nos ha sido garantizada por los que la oyeron, mientras Dios apoyaba su testimonio con signos, prodigios y toda clase de milagros, y con dones del Espíritu Santo distribuidos según so voluntad.


                               (Heb 2:1-4)


        Velad, permaneced firmes en la fe; sed hombres, sed fuertes. Cuanto hagáis hacedlo con amor.

 

                        (1Cor 16: 13-14)

4) Confiar en Dios en la prueba.

 
        Así pues, incluso los que sufren según la voluntad de Dios deben encomendarse al creador, que es fiel y no dejar de practicar el bien.

                               (1pe 4:19)

        No perdáis, pues, esta confianza, que os proporcionará una gran recompensa. Pues tenéis necesidad de perseverar, para que, cumpliendo la voluntad de Dios,  alcancéis la promesa.


                               (Heb 10:35)

        La fe es el fundamento de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de dios.


                               (Heb 11:1-2)

        Os he dicho todo esto, para que podáis encontrar la paz en vuestra unión conmigo. En el mundo encontrareis dificultades y tendréis que sufrir, pero tened animo, yo he vencido al mundo.

                               (Juan 16:33)

5º) Irreprensible en la prueba.


        Por tanto, queridos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad vivir en paz con Dios, limpios e irreprochables ante él, considerando como salvación la paciencia de nuestro Señor.


                               (2Pe 3:14)

        ¡ Que el Señor os haga crecer y sobreabundar en un amor de unos hacia otros y hacia todos, tan grande como el que nosotros sentimos por vosotros! En fin, que cuando Jesús, nuestro Señor, se manifieste junto con todos sus elegidos, os encuentre interiormente fuertes e irreprochables como consagrados delante de Dios nuestro Padre.

                               (1Tes 3:12-13)
 
        Así pues amados mío, vosotros que siempre me habéis obedecido, hacedlo también ahora que estoy ausente, incluso con mayor empeño que si estuviera presente, y esforzaos con santo temor en lograr vuestra salvación. Que es dios quien, más allá de vuestra buena disposición, realiza en vosotros el querer y el actuar. Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones. Seréis así limpios e irreprochables; seréis hijos de Dios sin mancha en medio de una generación mala y perversa, entre la cual debéis brillar como lumbreras en medio del mundo, manteniendo con firmeza la palabra de vida, para que el día en que Cristo se manifieste, pueda yo enorgullecerme de no haber corrido o trabajado inútilmente. Y aunque tuviera que ofrecerme en sacrificio al servicio de vuestra fe, me alegraría y congratularía con todos vosotros. Por lo mismo alegraos también vosotros y regocijaos conmigo.

                               (Flp 2: 12-18)

6º) Amar en la prueba.


        Ante todo, amaos intensamente unos a otros, pues el amor alcanzará el perdón de muchos pecados. Practicar de buen grado unos a otros la hospitalidad.


                                       (1Pe 4: 8-9)
 
        Amaos de verdad unos a otros como hermanos y rivalizad en la mutua estima. No seáis perezosos para el esfuerzo; manteneos fervientes en el Espíritu y prontos para el servicio del Señor. Vivid alegres por la esperanza, sed pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración. Compartid las necesidades de los creyentes; practicad la hospitalidad. Bendecid  a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis. Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran. Vivid en armonía unos con otros y no seáis altivos, antes bien poneos al nivel de los sencillos. Y no seáis autosuficientes.

        A nadie devolváis  mal por mal; procurad hacer el bien ante todos los hombres. Haced lo posible en cuanto de vosotros dependa, por vivir en paz con todos. No os toméis la justicia por vuestra mano, queridos más dejad que Dios castigue, pues dice la escritura: A mí me corresponde la justicia; yo daré su merecido a cada uno. Esto es lo que dice el Señor. Por tanto, si tu enemigo tiene hambre dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Actuando así haras que enrojezca de vergüenza.

        No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal a fuerza de bien.

                               (Rom (12:10-21)


        Sois elegidos en Dios, pueblo suyo y objeto de su amor; revestíos, pues, de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Soportaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga motivos de queja contra otro. Del mismo modo que el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo, revestíos del amor que es el vinculo de la perfección. Que la paz de cristo reine en vuestros corazones; a ella os ha llamado Dios para formar un solo cuerpo. Y sed agradecidos.


                                               (Col3:12-15)

7º) Saber la verdad en la prueba


 
        Y no sólo esto, sino que hasta de las tribulaciones nos sentimos orgullosos sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia produce virtud sólida y la virtud sólida, esperanza. Una esperanza que no engaña porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones.

                        (R5:3-5)

        Porque todo esto es para vuestro bien; para que la gracia, difundida abundantemente en muchos, haga crecer la acción de gracias de Dios.

        Por eso no desfallecemos; al contrario, aunque nuestra condición física se vaya deteriorando, nuestro ser interior se renueva de día en día. Porque momentáneas y ligeras son las tribulaciones que, a cambio, nos preparan un caudal eterno e inconmensurable de gloria; a nosotros que hemos puesto la esperanza, no en las cosas que se ven, sino en las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

                               (2 Cor 4: 15-18)

        Sabemos en efecto que aunque se desmorone esta tienda que nos sirve de morada terrenal, tenemos una casa hecha por Dios, una morada eterna en los cielos, que no ha sido construida por mano de hombres. Y por eso precisamente suspiramos, deseando ardientemente ser revestidos de esa nuestra morada celestial, supuesto que en tal momento estemos vestidos y no desnudos. Porque los que vivimos en esta tienda corporal suspiramos angustiados, pues revestidos para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos ha preparado para ese destino es Dios, el mismo que nos ha dado en prenda el Espíritu.

        Así pues, en todo momento tenemos confianza. Sabemos que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos lejos del Señor, y caminamos a la luz de la fe y no de lo que vemos.

                               (2Cor5:1-7)

        Esta es la razón de mis sufrimientos; pero yo no me avergüenzo, pues se en quien he puesto mi confianza y estoy persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio.

                        (2Tim 1:12)

        Para que nadie sucumba a causa de estas tribulaciones a las que, como sabéis, estamos destinados. Os lo anunciamos estando entre vosotros: “Vamos a sufrir tribulaciones” Y así ha sucedido realmente como sabéis

José Carlos Enríquez Díaz

 

 

 

 


          


 

 

 

 

 

 

sábado, 31 de diciembre de 2016

El milagro de una bolsita de tercio pelo


Hace unos días presente el blog de mi Amigo Xosé Manuel Carballo. Hoy me gustaría compartir con todos los que visitáis mi blog este precioso testimonio de Fe de Xosé Manuel. De su blog:
En sus artículos transmite siempre una gran fe en Dios. La fe es el firme fundamento de la vida espiritual como también del ministerio, es lo que debe sustentar a cada cristiano en cada batalla, es la guía al triunfo de todas ellas. Creer en Dios significa estar en camino hacia Él y con Él. En efecto, el don de la fe es un camino, un riesgo, una conquista, una aventura por recorrer. Implica abandonar nuestras seguridades y nuestros apegos para emprender el camino hacia el encuentro con Dios. La fe es un proceso de apertura hacia Dios y de confianza en Él.
Todo lo que sigue es de él:
 
Dedicado al doctor Alfonso Mateos
El año pasado por estas fechas estaba convaleciente de un nuevo ingreso en un centro sanitario. El día primero de año tenía la firme y fundada convicción de que sería el último que lo celebraba por aquí abajo. No era la primera vez que me ocurría, por eso había dispuesto de tiempo para asumir la realidad y perderle el miedo irracional e instintivo a lo que se dice que es la causa profunda de todos nuestros miedos, la muerte. Tuve tiempo para hacer varios repasos a mi vida y en todos llegué a la misma conclusión: Ni he combatido todo lo bien que debiera mi combate ni llego vencedor a la meta, pero, ni creo que sea la última meta sino el final de la penúltima etapa, ni veo, con el Evangelio en la mano, y en consonancia con lo predicado, a un riguroso juez olímpico, cronómetro y escaleta en mano; sino a un padre bondadoso y misericordioso, bueno, pero no bobalicón, que ya sabe que mis EPOCs, enfermedades oclusivas crónicas que también ocluyen espíritus, me impidieron muchas veces combatir bien y correr más.
No fue fácil llegar a estas conclusiones, acostumbrado como estaba a hacer examen exclusivamente de lo que había hecho mal. Menos mal que en tiempos de mayor silencio puedo pensar más y mejor, porque no me interrumpe mi tantas veces hueca palabrería.
Después de un año sigo aquí y no voy a decir como tópico por mí tantas veces repetido: “gracias a Dios”. No. Digo:¡¡Gracias, Dios!!
No sé por qué me concedieron otra prórroga más. Sólo sé algo de cómo me la concedieron. Si quieres, sigue leyendo y te lo cuento y si no quieres, tan amigos. Eres muy libre. ¡Faltaría más!
¿Sigues ahí?... Pues verás:
Resulta que se echó sobre mí la noche. No se hizo de noche repentinamente. No. Fue cosa de varios días, pero pocos fueron necesarios para que reinase sobre mí la oscuridad casi total. Aunque había lunar yo no lo veía, porque prefería tener cerradas las contraventanas y bajadas las persianas como signo de un forzado recogimiento que, más bien, era un replegarme sobre mí mismo. A pesar de la oscuridad no era capaz de conciliar un sueño profundo y reparador, en parte por miedo a no despertar y morirme por un fallo de respiración, que también se dice por falta de vida. La negrura se iba haciendo cada vez más espesa y pesada, llegando al punto de que ella misma me oprimía el pecho. Ni ánimos tenía para encender la luz de la habitación, porque estaba convencido de que no me serviría de nada, ya que, a mi entender, no había luz capaz de cortar tanta oscuridad y abrirse paso.
De vez en cuando parecía que se encendía una lucecita parpadeante dentro de mí mismo, pero, por más que trataba de agarrarme a ella con fe, no lograba evitar temores ante las inseguridades de lo creído, pero desconocido. Sospecho que esa lucecita interior mía no alumbraba con mayor intensidad, porque no me había preocupado mientras pude de recargarle la batería como debiera en la lucecita del sagrario o de aprovisionarme de aceite del bueno para lámparas de invitados al banquete.
Tenía la convicción de que muy pronto ya no habría para mí un nuevo amanecer. Y creo que quienes me acompañaban sospechaban lo mismo, aunque no me decían lo que pensaban para que yo dejase de pensar lo que no decía.
Con estas cavilaciones y rendido por el esfuerzo de vivir para respirar y no a la viceversa como es lo habitual, entré en una especie de sopor que me fue envolviendo como una nube y me sumió en la semiinconsciencia. 
Volver la vista atrás me atemorizaba, y a mirar hacia adelante no me atrevía. 
Entonces escuché:
-No te des por vencido. Soy un Rey Mago, sembrador de ilusiones, que te quiere devolver la tuya, pero no contra tu voluntad.
Le respondí en voz muy baja, para no malgastar alientos que me faltaban:
-No estoy en condiciones de recuperar ilusiones que ya no podrán hacerse realidad. ¿Qué ilusiones puede haber cuando se llegó a la meta? ¿Para qué quiero ilusiones incapaces de reconvertir en luz la oscuridad que me oprime?
Entreabrí los ojos y sin encender la luz atisbé a un rey mago a mi lado y pensé:
-¡Pobre de mí que ya comienzo a delirar!
Volví a cerrar los ojos apretando los párpados hasta que me dolieron y seguí escuchando:
-Te compadezco, amigo, pues te veo dispuesto a apearte del tren en alguna estación anterior a la que te corresponde, o, en el caso de no bajarte, a negarte a mirar por la ventanilla y contemplar el paisaje. ¿Crees que viajarás más a gusto a oscuras? 
-Mi viaje está terminando. Déjeme, por favor, y no pierda más tiempo conmigo. Siga su camino con quienes pueda ser más eficaz.
Insistió el Mago:
-Nuestros caminos suelen ser improvisados e imprevisibles. Tampoco nosotros teníamos muy claro entonces cuál sería nuestro destino. Es cierto que nos guiaba una estrella, pero no nos daba seguridad total y por veces incluso se apagaba. ¿Sabes? Era algo semejante a esa lucecita que se enciende y se apaga dentro de ti. Con todo, nos valió mucho la pena seguir caminando y no detenernos ante las dificultades, ni siquiera ante los herodes asesinos de ilusiones y de futuros. Mira, te voy a dejar esta pequeña bolsita de terciopelo rojo atada con un cordoncito dorado. No la abras hasta por la mañana y así tendrás motivo para esperar un nuevo amanecer. Antes de despedirme te voy a subir la persiana para que vuelvas a saber cuando vuelve a ser de día otra vez.
Mi cabeza era un torbellino. ¿Quién le había hablado a él de una lucecita interior? Tenía que ser todo fruto del delirio. No estoy seguro de si le di las gracias. Probablemente no; porque hasta que vi por la mañana la bolsita de  terciopelo todo me parecía obra de mi calenturienta fantasía. Pero algo me confundía. Volvía a sentir necesidad de ver abrir el día y de salir de las tinieblas de aquellas largas noches.
Cuando empezaba a ser día y abrí la bolsita sólo encontré en ella un papelito doblado que decía: “Nunca renuncies antes de tiempo a las escaleras que te pueden ayudar a salir del abismo. Sigue subiendo, aunque por veces te parezca que se dobla la escalera. No dejes de apoyarte también en ti mismo, pero sobre todo apóyate en el AMIGO que se hace presente en los amigos, en los sanitarios, en la familia…” 
Guardo con gratitud y cariño aquella bolsita de terciopelo rojo y cordoncito brillante dorado y cada vez que miro dentro de él puedo ver rostros de personas muy queridas y sentir incluso a Dios y todo eso sin delirar.
Se la presté a algunos y fue eficaz, pero no lo es con todos. Hay que aprender a mirar dentro.
El que desee seguir leyendo sus artículos pinche AQUÍ
 
 
 

miércoles, 28 de diciembre de 2016

La mala educación


 
 
En 2008, afirmaba Benedicto XVI: “Debemos, preocuparnos por la formación de las futuras generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, por su salud no sólo física sino también moral… Ahora bien, educar hoy parece ser cada vez más difícil. Se habla, por este motivo, de una gran «emergencia educativa», confirmada por los fracasos que encuentran con demasiada frecuencia nuestros esfuerzos por formar persona sólidas, capaces de colaborar con los demás, y de dar un sentido a la propia vida.”
Generamos ciudadanos que piensan que toda autoridad, incluida la de los padres y los maestros, es una represión intolerable, incompatible con el desarrollo de la personalidad.
Las familias delegan en la escuela la educación moral y ética de sus hijos y en la escuela los maestros se ven incapaces de transmitir valores en un marco de permanente desautorización de su trabajo, entre otros por los propios padres de familia.
A muchos padres les cuesta abandonar la adolescencia y viven una segunda juventud viendo disfrutar a sus hijos.
Muchos padres se sientan con sus hijos a ver programas de televisión para los que no tienen edad. A muchos progenitores les cuesta mucho abandonar la adolescencia.
Es muy duro negarles cosas a nuestros hijos, porque les queremos y nos tienen ganados desde que son pequeños, pero decirles no es necesario para su desarrollo como personas.
Carecer de límites o no ser capaz de demorar un deseo es un camino que puede llevarlos a las drogas.
Nuestros hijos necesitan padres que los eduquen; los amigos, los colegas se buscan fuera, en la calle. Educar significa establecer normas. De otra forma tropezarán con algo que les sirva de barrera, esto podría ser la policía o la justicia, sería demasiado tarde después de cometer un delito.
Los problemas de la adolescencia suelen ser fruto de errores como el de que un niño tenga la televisión en su habitación.
Los niños vándalos suelen tener padres que no saben decir no.
Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología acaramelada y buenista.
Los niños deben de aprender a ser responsables de sus actos. Los padres deben de proporcionarles un entorno de protección y afecto.
Hay muchísimos niños de corta edad que maltratan de palabra a sus padres.
Que un hijo le diga a su padre “cállate” la boca  sería un maltrato de palabra. Éste es el caldo de cultivo para tener un hijo vándalo.
El acceso al mundo laboral también es otro problema para la juventud de hoy.
Al no encontrar trabajo los jóvenes  no se van de casa no hay una maduración armónica, todo llega sin esfuerzo, de forma rápida, sobre todo de caprichos consumistas.
Muchos jóvenes que están en este círculo no son vándalos, pero ejercen una agresividad contra el entorno, porque molestan al vecindario cuando se concentran en el botellón a beber.
La educación es uno de los asuntos más decisivos de nuestra sociedad. Tanto en los escenarios formales -los sistemas educativos, los currículos, la formación del profesorado, la política educativa, etc.- como en los no formales -la familia sobre todo, pero también los medios de comunicación, las redes sociales, el ambiente de la calle, las modas, etc.- se aprecia que la educación está afectada por la crisis que aqueja a nuestra sociedad y a nuestra cultura.
Suele decir Abilio de Gregorio que cuando un educador se pone ante sus discípulos, tan sólo con su actitud ya les está diciendo: “el mundo es así”. Por ello, ante todo, hacen falta educadores, maestros de vida. Si hay verdaderos maestros que amen su labor, y transmitan lo que se esfuerzan lealmente por vivir, a pesar de las insidias de todo tipo y de un entorno moralmente demoledor, habrá esperanza para nuestros jóvenes.
Es mucho más sensato enseñar a nuestros hijos a superar las frustraciones inevitables que hacerles creer en la posibilidad de un mundo sin frustraciones.
 

jueves, 22 de diciembre de 2016

Xosé Manuel Carballo, un lujo para Religión Digital


 
Xosé Manuel Carballo, Un lujo para Religión Digital.
Hace pocos días comentaba Xabier  Pikaza en su blog lo siguiente: “Es un lujo que haya habido y que haya "curas" rurales como Xosé Manuel, hombres de cultura universal, y al mismo tiempo cercanos a su tierra y a sus gentes. Hombres abiertos al mundo entero...” Ahora es un lujo poder leerle  en Religión Digital. José Manuel Vidal ha hecho un gran fichaje con Xosé Manuel Carballo. Estoy seguro que tendrá millones de lectores y que dará vueltas y vueltas al contador de visitas de su blog.
Elsa Vega también hacía  el siguiente comentario muy acertado en el blog de Xabier Pikaza: “Es Xosé Manuel para mí un amigo verdadero, es la persona que reúne casi todas las virtudes, (perdón, digo "casi todas" porque yo lo he visto enojado de verdad, muy pocas veces y con razón); de no ser así no pertenecería a este mundo. El Señor quiso que entrara en mi vida hace once años; en ese tiempo, nuestros encuentros y charlas se redujeron a pocos días pero fueron suficiente para conocer a este hombre -cura de gran valía-. Soy de las que piensan que los AMIGOS no se eligen, los pone Dios en nuestro camino: a veces para reír, otras para pensar y tantas más para poder sobrellevar la carga que pesa en la espalda de su prójimo. Así es él, el amigo incondicional que atiende y entiende los pesares del "otro " antes que los suyos. Lo admiro por su fortaleza, su bondad y entrega.”
Elsa Vega habla de su genio, pero yo he descubierto en Xosé Manuel un hombre bueno, un hombre que por exceso en la blandura y apacibilidad de su genio que cede ante los defectos de los defectuosos y las incorrecciones de los incorrectos, o al menos en muchas ocasiones he comprobado que procede como si no los conociera. Con la mesura y con el diccionario en la mano yo diría: Exceso de blandura y apacibilidad de su genio”
 
“Y más que un hombre al uso, siervo de una doctrina,
Soy en el buen sentido de la palabra, un Amigo
Sin duda, me hace meditar más de una vez las palabras de San Pablo: “A nadie damos motivo alguno para que pueda desacreditar el ministerio; antes bien, en toda ocasión nos comportamos como ministros de Dios, aguantando mucho, sufriendo, pasando estrecheces y angustias… procedemos con limpieza de vida, con paciencia, con bondad, apoyados en la palabra de la verdad y en la fuerza salvadora de Dios”. (2 Corintios 6, 4-7).
Su ministerio pastoral es fecundo y queda plasmado en lo que podríamos llamar “las obras de misericordia de un buen pastor”. El celo apostólico y la caridad pastoral animan a este sacerdote entregado a transformar en cuerpo y alma la vida de sus feligreses.
Xosé Manuel, crecido en la cultura del esfuerzo, cada día, cada mañana se vence a sí mismo y es para muchos de sus amigos un ejemplo de fe. Él es el tipo de siervo que está en comunión con el Señor, ofreciéndole a Él lo mejor que tiene.
Amigo de mirada limpia y transparente y todo ello se palpa al escucharle y se lee en sus escritos. Con ojos brillantes y expresivos que inspiran ternura y delicadeza, consecuencia de una mente serena, de un carácter que observa la vida de una forma consciente, profunda y creativa, con ese espíritu dinámico se hace difícil imaginarlo quieto. Amigo del marginado y del dolido. Testigo audaz del poder salvador de Cristo. Voz apasionada por Dios hacia su diócesis a la que tanto ama.
Xosé Manuel, fraternal, humilde y colosal. Me han emocionado ya de entrada los primeros apuntes bibliográficos que  he leído en su blog. En ellos se muestra la pasión, la fogosidad y la belleza expresiva de un hombre habitado por la pasión de hacernos partícipes de lo que él cree. Y esto puede descubrirlo cualquiera que llegue hasta su blog.
En sus artículos transmite siempre una gran fe en Dios. La fe es el firme fundamento de la vida espiritual como también del ministerio, es lo que debe sustentar a cada cristiano en cada batalla, es la guía al triunfo de todas ellas. Creer en Dios significa estar en camino hacia Él y con Él. En efecto, el don de la fe es un camino, un riesgo, una conquista, una aventura por recorrer. Implica abandonar nuestras seguridades y nuestros apegos para emprender el camino hacia el encuentro con Dios. La fe es un proceso de apertura hacia Dios y de confianza en Él.
Hay ocasiones en la vida en que las cosas se ven muy mal, pero podemos decirle a Dios: “Estoy poniendo toda mi fe en Ti, porque, aunque mi situación pareciera no tener esperanza, contigo nada es imposible”
Dicen que la gran enfermedad de este mundo es la falta de fe o la crisis moral que atraviesa. No lo creo. Me temo que en nuestro mundo lo que está agonizante es la falta de esperanza, las ganas de vivir y de luchar, el descubrimiento de las infinitas zonas luminosas que hay en las personas y en las cosas que nos rodean.
Xosé Manuel Carballo también me ha hecho descubrir que el sentido del humor es un instrumento de gran valor religioso, es algo que ayuda en los actos de fe. Te ayuda a que adviertas tu propio “yo” bajo la luz adecuada. Si en realidad soy nada. ¿Por qué trato de hacer de mí el centro del mundo?, ¿por qué considero que mis asuntos y mis problemas son siempre los más importantes?, ¿por qué vivo con tanto dolor mis derrotas y  fracasos?, ¿por qué soy tan mortalmente  triste y serio? Bastaría con enfocarlo todo con un mínimo de indulgencia y buen humor, para poder comprender  que todo lo que me parece tan preocupante, todo lo que me tiene tan preocupado y angustiado, es absolutamente ridículo; en comparación con la única realidad que realmente es importante: la certeza de que tenemos un Dios grande y maravilloso.
El sentido cristiano del humor, es el acto religioso que derriba de su trono al ídolo de tu “yo”. Cuando veas la comicidad de la situación en la que “yo” está sentado en Su trono, al menos por un tiempo, ésa situación quedará ridiculizada, y será menos peligrosa para ti. Quedará desenmascarada toda tu vanidad y toda tu soberbia.
El sentido del humor cristiano, te hará un hombre libre de ti mismo. Te permitirá revisar, a la luz de la fe, todos los valores, y conocer que todo lo que sucede a tu alrededor es sencillamente ridículo, todo con la excepción de un Dios grande y maravilloso que nos Ama y que se hace presente en nuestras vidas. Te permitirá también desenmascarar los valores aparentes. Tu trabajo, tus planes, tus dificultades… todas estas cosas, en comparación con el valor supremo que es Dios, no es nada más que ceniza y polvo.
¿Qué más puedo decir de alguien que siempre está en la brecha como un verdadero profeta? Advertir, aconsejar, exhortar en amor y cuantas cosas más que me ha transmitido desde que le conozco.
Señor dale a Xosé Manuel paz, síguele mostrando que a pesar de sus dificultades  no lo has abandonado, que para él hay un propósito especial y que para una misión tú lo has llamado. Sigue derramando en él tu Espíritu divino. Que tu poder le mantenga la salud para poder ser de mucha bendición para todos los que le lean.  Dale a Xosé Manuel una inesperada bendición que le siga mostrando el Dios soberano y Poderoso que tú eres.
¿Qué más voy a decir de Xosé Manuel? Quien quiera seguir sus publicaciones vaya a su blog y le lea su primer artículo pinchando Aquí
José Carlos Enríquez Díaz