viernes, 15 de diciembre de 2017

Tarancon, el caso Pikaza y una injusticia de la Iglesia que todavía no se ha reparado.


 
Hoy me ha llamado un amigo para decirme que después de leer lo que había escrito Xabier Pikaza en su blog se había emocionado véase:



A los jerarcas Se les llena la boca hablando de "testigos creíbles" del Evangelio. Pero, cuando tienen uno delante, no lo reconocen ni lo valoran. Es la eterna paradoja de esta nuestra institución que persigue y apedrea a sus profetas. ¡Quizás no pueda ser de otra forma! Xabier Pikaza es una bendición para el mundo y para la Iglesia. La Iglesia (jerarquía incluida) le debe un homenaje.

Xabier Pikaza es un teólogo que ha hecho experiencia profunda de Jesucristo, y nos hace descubrir que sin Él ya no se  puede vivir. Sabe que Dios se hace presente, como palabra, como silencio, como herida, como sanación, como muerte y como resurrección. Xabier Pikaza  nos hace descubrir que nuestra vida debe estar marcada por esa huella, esa marca, que nos ha dejado abierta la sed, la ansiedad, la curiosidad, el vivir.

Xabier Pikaza es un hombre conforme al corazón de Dios, que nunca se dejó intimidar por el temor para callar la Palabra del Señor y para decir la verdad aunque no les guste a los jerarcas. Su amor y su compromiso a Dios lo motivan a seguir sin reservas las directivas del Espíritu Santo para salvar almas para Cristo, por predicar y enseñar la Palabra de Dios al costo que sea. Las adversidades nunca pudieron detener el ímpetu de este corazón apasionado y bravo por Jesús.

Xabier Pikaza conoce muy bien a Dios y entiende perfectamente los signos de los tiempos. Sus palabras y sus escritos son un desafío - incómodo muchas veces - en medio de una Iglesia indiferente, apática, en medio del pecado que abunda, en medio de la tibieza, en medio del confort de una iglesia jerárquica cómplice del sistema que produce oprimidos y deprimidos en serie.

Es importante que en este mundo trivializado y gris, sin utopías ni ilusiones encontrar a personas como Xabier Pikaza, que por su modo de ser, comuniquen luz y ánimo para que podamos ser humanos y cristianos. A estas personas hay que buscarlas como se busca una perla preciosa y el agradecer a Dios el haberlas encontrado. Teólogos como Pikaza, Meier, Joachim Jeremías, Bonhoeffer… son este tipo de personas y teólogos que no siendo en “todo perfectos “se muestran humanos y comunican dignidad, esperanza, amor y sentido de la vida.

Utilizando la imagen orteguiana de la iglesia como arca de Noe, diría que en ella cogen todos: los que hacen crítica y los criticados, porque la iglesia es de todos los que navegan hacia Dios. En esta arca de salvación no hay lugar para las excomuniones. Los silencios impuestos, ni las pescudas inquisitorias, que nos retroceden al diluvio universal, ignorando el sacrificio de Jesús en la Cruz. La iglesia de Jesús sabe navegar, remontando suavemente todas las tempestades que se puedan presentar en sus travesías (Gs28).  

Pero lamentablemente, sigue siendo actual la crítica profética que Ortega le hace: La iglesia Católica que se proclama ministro de la vida, encadena y ahoga todo aquello que se presenta dentro de ella como nuevo, en cambio apuntala todas sus ruinosas antiguallas.
    
Ella que proclama renovar todo en Cristo, es hostil a renovarse a sí misma.

Hay épocas en que se hace necesario tener oídos ansiosos de novedad para evitar que desaparezca el Espíritu de Jesús (Mt 11,15; Mc 8;18). Muchas veces el mayor peligro con que se enfrenta la iglesia institucional no es el de las ideas nuevas, sino la no existencia de ideas.

        Cada generación debe aportar su particular experiencia con Cristo, sino quiere ser rechazada por perezosa, como el sirviente de la parábola (Mt 25, 24;30). La fidelidad al pasado en las epístolas pastorales no es bien interpretada muchas veces, sobre todo cara al dinamismo misionero.

Si realmente estamos a Las puertas de una nueva época , si nos encontramos ante un novum histórico , la novedad ha de afectar a la iglesia misma . A ella sobre todo se le dice con palabras de Isaías: “Mira, ahora hago nuevas todas las cosas” (Is 65,7); y a ella se le exige ser coherente con su mensaje de desprendimiento .

¿Cómo podrá desprenderse la que es tan rica , la que tiene tan inconmovible verdad, tan segura doctrina, tan larga tradiciòn, tan clara identidad , tan eficaz organizaciòn , tan fuere autoridad , tan rica liturgia ... Por de pronto, hay que recordar que “no es el discípulo más grande que su maestro” (Lc6,40), y que este siendo de condiciòn divina, decidió desprenderse de ella (Flp2,4). No será mucho esperar que la Igresia decida hacer lo mismo. También a ella se refiere aquello de que “quien quiera ganar su vidala perderá “(Mc8,35). De manera que si en este tiempo ecuménico la Iglesia desea a todo trance conservar a su verdad , su doctrina, su identidad,  su organización..., puede  que  gane el mundo -y eso es dudoso-, pero ciertamente corre el peligro de perder a su alma.
Cada vez que se le pidió la capa, procuro arramblar también con el manto. Para  su desconsuelo –y su  desconcierto-, al final se encuentra más desnuda que antes: veía como se le alejaba China, como se le oponía la clase obrera, como se divorciaban de ella los intelectuales
Si en estos tiempos nuevos la Iglesia se sigue aferrado a su verdad , a su ley , a su doctrina, a su identidad... y razonado que se trata de un patrimonio indiscutible , se irá convirtiendo en una secta en el mercado plural de las religiones. Una secta acaso poderosa acaso influyente y enarbolando el glorioso nombre de “católica” pero una secta, al fin.
Para los que deseen leer el artículo completo de xabier:
 

No quiero que pase este año, el 110 de su nacimiento, sin ofrecerle públicamente mi agradecimiento. Otros han analizado su figura y han cantado sus valores humanos y cristianos. Yo sólo puedo ofrecerle mi pequeño homenaje de teólogo sancionado, como fue sancionada mi madre, que también le admiraba, por ser quien era, y porque había querido resolver en concordia fraterna el “caso Pikaza”, como entonces se decía.

Yo había escrito un libro ingenuo y “virginal”, llamado Los Orígenes de Jesús (Sígueme, Salamanca 1976), reflexionando sobre algunas cosas que decía la exégesis normal del Instituto Bíblico de Roma sobre la familia de Jesús, con su nacimiento por el Espíritu, su identidad humana y su relación con el Espíritu.

Pasaron tres años sin que nada se moviera, hasta que hacia 1979 empezaron a entrechocar las aguas. Algunos teólogos (incluso de la P. de Salamanca) se lanzaron a decir que contenía varias herejías, y la Conferencia Episcopal de España creó una comisión para su estudio. Descubrí que casi todos los colegas de la Pontificia sabían algo y me daban consejos sobre cómo subir al castillo y resolver las cuestiones que me amenazan, sin que pudiera orientarme en los meandros de la parte baja.

Pero un día, pienso que a mediados del año 1980, me llamó el Cardenal Tarancón, Presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y Gran Canciller de la Pontificia y sólo entonces empecé a ver más claro.
 

Aquí empieza la historia que hoy quiero recordar, la de un Tarancón hombre y cristiano admirable, quizá el único obispo o cardenal que quiso resolver mi caso en línea de diálogo de fe, es decir, de humanidad creyente.

Ésta es una historia que no he contado a nadie, a no ser en un contexto muy íntimo, por pudor y por deseo de silencio (no me ha gustado hablar de "mis cosas"), pero hoy quiero hacerlo, por agradecimiento al Card. Tarancón, casi 40 años después, porque él se puso conmigo en la línea del Papa Francisco, como recordé hace 3 días en este blog, firmando con el Papa copto Swadros un documento donde sólo piden fidelidad a los tres primeros concilios. Tarancón me dijo algo parecido: basta que aceptel el credo pequeño (el apostólico o romano). Quiso resolver así mi caso, pero no pudo no le dejaron, como podrá ver quien siga leyendo.

En un comedor reservado del Regio de Salamanca

No sé el día, estará en los papeles de la U.P. de Salamanca, pero fue sin duda en el año 80, pues a principio del 81 Tarancón dejó de ser Presidente de la CEE. Me llamó el Rector de la Pontificia (hoy card. F. Sebastián) y me dijo: Tarancón quiere hablar contigo. Hemos reservado un comedor privado en el Regio.

Y allí fuimos. El rector vino con su secretario (profesor J. L. Acebal, q.e.p.d.) para que diera fe de lo que pasara. Tarancón vino sólo, sin nadie de la CEE ni de la C. para la Doctrina de la fe. Comimos los cuatro, hablando de cosas generales de la Iglesia y la política del momento. Empezando los postres, Tarancón encendió su puro, sacó unos folios de su cartera y me dijo:

Me han mandado que te lea estos folios, aunque eres una buena persona

− Me han mandado que te traiga y te lea en persona este informe y que busque contigo una solución para tu caso, y así quiero hacerlo, como Canciller de la Universidad y Presidente de la CEE y como cristiano. Está firmado por cuatro obispos de la Comisión de la Fe, entre ellos J. M. Cirarda, a quien debes conocer, por vasco. Está muy enfurecido por lo que dices en el libro de los Orígenes de Jesús, y no quiere que sigas en la Universidad de la Iglesia, porque no aceptas su doctrina. Estos cuatro obispos dicen haber leído tu libro y ha escrito un informe bastante largo y negativo, aunque confiesan al final que “eres una buena persona”, un buen cristiano... Y eso es lo que más les intriga y quizá más les molesta…

Le pregunté ingenuamente “y cómo saben que soy buena persona”. Tarancón me miro por encima de las gafas, a través del humo de su puro y me dijo:

− No preguntes eso. Si lo dicen es porque lo han investigado y lo saben, y porque te han “vigilado”, y han preguntado al Provincial de la Merced, por si podían buscar con él alguna otra solución, pero el Provincial les ha debido decir que no tenía nada contra ti, que eras un buen religioso y un buen cristiano, y que no puede ni quiere darte otro destino.

No veo lo que dices sobre un posible nacimiento irregular de Jesús

Tarancón siguió leyendo los folios. Yo no los tengo, creo que no se los pedí, ni me los ofreció, quizá tenía miedo a indiscreciones… Deben andar en algún archivo de la CEE, en Añastro, no voy a ir a buscarlos… Y así siguió leyendo hasta que se paró en lo del Nacimiento Virginal de Jesús, para comentar despues:

− Dicen que niegas el nacimiento virginal… Pero por lo que veo no debe estar muy claro, me parece que son deducciones que ellos sacan. Por lo que dicen debes dejar el tema abierto, en un sentido académico… De todas maneras me extraña muchísimo que digan que tratas de la posibilidad de que Jesús fuera un hijo extra-matrimonial de María…

En ese momento le paré y le pedí permiso para hablar…

− Mire, Monseñor, yo no planteo aquí el tema de la fe de la iglesia, ni quiero solucionar un tema de teología dogmática… sino que me limito a estudiar exegéticamente los textos, sin sacar conclusiones de fe; hago como me enseñaron los jesuitas en el Bíblico de Roma. Me limito a exponer lo que dice la Biblia, con pleno respeto y libertad, como pide el Concilio, dialogando, investigando… Como habrá podido advertir por lo que dicen los obispos, como teólogo, no me pronuncio, en ese nivel, no soy capaz de saber cómo fueron las cosas…Y por lo del nacimiento irregular no tenga miedo. Es un tema que están discutiendo muchos católicos y protestantes, tanto en Alemania como en Estados Unidos. Parece haber indicios de que en el nacimiento de Jesús debió ocurrir algo “distinto”, como supone el mismo evangelio de Mateo. Simplemente he presentado el estado de la cuestión, en un par de notas científicas. En ningún momento quiero ir en contra de la fe de la Iglesia, bien entendida, ni decir que María tuvo algún tipo de relación extramatrimonial (por violación o por simple engendramiento sin varón).

El tema de Jesús, hijo de Dios, y la persona del Espíritu Santo

Mons. Tarancón aceptó mis aclaraciones, pidiéndome sólo que fuera siempre respetuoso con la fe de los creyentes sencillos. Y pasó después a leer otro par de folios de mis censores sobre mi visión de la identidad de Jesús como Hijo de Dios y sobre la naturaleza de la persona del Espíritu Santo. Parece que decían que yo no creía que Jesús fuera Hijo eterno de Dios, como Logos divino, antes del tiempo, como decía, a su juicio, el Concilio de Nicea y el credo Niceno-Constantinopolitano, el largo de la misa,, sino que afirmaba que el mismo Jesús hombre era hijo de Dios…

Parece que mi forma de entender el Espíritu Santo, como relación dual del Padre y del Hijo y como principio histórico de la creación, no les convencía a esos obispos. En ese momento, cuando el Card. Tarancón estaba llegando al final de los folios y del puro, hice un gesto, pidiéndole que me dejara hablar, como en el caso anterior, de la Virgen María. Pero en ese momento se negó, de manera muy cortés, pero muy firme:

− No, no. No necesito ni quiero que me des tu opinión muy sabia, no voy a escuchar ahora una de tus clases de teología. He pensado mucho en lo que dicen estos cuatro obispos… y en lo que debes decir tú, aunque no he leído tu libro entero, y he visto muy claro que no sé quién tiene razón, si ellos o tú, ni me importa, pues yo soy un obispo y no un teólogo de escuela. Creo que estas cosas se pueden y se deben discutir, y me enfada mucho que haya obispos, que quieren meterse e imponer su opinión en cuestiones de pura teología, en unos momentos en que cambia la exégesis y la forma de pensar de la gente.

Dos cosas me pidió: Que confesara el credo pequeño y que fuera fiel a la Iglesia

Volví a hacer un gesto de que quería hablar, pero tampoco ahora me dejó. Me dijo que ésta no era una discusión de teología, como querían algunos obispos, sino una temática de Iglesia, esto es, de confesión y vida de fe, de comunión y de diálogo, de forma que hubiera espacio en ella para todos. Que no podía soportar que quisieran echar de la iglesia a gente como yo por sus opiniones discutibles, pero necesarias, en t eología. Y en ese contexto, con toda claridad, desde la fe de la iglesia, como “pastor”, no como teólogo, me pidió dos cosas.

Y al escucharlas me sentí como como una liturgia de Vigilia Pascual, cuando el celebrante pregunta a los asistentes sin creen, si se comprometen… En ese momento sentí y supe que Tarancón me hablaba como obispo y como cristiano, yendo a lo esencial, cosa que ni antes ni después han hechos obispos y cardenales que me daba la impresión de que sólo querían presentar y resolver el tema en un plano legal, de apariencia de fe, quedando bien con el Vaticano de aquel momento. Tarancón, en cambio, me dijo así:

− Te voy a preguntar dos cosas y quiero que seas serio, porque eso de enseñar teología en una Universidad de la Iglesia es algo serio:

Primera pregunta: ¿Tú crees en el Dios de Jesús y en Jesús Hijo de Dios? Más en concreto: ¿Confiesas el Credo? No, no hace falta que me recites el credo largo de Nicea-Constantinopla, que tiene cosas para resolver entre teólogos, como eso de la “mismo naturaleza que el Padre” y demás. Eso lo discutís y lo aclaráis en clase, si podéis, lo del concilio de Constantinopla y Calcedonia. Yo quiero sólo que me digas si crees y confiesas la fe del credo pequeño, el de tu abuela, eso que llaman el credo romano o de los apóstoles que dice simplemente: “Y en Jesucristo, su Hijo, nuestro señor…, que nació, que padeció, que resucitó, y en el Espíritu Santo…”.

Yo le respondí emocionado que sí. Había pensado que me llamaban para una discusión teológica, y descubrí que Tarancón sólo me pedía una simple confesión de fe, de palabra, no por escrito, de hombre a hombre… Y cuando estaba saliendo de mi asombro, él siguió en la línea de su credo pequeño, allí donde dice: “y en Iglesia católica, el perdón de los pecados, la comunión de los santos…”. También esta vez la pregunta fue muy sencilla, también de hombre a hombre, de pastor a cristiano:

Segunda pregunta. ¿Tú crees en la Iglesia? Ya sabes que creer en “ser fiel”. ¿Tú quieres ser fiel a esta Iglesia, no para tomarla sin más como es, sino para mejorarla? ¿Estás contento de ser cristiano y quieres vivir en la Iglesia concreta, con honradez, buscando el bien de todos, a pesar de posibles disensiones teológicas?

También aquí le respondí que sí, que lo que yo quería es caminar en los caminos de la Iglesia, como teólogo, en confianza y libertad…

No me escribas a la conferencia episcopal, allí está Jesús

No me dejó hablar mucho más. Estaba terminando el puro y pensó que la cosa estaba resuelta, añadiendo simplemente que tenía que ir a Roma para resolver algunas cosas al final de su mandato como Presidente de la Conferencia Episcopal, para pedirme al final:

− Por favor, esto que me has dicho escríbemelo en una carta, diciéndome las tres cosas que me has dicho: Que quieres trabajar con libertad, como exegeta; que crees en la divinidad de Jesús y del Espíritu Santo, como dice el credo más antiguo de la Iglesia, y que quieres mantenerse hondamente en la iglesia, con fidelidad

− Lo haré, no se preocupe, le respondí… (Y entonces, para mi gran asombro, él añadió…):

− Mándame la carta a mi casa de San Justo, por favor, como carta privada. No escribas a la Conferencia Episcopal, porque allí está Jesús y él y otros quieren manejar estas cosas de otra forma.

En ese momento no supe quién era Jesús, aunque tan pronto como salí al acabar la reunión, después que Mons. Tarancón me diera un abrazo de complicidad creyente, caí en la cuenta de que se trataba del famoso Iribarren, Secretario de la Conferencia Episcopal, casi vecino de mi pueblo, tras el Amboto... Me dio una pena infinita. Me di cuenta de que a él, al mismo Tarancón, le estaban manejando más que a mí.

Hizo lo que pudo, pero no pudo resolver el “caso”

Todo lo que sigue de esta historia debería contarse en otro momento, con más tiempo, aunque algo he dicho en un libro titulado Las Siete Palabras de X. Pikaza (PPC, Madrid 1996). Aquí sólo quiero añadir algunas cosas, que han marcado mi vida, y que se inscriben en el gran cambio de la Iglesia española y universal a partir del año 1981/1982,

− Tarancón fue a Roma, llevando entre otras cosas mi palabra de fe y mi compromiso eclesial, con mi carta firmada (¡debo tener una copia, pero no sé en qué papeles, no sé si entre los de Tarancón estará el original, aunque no en Añastro!). Pero en Roma no le hicieron ningún caso a sus propuestas, y mucho menos a mi confesión de fe, ni quisieron aceptar la forma en que él quiso resolver “caso”. Tampoco le hicieron caso en otros asuntos muchos más importantes, y rechazaron su forma de entender la Iglesia en España.

− A principios del año 1982 me llamaron a Madrid A. García Gasco (que debía ser de la Comisión de la Doctrina de la fe, luego arzobispo de Valencia) y J. Iribarren (secretario de la CEE, 1977-1982)… Fue el día en que se constituyó la Asociación de Teólogos Juan XXIII. Estuve por la mañana en Añastro, por la tarde con la Asociación. Pero no he vuelto después, pues ni unos ni otros me han llamado, y así he preferido andar a mi aire, con la libertad de los hijos de Dios. Iribarren y Gasco estaban muy serios. No me hablaron de Tarancón, como si no hubiera existido, como si yo no hubiera tenido ninguna entrevista con él. Me presentaron otros papeles, y debí firmar algo. Pero no estoy seguro de ello.

− Avanzado el año 1982, me llamó el nuevo presidente de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1981-1984), el obispo de Plasencia, Mons. Antonio Vilaplana. Me invitó a comer en su apartamento del palacio episcopal, con su mejor coñac, calentado en copa grande de mechero… Y me dijo que lo de Tarancón no había valido de nada. Que se habían reído de él en Roma, que era demasiado ingenuo, demasiado bueno para el Vaticano… Que ahora debíamos arreglar las cosas de otra forma, y que él lo haría en Roma. Me pidió que escribiera no sé qué, que escribí… Pero más que mi “caso” hablamos del suyo, porque esperaba ser Arzobispo de Barcelona, después de N. Jubany…

− Tampoco Vilaplana arregló nada, y así el año 1984 fui despedido de Salamanca… y así deambulé entre Roma, Verín y Salamanca (aunque no en la Universidad), varios años, a solas con mi teología que ya no era ingenua, mientras parecía que muchos olvidaban a Tarancón.

− Tres años (1987) después me escribió el Card. A. Suquía, nuevo presidente de la CEE, una carta que debo conservar, no sé si lo hizo como amigo (amigo de familia de una tía mía) o porque se sentía responsable de mi caso… Él había hecho la tesis doctoral sobre San Ignacio de Loyola, y así me pedía que me sometieron en todo, incluso contra mi parecer, al parecer de la Iglesia. Quizá se sentía responsable de algo.

El año 1989 volví a dar clases en la Pontificia de Salamanca, pero en condiciones "humillantes" (que no expusiera temas de fe, sino "marías" (temas de pura Biblia,
filosofía o fenomenología,
pero las cosas no eran como habían sido, ni la Universidad, ni la Iglesia, ni yo… Sólo ahora, con Mabel, pasados casi 40 años, en este año de gracia 2017, vuelvo a recuperar mi ingenuidad teológica.

Muchas cosas han pasado… y en el fondo todas para bien. Pero entre lo bueno, de lo más bueno ha sido mi encuentro con Mons. E. Tarancón, a quien de mucho, mucho más de lo que él quizá ha creído. Ahora, a los 110 años de su nacimiento se lo quiero decir.

 

Los laicos en la iglesia



Todos somos sacerdotes. Todos y todas nacimos para serlo, aunque algunos lo nieguen y digan que sólo los consagrados se merecen ese tratamiento.
La Iglesia que fundó Jesús es el nuevo pueblo de Dios: un pueblo sacerdotal, profético y real. “Jesucristo es Aquel a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido ‘Sacerdote, Profeta y Rey’. Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas”, indica el Catecismo (783).
El Papa ha advertido en diferentes ocasiones ante el peligro del clericalismo.
Clerical es el sacerdote encerrado en sí mismo, en sus propios horizontes, que no consulta, que no da espacio a los demás, sobre todo a los laicos, ni les reconoce el papel fundamental que tienen en la misión de la Iglesia. Los sacerdotes clericales consideran que pueden dominar, sobre todo, a los pobres y a los ignorantes, y que pertenecen, de alguna manera, a una casta, por lo que se atribuyen privilegios y poderes. El «clericalismo» daña a los sacerdotes, porque genera una distorsión de su misión, y daña a los laicos, porque les impide crecer como cristianos adultos.
El Papa cree que un sacerdote y obispo debe tener un corazón misionero, la antítesis de un corazón clerical. En “La alegría del Evangelio,” Francisco escribe que “un corazón misionero nunca se cierra en sí fuera, nunca se refugia en su propia seguridad, nunca se opta por la rigidez y la actitud defensiva. Se da cuenta de que tiene que crecer en su propia comprensión del evangelio y en el discernimiento de los caminos del Espíritu, y por lo que siempre hace lo bueno que pueda, incluso si en el proceso, sus zapatos se ensucian por el lodo de la calle. ”
Jesús no necesitó edificios, ni oficiales a sueldo, sino que proclamó e instauró el Reino de Dios, sin mediaciones jerárquicas. Habló con parábolas que todos podían entender  y actuó con gestos que todos podían asumir, abriendo cauces personales de solidaridad entre los excluidos y necesitados pero, sobre todo, como amigo de los pobres. Acogió y perdonó a los excluidos, y compartió la comida a campo abierto con aquellos que venían a su lado, buscando salud, compañía o esperanza, cuidando de un modo especial a los niños, mujeres, enfermos y expulsados de la sociedad.
Resulta  también curioso, que justo cuando la Iglesia está en crisis, cuando las parroquias se cierran, cuando no hay curas, ni monjas suficientes para abarcar todo, se acuerden de los laicos. Y ¿de qué laicos quieren echar mano? ¿Se preocuparon, en la época de lo que consideraban "vacas gordas", de formar y promover un laicado bien preparado, capaz de vivir el Evangelio y de comprometerse con la Iglesia? No. Estaban muy ocupados fomentando el clericalismo y haciendo afirmaciones, en las que los Obispos, curas, religiosos eran el no va más. Y ahora ¿se acuerdan de los laicos? Ustedes se apoderaron de lo que decían ser la verdad y nos predicaron a los laicos el sometimiento a sus verdades parciales y no siempre evangélicas a golpes de miedo y condenas al infierno. Y ahora...somos todos. ¿A cuántos laicos se les ha dicho que no, por la sencilla razón de que no se fiaban de ellos? Ustedes guardaron el Evangelio bajo siete llaves y nos ofrecieron agua que no venía de la fuente y justo ahora cuando no hay curas, se cierran conventos y se acaban congregaciones religiosas, ustedes quieren echar mano de un filón que no es suyo, porque a golpe de doctrina y adoctrinamiento alejaron a los hombres, a los jóvenes, a los trabajadores y hasta a las mujeres de la Iglesia. Y ahora, cuando esto es un erial, ¡van y se acuerdan de los laicos!
 
Menos comidas en restaurantes caros, menos hacerse grandes casas para vivir cómodamente, menos coches de lujo, menos imponer doctrina, menos privilegios y más tomar el arado del Evangelio hasta que salgan callos en las manos y hasta en el alma...y entonces puede que pueda ser posible sembrar semillas en una tierra que esté bien preparada. Ah! Y como me llamarán catastrofista, o amargado...de antemano les digo que nada de eso. Examínense un poquito si tienen el valor suficiente para ello. 
Jesús fue laico, no sacerdote. No quiso reformar las instituciones sacrales antiguas, ni crear unas nuevas, sino potenciar los valores de la vida, partiendo de los excluidos, en línea de gratuidad, siendo asesinado por ello. Sus seguidores creyeron en él y fundaron comunidades para mantener su memoria, centrada en el mensaje de Reino, el perdón y el pan compartido.
En el Gran Diccionario de la Biblia (Estella 2015, págs. 1352-1357). Xabier Pikaza
Dice allí, con la Biblia de Jesús, que lo importante es vestir al desnudo, no vestirse de importante.
La afirmación reformada del sacerdocio universal de todos los fieles (1 Pedro 2:9; Apoc 1:6; 5:10) impulsa, lógicamente, un proceso de progresiva democratización dentro de la Iglesia, y por consiguiente dentro del mundo moderno.
Al denunciar la tiranía del Vaticano, Lutero exigió a la iglesia "restaurar nuestra noble libertad cristiana" (Wolin  p.158) también en las iglesias evangélicas.
El pastor ha de ir por delante de la grey, pero no tanto con la autoridad vivida como poder sino vivida como servicio gratuito, respetuoso y humilde. Así lo hizo el Señor Jesús, que vino no a ser servido sino a servir.
Hoy día, tanto en círculos católicos como protestantes, se reconocen los carismas de todos los fieles y se cuestiona constantemente el clericalismo. El poder mundano no atrae a nadie.
La prueba la tenemos en la cruz de Cristo, que ejerce un poder infinitamente mayor que el poder mundano. Jesús, desde la cruz, nos atrae. Me viene a la mente aquellas palabras del Magnificat: «Su abrazo intervendrá con fuerza, desbarata los planes de los arrogantes, derriba del trono a los poderes y exalta a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos».
 

martes, 12 de diciembre de 2017

El trabajo del pastor


 
 
El verdadero trabajo del Pastor — (Hechos 6:2). "Así que los doce reunieron a toda la comunidad de discípulos y les dijeron: “No está bien que nosotros los apóstoles descuidemos el ministerio de la palabra de Dios para servir las mesas. “No está bien que nosotros dejemos de anunciar el mensaje de Dios para dedicarnos a la administración.”
En primer lugar, no era que los apóstoles tuvieran el servir mesas como algo indigno del puesto de ellos. Algunos de los apóstoles habían sido pescadores, y estaban acostumbrados a trabajar con sus manos. Sino que era que ellos entendían muy bien el mandato de JESUCRISTO a sus vidas, y sabían bien que la prioridad de ellos era: la enseñanza de la Palabra de Dios, y la oración.
Su misión no es el servicio concreto en las cuestiones materiales que, aparentemente, ha motivado su elección. En cambio los vemos dedicados al servicio de la palabra precisamente, y no de las mesas. Tales son los casos de Esteban y Felipe. Por lo tanto puede pensarse que estos hombres, todos con nombre griego, son los dirigentes de la comunidad judeo-helenística de Jerusalén. Resulta interesante notar la autoridad que poseen los Doce para encomendar alguna misión a otros. Esto valdría tanto para el servicio de las mesas cuanto para la predicación. Bien pudieran usar también el antiguo  rito judío de imposición de manos aunque no necesariamente se ha de suponer que estuviera en uso tan pronto dentro de la Iglesia.
El trabajo del pastor no es un trabajo fácil, porque el pastor tiene que lidiar con todo tipo de caracteres.
El pastor no puede agradar a todo el mundo, pero sí tiene que tener cuidado que esté agradando al PASTOR de los PASTORES que es JESUCRISTO.
El pastor CORRIGE a las ovejas que se descarrían, o hacen algo indebido, o caen en el error doctrinal.
RESUMEN: El deber más importante del pastor es la enseñanza de la Palabra de Dios.
 
En primera instancia el pastor  es un guía espiritual cercano. Es un instructor de la Palabra de Dios y esto supone una alta responsabilidad 2) El pastor  es un verdadero orientador espiritual y consejero familiar en diversas cuestiones de la vida. Impartir ánimo y consolación a la gente se le convierte en una facultad otorgada por la Divinidad 3) También es frecuentemente un mediador que interviene en diferentes conflictos humanos. 4) Es, en muchos casos, un mentor que acompaña el proceso de formación espiritual de la gente. 5) El pastor  es un facilitador en las relaciones interpersonales, es un constructor de puentes entre personas. 6) Es también un médico del alma, pautando sabios consejos bajo la guía del Espíritu Santo y la Palabra de Dios. 7) Por definición es un hombre solidario y un buen samaritano con las necesidades reales de las personas. En definitiva,  es y se supone que sea un auténtico maestro del bien.
 
 

Roberto Badenas, Frente al Dolor



Aliento y esperanza frente al sufrimiento humano
Roberto Badenas es doctor en teología por la Universidad Andrews (Michigan, EE. UU. ), especialista en Filología bíblica y profesor de Nuevo Testamento. Autor de diversas publicaciones,  sus libros más allá de la Ley, para conocer al Maestro en sus parábolas y encuentros.  (su obra más conocida hasta el momento, traducida y editada en inglés, francés, alemán, italiano, portugués, rumano y catalán) forman asimismo aprte de la serie semillas de esperanza.
Roberto Badenas en su libro desarrolla una perspectiva bíblica del sufrimiento, haciendo un esfuerzo por acudir primero que nada al texto bíblico, y ver lo que la Palabra de Dios nos enseña respecto al sufrimiento. También nos da una perspectiva teológica del sufrimiento. En su libro también nos enseña a descubrir las doctrinas que la Biblia enseña respecto al sufrimiento y cómo ellas se relacionan a la comprensión de Dios que tiene el ser humano.
En su libro nos habla también del silencio divino. Dios está siempre presente con nosotros… pero hay momentos cuando nos despoja de su presencia en nuestra conciencia.
 
Quién no sintió un escalofrió al leer o escuchar la oración desgarradora de Jesús en la cruz: “Padre, por qué me has abandonado”. Posiblemente también existieron momentos en nuestra vida en los que tuvimos una fuerte identificación con aquellas palabras. A veces cargadas de reproche, otras de impotencia y aun de perplejidad. Antonio, en su libro nos muestra también como en el caso de Job muchos personajes bíblicos vivieron esta experiencia a la que convenientemente se le denomina desierto. Por momentos desde el dolor, pensamos en una incomprensible crueldad: Dios parece que nos suelta de la mano en una especie de “arréglate como puedas”, pero en el contexto de un oráculo de esperanza, dios proclama en el libro de Isaías: “era como una esposa joven abandonada y afligida, pero tu dios te vuelve a llamar y te dice: “por un pequeño instante te abandoné, pero con bondad inmensa te volveré a unir conmigo. En un arranque de ira, por un momento, me oculté de ti, pero con amor inmenso te tuve compasión:( Isaías 54, 6, 8). Esta imagen quizás nos permita aproximarnos a la comprensión de la táctica divina: Dios suelta nuestras manos esperando el paso: Qué pasaría si lo spadres no dejaran a sus padres en la difícil experiencia de la soledad para caminar?
¿Podemos imaginar una vida en la que una persona a los cuarenta años camina todavía de la mano de sus progenitores. Cuál es nuestra actitud cuando al intentar una y mil veces la oración sentimos vacío y soledad.  En la oscura noche del alma se sufre y se gime pero se crece.

Roberto Badenas nos explica muy bien en su libro como La experiencia del dolor y del sufrimiento en nuestra vida se acepta y nos fortalece solo en la fe. Desde esta óptica, la fe nos ayuda a penetrar el sentido de todo lo humano y, por consiguiente, también del sufrir. Así pues, existe una íntima relación entre la cruz de Jesús y nuestro dolor, que se transforma y se sublima cuando se vive con la conciencia de la cercanía y de la solidaridad de Dios.
"Aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día" (2 Corintios 4:16).
Oye la verdad que Pablo nos está declarando y entonces descubrimos para qué nos suceden las pruebas que afrontamos:
"Sí, es verdad que todos estos problemas y pruebas han desgastado mi cuerpo, mi carne va decayendo, pero al mismo tiempo, algo maravilloso está sucediendo en mi alma. Todas estas cosas están obrando para bien en mí, y estoy creciendo en mi conocimiento del Señor y sus caminos".
Pablo sabía que estaba viviendo en la perfecta voluntad de Dios. Se daba cuenta de que todas sus pruebas no estaban sucediendo porque estaba bajo la ira. Por el contrario, Pablo sabía más profundamente que nunca que era muy amado por el Señor.
En resumen, Pablo había aceptado su situación y estaba aprendiendo la paciencia: "Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa" (Hebreos 10:36).
Y no sólo esto, sino que hasta de las tribulaciones nos sentimos orgullosos sabiendo que la tribulación produce paciencia; la paciencia produce virtud sólida y la virtud sólida, esperanza. Una esperanza que no engaña porque, al darnos el Espíritu Santo, Dios ha derramado su amor en nuestros corazones.

Pablo cruzó el desierto. Cárceles, azotes, persecuciones, hambre, enfermedades, falsos hermanos 2 Corintios 11: 24-33; 12:1-8. ¡Jamás se dio por vencido! Se mantuvo firme en Dios valiente y esforzado. Cuando tomamos conciencia de nuestra muerte, cuando menguamos, el Señor puede crecer en nosotros. Cuando ya no tienes muletas ni bastones para apoyarte, cuando estás incomunicado en tu destierro, en la soledad, pasando por la esterilidad, en la tierra seca, sin provisiones, cuando nadie parece acordarse de ti, cuando parece que Dios y los hombres te abandonaron, nunca te rebeles y te quejes. Extiende tus raíces bien hondas en busca del agua, porque verdaderamente hay agua de vida en esos momentos duros. Desde luego que no es superficial, es una experiencia profunda en Dios. Cristo fue abandonado por Dios y por los hombres cuando exclamó: Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado? (Mateo 27:46).
El libro de Roberto Badenas se propone servir como ayuda para hacer Frente al Dolor con dignidad y realismo. Animo a todos mis lectores a que adquieran un ejemplar de este libro magistral de Antonio Badenas cuyo objetivo es ayudar a combatir y a sobrellevar la realidad del dolor hasta donde sea posible. Con ánimo y esperanza.
Para mis lectores de El Ferrol les informo que pueden adquirir el libro de Roberto Badenas en la  Librería Galiano Ferrol - C/ Galiano, Nº 15 Librería con venta exclusiva para Ferrol de la Editorial Safeliz
 
 
 
 

lunes, 20 de noviembre de 2017

Las pitadas desde el pulpito.




Lo malo de algunos curas no es que defiendan con pasión unas determinadas ideas (esto hasta parece bueno); lo malo es que empiezan defendiendo sus ideas y pasan a defender sus maneras personales de  formular o entender esas ideas; empiezan luego a confundir sus ideas con sus manías, y terminan finalmente obligando a todo el mundo a aceptar ideas, formas y manías personales.
Hay predicaciones que parecen correcciones y llamadas de atención, y no precisamente fraternas,  como si la misión de los sacerdotes fuera recriminar y amonestar en vez de ilusionar y animar a sus fieles. Esto es un fruto del clericalismo que abunda mucho en la iglesia, como ha dicho el papa. Hay sacerdotes que se sienten más dueños que servidores. “Aquí quien manda soy yo”, también le he oído decir en alguna ocasión que sus homilías no son sino el reflejo de esa autoridad trasnochada. La gente está cansada de su trabajo de toda la semana y lo único que no quieren es que, encima, alguien les eche una bronca.
Jesús No necesitó edificios, ni oficiales a sueldo, sino que proclamó e instauró el Reino de Dios, sin mediaciones jerárquicas.
El tiempo es otra de las razones por las que, muchas veces, los feligreses desconectan del sacerdote. No se puede predicar más de ocho minutos porque la gente está acostumbrada, en este tiempo, a estímulos rápidos y escuchar más de ocho minutos le resulta muy difícil. Y hay quien se empeña en hablar y en hablar sin parar, como si en ello le fuera la vida y termina aburriendo a las ovejas.
Adorarse a sí mismo es tarea placentera. Y, a esto se ven, más tentados los llamados hombres públicos que, como pasan la vida subidos a plataformas, pulpitos y pedestales tienen fácil tendencia a olvidar su estatura, pero esta clase de personas son las que se odian a sí mismos y no se perdonan por no haber realizado todos sus sueños, son personas decepcionadas de sí mismas y convierten su decepción en amargura y mal café.

domingo, 27 de agosto de 2017

Juan Cabo, amigo del alma


 
 
Se cumple el primer aniversario de la muerte de un amigo, de un hombre de Dios que hizo opción por los marginados sociales, por los pobres, por las clases humildes. Después de un año de la gran pérdida de un amigo como tú la experiencia de situaciones dolorosas me ha hecho comprender que nada de lo pasado está perdido; que Dios recoge de nuevo con nosotros nuestro pasado, que nos pertenece. Entiendo que no hay nada que pueda sustituir la ausencia de una persona querida, en principio parece muy duro y es un error decir que Dios llena ese vacío; Dios no lo llena de modo alguno porque al quedar el vacío sin llenar nos sirve de nexo de unión con la persona querida ayudándonos a conservar nuestra autentica comunión, aunque muchas veces sea con dolor. Por otra parte al ser tan ricos y hermosos los recuerdos que pasamos juntos por momentos se hace más difícil  la separación, pero uno no lleva en sí los recuerdos buenos del pasado como si fuesen un aguijón, sino como un valioso regalo. Entonces es cuando emanan del pasado una alegría y una fuerza duradera.
Así pues, cuando la nostalgia de lo vivido me domina – lo cual me ocurre en momentos imprevistos- sé que sólo se trata de una de las muchas “horas” que Dios siempre tiene a punto para cada uno de nosotros. Y entonces comprendo que no debo volver al pasado por mi propia cuenta, sino en compañía de Dios.

Nada se Pierde en cristo Jesús; en Cristo todo se guarda, se conserva. Cristo lo restituye todo. Cristo es el verbo de Dios, por quien, y para quien, fueron creadas todas las cosas. Todo lo que existe, está bajo la autoridad y señorío de Cristo, esto lo han reconocido todos los creyentes en toda la historia del pueblo de Dios. El salmista David se asombra de la obra de Dios y reconoce la inmerecida misericordia de parte de su majestuosa divinidad. “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Dios es nuestro refugio y fortaleza, socorro siempre a punto en la angustia. Por eso no temeremos aunque tiemble la tierra y los montes se hundan en el fondo del mar. Aunque bramen y se agiten las aguas, y con su oleaje sacudan los montes” (Sal. 46:1-3).
La revelación de Dios en Cristo nos trae esperanza, podemos descansar en la verdad que todas las cosas están unidas bajo el mando de Cristo, que nada se escapa de su control, y que nosotros mismos no escapamos de su soberano y tierno amor, en medio de cualquiera que se nuestra situación.
Que el Señor premie la generosa entrega  de ti mismo en favor de la Iglesia y de los más necesitados haciendo de la predicación de la verdad evangélica y de la caridad pastoral programa de tu ministerio como apóstol de Cristo, testigo del misterio pascual de Cristo en el que creíste e hiciste razón de tu vida y motivo de predicación.
Porque creíste y viviste exhortando a poner la confianza en Dios y tener siempre esperanza, mientras te aplicabas a ti mismo las palabras de san Pablo: “Creí, por eso hablé, también nosotros creemos  y por eso hablamos, sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús y nos presentará ante él juntamente con vosotros” (2 Cor 4,14).
Los cristianos tenemos la esperanza de ser contados entre los que entrarán en la vida eterna, porque, siguiendo las enseñanzas del Apóstol, sabemos y así lo creemos que el bautismo nos ha configurado con la muerte de Cristo y con su resurrección, de suerte que “si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya” (Rom 6,5). De esta suerte la vida del cristiano es verdadera vida en Cristo que se prolongará definitivamente una vez hayamos pasado por la muerte. Bien puede por esto mismo añadir el Apóstol en la carta a los Romanos: “si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6, 8).
José Carlos Enríquez Díaz
 

domingo, 16 de julio de 2017

Respuesta de A. Álvarez a obispos de Paraguay: ¡Jesús os ama!:

 
 
La Iglesia le prohibió al biblista Ariel Alvarez publicar, enseñar y usar los medios por supuestos errores doctrinarios. Antes el cardenal Bertone le exigió que se retractara diciendo que era por iniciativa propia y no porque se lo impusieron y al obispo Polti que asumiera la responsabilidad de la sanción desligando al Vaticano.
El Vaticano ahora juzgará a los antiguos responsables del hospital Bambino Gesù por desviar 442.000 euros para la reforma del piso
El ático tenía más de 300 metros cuadrados y una magnífica terraza de otros 100. El todopoderoso cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano con Benedicto XVI (cargo similar al de un primer ministro) trasladó ahí su residencia y quiso reformarlo, aunque la idea fuese a costar algunos cientos de miles de euros. Más allá de la escandalosa cifra, el problema es que parte de ese dinero, como quedó demostrado, se obtuvo de los fondos del hospital para niños del Vaticano Bambino Gesù. Su antiguo presidente, Giuseppe Profiti, y el extesorero, Massimo Spina, serán juzgados ahora por un tribunal del Vaticano por malversación. Bertone, que sigue viviendo en el famoso ático, a 50 metros de la mucho más modesta residencia del Papa, no se sentará en el banquillo. La gran incógnita es si durante el proceso será llamado a declarar como testigo.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino,
‒ pero descuidáis los aspectos de más peso de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello.
‒ ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! (Mt 23, 23).
Esos valores de los que, según el evangelio, debería hablar la Iglesia (justicia, misericordia, fiabilidad)
Y como dijo el Señor: “Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño; así se hicieron grandes y ricos. Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿No castigaré esto? dice el Señor; ¿y de tal gente no se vengará mi alma? Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin?”(Jeremías 5: 27-31)
Si realmente estamos a Las puertas de una nueva época , si nos encontramos ante un novum històrico , la novedade ha de afectar a la iglesia misma . A ella sobre todo se le dice con palabras de Isaìas : "Mira , ahora hago nuevas todas las cosas" (Is 65,7); y a ella se le exige ser coherente con su mensaje de desprendimiento .
¿Como podrá desprenderse la que es tan rica , la que tiene tan inconmovible verdad, tan segura doctrina, tan larga tradiciòn, tan clara identidad , tan eficaz organizaciòn , tan fuere autoridad , tan rica liturgia ... Por de pronto, hay que recordar que “no es el discìpulo màs grande que su maestro” (Lc6,40), y que este siendo de condiciòn divina ,decidió desprenderse de ella (Flp2,4). No será mucho esperar que la Igresia decida hacer lo mismo. También a ella se refiere aquello de que “quien quiera ganar su vidala perderá “(Mc8,35). De manera que si en este tiempo ecumènico la Igrexa desea a todo trance conservar a su verdad , su docrina, suidentidad,  su organizaciòn..., puede  que que gane elmundo -y eso es dudoso-, pero ciertamente corre el peligro de perder a su alma.
Cada vez que se le pidio la capa, procuro arramblar también con el manto. Para  su desconsuelo –y su seu desconcierto-, al final se encuentra màs desnuda que antes: veía como se le alejaba China, como se le oponia la clase obrera, como se divorciaban de ella los intelectuales
Si en estos tiempos nuevos la Iglesia se sigue aferrado a su verdad, a su ley, a su doctrina, a su identidad... y razonado que se trata de un patrimonio indiscutible , se irá convirtiendo en una secta nen el mercado plural de las religiones. Una secta acaso poderosa acaso influyente e enarbolando el glorioso nombree de “católica” pero una secta, al fin.
Nadie es neutral ante el poder, como tampoco lo es ante la sexualidad. Tratamos de poseerlo, y nos posee. Con el poder estamos necesariamente implicados; de ahí su ambigüedad.
Necesitamos educarnos en el ejercicio del poder, porque, según cómo lo usemos, puede destruir o puede liberar y dignificar a los humanos.
En el Día del Juicio, muchas personas van a ser acusadas por malgastar lo que fue designado para una causa caritativa.
¿cómo expresamos en nuestras vidas quién Jesús es y como es él?
Respuesta de A. Álvarez a obispos de Paraguay: ¡Jesús os ama!: