lunes, 22 de abril de 2013

Lutero y la Eucaristía



Lutero ha tenido intuiciones profundas y ha hablado palabras importantes con respecto a la eucaristía. Fue hace cuatrocientos años (1529). En Marburg, la ciudad del duque de Hessen, Martín Lutero tuvo un encuentro con Ulrich Zwingli.  El reformador suizo Zwingli presentó su doctrina: En la Misa el pan sólo sirve como símbolo, como signo del cuerpo de Cristo. Entonces Lutero entró en cólera y dijo: "¡Esta palabra es demasiado potente! Dice: Esto es mi cuerpo. No se puede tergiversarla".

Narraré a continuación un importante suceso acaecido en la ciudad alemana de Marburgo en Octubre de 1539. Lutero se reúne con un numeroso grupo de teólogos protestantes con la presencia del reformador suizo Zuinglio. La idea era ponerse de acuerdo para darle una unidad a la “nueva fe” de los protestantes. En vano intentó Lutero convencerles de que no se podía renunciar a la fe en la verdadera presencia de Jesús en la Eucaristía, basada en la afirmación de Jesús en la última cena: “Esto es mi cuerpo”. Efectivamente, Lutero se había apartado ligeramente de la doctrina tradicional católica enseñando que el pan no se transformaba en el Cuerpo de Cristo, sino que Jesucristo se hacía presente en el pan sin que éste desapareciese. Pero limitando esa presencia de Jesús al momento de la celebración sin que permaneciese presente después. Calvino sin embargo sólo admitía una presencia del poder de Cristo, pero no del mismo Jesús. Zuinglio enseñaba que la celebración eucarística era un mero recuerdo de la última Cena. De este modo los llamados reformadores se apartaban a pasos agigantados de uno de los centros de la fe y de la vida del cristianismo de todos los siglos.

La celebración de la Cena del Señor, la fracción del pan como se llamó en un principio o la Eucaristía como todavía hoy se denomina es algo esencial en la Iglesia. Desde los primeros siglos la iniciación del cristiano alcanzaba su plenitud con la participación en la mesa del Señor donde el mismo Cristo se convierte en nuestra comida. Como botón de muestra de una elocuencia maravillosa transcribamos algunas palabras de S. Justino Mártir, que vivió en el S. II, en su primera Apología en defensa de los cristianos: “Porque no tomamos estos alimentos como si fueran un pan común o una bebida ordinaria, sino que, así como Cristo se hizo carne, del mismo modo hemos aprendido que el alimento sobre el que fue recitada la acción de gracias (en griego eucaristía) que contiene la palabras de Jesús (se refiere a las que pronunció en la última cena) es precisamente la carne y la sangre de aquel mismo Jesús que se encarnó”. Después hace una descripción de la celebración que tenían los cristianos en día del sol en el calendario romano y que el cristianismo llamó luego domingo (día del señor). Curiosamente el esquema es idéntico al de una Misa de nuestros días.

 Martín Lutero, el fundador de la reforma protestante creía en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. En 1529, él puso sobre la mesa el tema de la transustanciación en la famosa conferencia de Marburg junto a Zwingli y a otros teólogos suizos. Lutero mantenía su visión de que Cristo estaba presente en el pan y el vino de la Eucaristía

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