martes, 24 de mayo de 2016

La crisis no ha terminado



Uno de cada cinco españoles, el 22,1 % de la población, se encuentra en riesgo de pobreza, es decir que vive con menos de 8.011 euros anuales, al tiempo que los ingresos de los hogares han caído un 0,2 % hasta los 26.092 euros al año.


No obstante, el ingreso medio por persona ha crecido el 0,3 % hasta 10.419 euros, lo que se explica por la reducción del tamaño medio del hogar.


Estos son los últimos datos de los que dispone el Instituto Nacional de Estadística (INE), que forman parte de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) elaborada con datos de 2014 y difundida hoy, y que en cuanto al riesgo de pobreza se mantiene en similar porcentaje.


Advierte el INE de que la tasa de riesgo de pobreza de los menores de 16 años es del 28,8 %, es decir que afecta a casi uno de cada tres, mientras que la de los mayores de 65 años es del 12,3 %.

El «riesgo de pobreza», explica Estadística, es un indicador que mide desigualdad, no pobreza absoluta, sino cuántas personas tienen ingresos bajos en relación al conjunto de la población.

La reforma constitucional española modificó el artículo 135 que viene a decir que antes de que el pueblo pueda comer, los acreedores de la deuda tienen preferencia de cobro.


La Iglesia viene guardando un largo silencio de complicidad y miedo o de respeto e ignorancia cristiana ante los partidos de gobierno y los gobiernos, tanto de populares como de socialistas.

Todo el proyecto mesiánico de Jesús se funda en esta exigencia de justicia social que responde al juicio de Dios, como decía Mt 12, 18-20 (¡anunciará el juicio a las naciones) y que ratificará Mt 25, 31-46.

¿Por qué nuestra idea de servicio se restringe muchas veces a la idea del servicio en las tareas del templo? Para un cristiano que acepta el Evangelio en su integridad, que entiende lo que es la auténtica espiritualidad cristiana, debería ser imposible la pasividad en relación con el prójimo empobrecido o marginado. La vivencia del Evangelio, nos debería empujar, necesariamente y de forma natural, al compromiso con el prójimo sufriente, con el prójimo en necesidad del que hoy no podemos decir que no tenemos noticias, pues incluso los medios de comunicación nos muestran sus sufrimientos incluso cuando estamos relajados en casa

A veces nos sentimos impregnados de contravalores paganos que nos animan a ponernos de espaldas al dolor del apaleado. Desde este posicionamiento, no podemos ser ni evangelizadores, ni anunciadores, ni testigos del auténtico Evangelio, ni testigos de Jesús, Evangelio de Dios a los pobres, aunque, obviamente, su evangelio era para todos.

















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