domingo, 19 de marzo de 2017

Xabier Pikaza: Jesús educador


 
 
Editorial Khaf
Xabier Pikaza
Nació el 12 del VI de 1941 en Orozko, Euskadi.
– Ha cursado estudios en la Universidad Pontificia de Salamanca (Doctor en Teología), en la Universidad de Santo Tomas (doctor en Filosofía) y en Instituto Bíblico (Roma); ha ampliado estudios en las universidades de Hamburg y Bonn (Alemania).
– Ha sido religioso de la Orden de la Merced y presbítero de la Iglesia católica, siendo catedrático de la Universidad del Episcopado Español. Ha debido abandonar la enseñanza oficial y ha renunciado a la vida religiosa. Actualmente está casado con M. Isabel Pérez Chaves.
– Doctor en Teología por la Univ. Pontificia de Salamanca (1965), con una tesis sobre Dialéctica del Amor en Ricardo de San Víctor
– Doctor en Filosofía por la Univ. de Santo Tomás de Roma (1972), con una tesis sobre Exégesis y filosofía en R. Bultmann
– Licenciado y candidato a doctor en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma (1972)
Lo importante para nosotros no es lo que quiere la Iglesia, sino saber lo que quiere Jesús.
No por un interés personal, sino pensando en todos los hombres y mujeres para el que el mensaje de la Iglesia institucional se ha vuelto extraño. ¡Cuántas leyes impuras y duras, cuantas esperanzas y consuelos falsos turban todavía en nuestros días la palabra límpida de Jesús y dificultan la verdadera conversión de muchas personas!. Cuando las Sagradas Escrituras nos hablan del seguimiento de Cristo predican la liberación de los hombres y de las mujeres con respecto a todos los preceptos humanos, con respecto a todo lo que nos oprime y nos agobia y a todo lo que oprime y atormenta las conciencias. Todavía hoy en día es muy difícil caminar por el estrecho sendero de las decisiones eclesiásticas manteniéndonos en la inmensidad del amor de Jesús para con todos los hombres.

Si existiera un premio Nobel para la teología no me cabe duda de que Xabier Pikaza sería merecedor de él por sus magistrales obras.
En su libro Jesús educador Xabier habla de las tristezas personales que no se identifican con la depresión ni con la angustia, aunque son muy dolorosas,  que en general suelen venir de la soledad o de las rupturas familiares o sociales. Xabier  dice en su libro que los cristianos debemos ser hombres y mujeres capaces de consolar a los tristes, sabiendo que las cosas importantes no se resuelven con el dinero, sino con el gozo y seguridad de la presencia humana cariñosa y fuerte en un tiempo en que muchos médicos no nos saben ofrecer más remedios que un muestrario de productos químicos  o anti-depresivos, estimulantes que no curan, sino que se limitan a inhibir los síntomas de la soledad o el mal estar.
Xabier nos dice que el mayor problema de la humanidad de este siglo XXI es la epidemia de la tristeza y la falta de consuelo que nos envuelve y tiende a dominarnos, llevándonos no sólo a varios tipos de depresión, sino también a la violencia y la soledad, e incluso al suicidio. Siendo el suicidio el mayor riesgo de un tipo de sociedad que se llama avanzada, pero que corre el riesgo de detenerse y estallar.
Esto hace cuestionarme: ¿Qué es lo que tenemos para dar a los otros que están en problemas? ¿Qué ha hecho el Espíritu Santo en cada uno de nosotros para que podamos  traer sanidad a nuestros amigos y familiares heridos?
No es una cuestión de medios o de caridad. Las palabras amables de simpatía no son suficientes. Una bolsa de comestibles no es toda la respuesta. Todas estas cosas son buenas y escriturales, pero ninguna de ellas en sí mismas son capaces de sanar corazones.
“Para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:4).
Xabier nos enseña que co-habitar, es ser unos en otros. Que no se trata de existir unos al lado de los otros, sino de “habitar con” compartiendo espacios y tiempos de vida (de oración, de comidas...) recordándonos la experiencia de Pablo tal como expresó en sus cartas (Colosenses y Efesios) donde se multiplican las palabras- con que muestran la vinculación de los creyentes, que han sido co-vivificados con Cristo (Ef 2,5), formando una Koinonía, fundada no solo en la participación de unos mismos dones y de tareas, sino en la comunión integral de unos con otros, construyendo una casa común para habitar una tierra de todos.

Xabier también nos habla en su libro sobre la oración de petición.

Jesús es el primero de todos los orantes que ha pedido la ayuda de su Padre. Sabe que “Dios le ha dado todo” (cf Mt 11, 25-27), pero al mismo tiempo todo lo pide como don, como regalo que recibe de su gracia. Siguiendo a Jesús, los cristianos también piden, de manera que Dios viene a revelarse para ellos como aquel que les escucha y les responde.


Los cristianos saben que la petición es infalible: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, el que busca halla y al que llama se le abre” (Mt 7, 7-8). Las peticiones llamadas y búsquedas del mundo acaban muchas veces en fracaso. Dios es diferente: la puerta de su corazón se mantiene siempre abierta, atentos a sus oídos, despierta su mirada. Dios nos oye por el Cristo, de manera que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará” (Jn 16,23).

Toda petición tiende hacia el reino, como dice Jesucristo: “buscad primero el reino y su justicia, y todas las restantes cosas se os darán por añadidura” (Mt 6,33). ¿Qué cosas? El vestido, la comida, los bienes de la tierra. Son cosas importantes, pero nunca pueden ocupar el corazón del que suplica. Toda petición cristiana ha de encontrarse dirigida en primer lugar al reino. Así pedimos, con la misma oración del Padrenuestro: “Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino”. En el fondo pedimos que dios venga. Como amigo que suplica la llegada de su amigo; así pedimos, invocamos y llamamos a Dios hasta que venga
 
 

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