miércoles, 14 de marzo de 2018

La mujer de fe que amó al ateo Stephen Hawking

 

 

 

Su esposa por 25 años, Jane Hawking, cuenta en su biografía cómo la fe fue un factor decisivo en su lucha por cuidar a su marido enfermo de ELA

De todos es conocida la opinión del astrofísico Stephen Hawking acerca de la existencia de Dios. Su ateísmo se ha hecho manifiesto de forma explícita en los últimos tiempos, sin embargo, a su alrededor hubo personas muy cercanas cuya fe supuso un auténtico soporte para ayudarle en su difícil periplo como enfermo de esclerosis lateral amiotrófica (la enfermedad ahora conocida como la ELA).
 
En una entrevista publicada por el diario El Mundo, Jane Hawking, su primera esposa, explica cómo la fe fue un pilar fundamental para ayudarle a cuidar a su marido en el agravamiento de la enfermedad, la cual va poco a poco limitando la respuesta muscular del enfermo.  
Memorias de una esposa
Jane Hawking escribe en sus memorias, titulada Hacia el infinito, los 25 años de matrimonio con el célebre físico. Allí cuenta cómo en tantas ocasiones, con su marido al borde de la muerte, clamó a Dios por su vida. Recuerda cómo clamaba a Dios “que Stephen sobreviviera” hace 30 años, cuando una neumonía violenta dejó a Hawking en coma, a punto de matarlo.
La situación se agravó tanto que los médicos suizos le dieron a entender a Jane que no había nada que hacer, y que si ella les daba su autorización, desconectarían la respiración artificial que mantenía vivo a su marido para dejarle morir con el mínimo dolor posible. Jane, sin embargo, se negó: “Desconectar el respirador era impensable. ¡Qué final más ignominioso para una lucha tan heroica por la vida! ¡Qué negación de todo por lo que también yo había luchado! Mi respuesta fue rápida: Stephen debe vivir”.
La situación era tan dramática que los médicos no tuvieron más remedio que llevar a cabo una traqueotomía, una operación que le salvó la vida al científico pero también le dejó sin habla, obligándole desde entonces a comunicarse con la legendaria voz robótica de su sintetizador.
En todo caso, Jane no se equivocó cuando tomó la decisión de mantener vivo a su marido a toda costa: tres décadas después, el infatigable astrofísico acaba de cumplir 73 años el pasado 8 de enero, sigue en activo escribiendo libros superventas y dando conferencias multitudinarias, no para de viajar por todo el mundo, y su extraordinaria vida acaba de llevarse a la gran pantalla en La teoría del todo.
La megaproducción
La película sigue el relato de sus memorias, una odisea de amor y desamor, felicidad y sufrimiento, éxtasis y miseria del brillante genio ateo y su admirable mujer creyente, divorciados desde 1991, cuando el astrofísico dejó a Jane por Elaine Mason, una de sus enfermeras.
El amor entre Jane y Stephen Hawking comenzó en 1963. Poco después se le diagnosticó la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), un trastorno neurodegenerativo que generalmente suele condenar a sus víctimas a una esperanza de vida de dos o tres años como mucho. “Era un desafío, pero yo creía que juntos podríamos vencer a la enfermedad”, recuerda.
“Yo era muy joven, y cuando uno es muy joven, no piensa en la muerte. La muerte está ahí para superarla, y yo estaba segura de que íbamos a ganar la batalla. Estábamos enamorados, en un estado de euforia. Decidimos casarnos, y la verdad es que no pensábamos mucho en la enfermedad. Aún éramos lo bastante jóvenes para ser inmortales”, dice.
Jane fue el apoyo de Hawking a lo largo de 35 años. Durante años se encargó de cuidar ella sola a su marido, además de criar a sus tres niños: Robert, Lucy y Tim.
El ateísmo
“Yo entendía las razones del ateísmo de Stephen, porque si a la edad de 21 años a una persona se le diagnostica una enfermedad tan terrible, ¿va a creer en un Dios bueno? Yo creo que no”, admite Jane. “Pero yo necesitaba mi fe, porque me dio el apoyo y el consuelo necesarios para poder continuar. Sin mi fe, no habría tenido nada, salvo la ayuda de mis padres y de algunos amigos. Pero gracias a la fe, siempre creí que iba a superar todos los problemas que me surgieran”.
“Yo creo que es un milagro que él siga vivo. Es un milagro de la ciencia médica, de la determinación humana, son muchos milagros juntos. Para mí es muy difícil explicarlo”, explica la ex-mujer del físico. Para ella, esta diferencia acerca de la fe se tornó más intensa con el tiempo. Mientras Stephen “se mofaba” de la religión, ella “necesitaba fervientemente creer que en la vida había algo más que los meros hechos de la leyes de la Física y la lucha cotidiana por la supervivencia” porque el ateísmo de su marido “no podía ofrecer consuelo, bienestar ni esperanza respecto a la condición humana”.
Sin embargo la relación entre Jane y Stephen Hawking era correcta. Desde que Hawking se divorció de Elaine Mason en 2007, Jane se reconcilió con su ex marido y eran frecuentes los encuentros de la antigua pareja con sus tres hijos. Aunque le reprochaba que “nunca me ha agradecido nada”, su libro finaliza con un emotivo homenaje al genio que, sobre todo gracias a ella, se convirtió en el científico más famoso del mundo, e incluso logró cumplir su sueño de volar en gravedad cero: “Su sonrisa mientras flotaba en ingrávida liberación me conmovió profundamente, y me indujo a reflexionar sobre el gran privilegio que fue viajar con él, aunque fuera una corta distancia, hacia el infinito”.
https://www.eldeber.com.bo/extra/La-mujer-de-fe-que-amo-al-ateo-Stephen-Hawking-20180314-0013.html

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