viernes, 28 de octubre de 2016

La sociedad del escándalo

 
 
 
Bernardo PÉREZ ANDREO.
 

Es doctor en Teología y en Filosofía. Actualmente es Profesor Ordinario de Teología en el Instituto Teológico de Murcia OFM, donde coordina el Máster en Teología y la Línea de Investigación en Teología del Programa de Doctorado en Artes y Humanidades. Mantiene dos líneas de investigación: una sobre la relación de la Teología con el mundo posmoderno, especialmente la filosofía, las ciencias y las humanidades, y otra sobre los procesos de desecularización a partir de la filosofía de David Hume.

DESCLÉE DE BROUWER

BILBAO – 2016

La sociedad actual es la sociedad del escándalo en un doble sentido. En un primer sentido, negativo, es la sociedad en la que el hombre se ha convertido en piedra de caída, piedra de escándalo, para el hombre. En un segundo sentido, positivo, es la sociedad en la que se establece una medida para determinar el valor de lo humano o lo social, una sociedad del escandallo que permite ascender por la escala de lo humano, que permite transcender. En el primero vemos cómo la sociedad del escándalo es la muerte de la posmodernidad, la muerte al fin, de la modernidad. Es una sociedad donde ya nada puede construirse pues el hombre es ocasión de caída para el hombre, donde las condiciones sociales y económicas llevan a unos a ser lobos para otros, y a todos a un proceso de deshumanización. Es la sociedad de la muerte definitiva del hombre, la sociedad poshumana. Sin embargo, donde abunda el pecado sobreabunda la gracia y si la sociedad actual es ocasión de seducción (Mt 18, 6-10), es decir, de caída y desgracia, también lo es de oportunidad para la salvación de lo humano, del mundo y de la sociedad. Como dijera Pablo a los gálatas, la cruz es un escándalo, pero es la salvación (Gal 5, 11). La cruz, el sufrimiento inocente de tantos millones de seres humanos y del planeta Tierra, es el camino para la salvación de la sociedad.

La sociedad que viene, este mundo en el que ya vivimos y que se nos impone por la fuerza de la evidencia, es lo más parecido a un infierno sartreano. El infierno son los otros, el otro, el Otro. Es una sociedad donde reina la desconfianza, el recelo y el miedo, pero también es una sociedad, un mundo, donde podemos hacernos cargo de la realidad y encargarnos de cambiarla. Podemos tirar del freno de emergencia y hacer que el tren que avanza veloz al abismo frene en el último momento, antes será casi imposible. La sociedad debordiana del espectáculo era aún una rama más del árbol de la modernidad, una rama endeble y lujosa, pero una rama al fin de aquel feraz árbol del conocimiento. En la sociedad del espectáculo todo es imagen, ídolo y apariencia, pero lo es de una realidad que sigue en la base. En la sociedad del escándalo, la sociedad donde cada hombre es ocasión de caída para el resto, ya no hay opción a retornar a aquel árbol. Es necesario ser conscientes de la necesidad de volver a cultivar otro árbol, desde el comienzo, empezar de nuevo.






Prólogo .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

13

      I.- E l mundo venidero  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

19

                        1. El exceso excremental . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

20

                          2. El infierno prometido. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

22 

                         3. En el infierno de Rambo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

25 

                          4. La estrategia del caracol . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

28 

                         5. El espectáculo de la sociedad . . . . . . . . . . . . . . . . . .

30 

                         6. La sociedad que viene. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

33 

                         7. El freno de emergencia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

36 

                         8. Más Mad Max . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

39

 II.- A ntitEodicEA de la globalización Posmoderna. . . . . . . . .

43

                         1. Globalización y Filosofía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

44 

                         2. Filosofía de la Globalización . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

46

                       3. Un oxímoron razonable: filosofía práctica . . . . . . . .

49

                        4. La imagen especular de la vieja tesis 11 . . . . . . . . . .

50

                         5. Dónde estamos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

53

                         6. La religión de la globalización. . . . . . . . . . . . . . . . . .

54

 III.- E l cAPitAlismo dEl siglo XXi. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

59

                         1. El espíritu del capitalismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

60

                             1.1. El espíritu renovado del capitalismo. . . . . . . .

60

                             1.2. El sentido común capitalista . . . . . . . . . . . . . .

65
 



                            1.3. El sujeto del proyecto capitalista: América. . .

68

                              1.4. Mors tua, vita mea.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

71

                              1.5. El crimen perfecto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

74

                        2. La superación de la lógica perversa del capital . . . .

76

                              2.1. Simplemente, canalla. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

76

                              2.2. Capicomunismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

79

                              2.3. Ecocapitalismo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

81

                             2.4. El ala izquierda del capitalismo. . . . . . . . . . . .

83

                             2.5. El 3% y nuestra destrucción. . . . . . . . . . . . . . .

85

                         3. Capitalism Reloaded. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

89

                              3.1. El manifiesto capitalista . . . . . . . . . . . . . . . . .

89

                             3.2. Los mitos del capitalismo. . . . . . . . . . . . . . . . .

91

                              3.3. Capitalismo clientelista . . . . . . . . . . . . . . . . . .

93

                             3.4. Smith y el capitalismo inmaterial . . . . . . . . . .

97

 IV.-  EntrAndo en crisis, una vez más . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

99

                         1. Viviendo el final de los tiempos. . . . . . . . . . . . . . . . .

100

                          2. Crisis, what crisis? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

102

                          3. Crisis E-4. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

105

                          4. Lost in the Script . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

108

                          5. The Shitstorm Society . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

111

EPílogo  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

117

bibliogrAfíA .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .

121

 
 

jueves, 1 de septiembre de 2016

La comunión de los santos


 
 
Dios no es el Dios de los muertos, sino de los vivos. Los santos, las personas buenas están vivas.
Aquellas personas que murieron en amistad con Cristo están en verdad más vivas que lo que lo estamos nosotros aquí en la tierra.
“Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él” (Mt 17, 1-3).
El catecismo a este respecto enseña:
956 La intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad…no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (LG 49)
 Y si miramos la Biblia encontramos:
 Almas siendo conscientes de lo que vivieron en la tierra clamando a Dios justicia (Ap 6, 9-11)
 Una muchedumbre de pie delante del trono alabando a Dios (Ap 7, 9)
 Los ancianos y seres vivientes delante del Cordero presentando las necesidades de los santos en sus copas (Ap 5, 8)
Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él".(Lc 20, 38)
 Jesucristo fue claro: TODOS viven para Dios, y en esa cita incluye a vivos y muertos. Cuando estamos en vida, podemos interceder por nuestros hermanos como en diferentes circunstancias pidió San Pablo, pero el mismo Apóstol nos da una luz sobre nuestra situación al morir:
Por eso, nos sentimos plenamente seguros, sabiendo que habitar en este cuerpo es vivir en el exilio, lejos del Señor; porque nosotros caminamos en la fe y todavía no vemos claramente.
Sí, nos sentimos plenamente seguros, y por eso, preferimos dejar este cuerpo para estar junto al Señor (2 Cor 5, 6-8)
Leemos en el Catecismo:
789 La comparación de la Iglesia con el cuerpo arroja un rayo de luz sobre la relación íntima entre la Iglesia y Cristo. No está solamente reunida en torno a Él: siempre está unificada en Él, en su Cuerpo. Tres aspectos de la Iglesia "cuerpo de Cristo" se han de resaltar más específicamente: la unidad de todos los miembros entre sí por su unión con Cristo; Cristo Cabeza del cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo.
El encuentro semanal del Papa el 13 de octubre del 2013 con los miles de fieles y peregrinos en la Plaza de San Pedro, estuvo marcado por la catequesis de Francisco dedicada a la “comunión de los santos”: una gran familia, nos recordó el papa Francisco, donde todos los miembros se ayudan y se sostienen entre sí. El Obispo de Roma insistió asimismo en que la “comunión de los santos”, gracias a la Resurrección de Cristo, establece un vínculo profundo e indisoluble entre los que peregrinan en la tierra
“La memoria de los difuntos es muy sentida, pero deberíamos preguntarnos: ¿la vivimos de forma cristiana o pagana? ¿Se basa sobre la fe en un Cristo muerto y resucitado? ¿O en una mezcla de creencia y de miedo que poco tiene que ver con el Evangelio? ”
La comunión espiritual que nace del bautismo no se destruye con la muerte, sino que, gracias a la Resurrección de Cristo, está destinada a encontrar la plenitud en la vida eterna. Hay un vínculo profundo e indisoluble entre los que todavía son peregrinos en este mundo y los que han cruzado el umbral de la muerte para entrar en la eternidad.
 “Mas a todos los que lo recibieron, a quienes creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12). “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios…” (Romanos 8:14).
De igual manera, Pablo nos dice que como hijos e hijas de Dios, nos es dado el mismo Espíritu que estaba en Cristo. “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús está en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que está en vosotros.” (Romanos 8:11).
Ciertamente, el Espíritu comparte el dolor de Dios por la incredulidad y falta de oración de su pueblo. Considera solo unas cuantas maneras poderosas en que el Espíritu Santo juega un papel en nuestras oraciones:
  • Es durante la oración que el Espíritu Santo manifiesta la presencia de Cristo en nosotros.
  • Es durante la oración que el Espíritu sella las promesas de Dios en nuestros corazones.
  • Es durante la oración que el Consolador pronuncia esperanza a nosotros.
  • Es durante la oración que el Espíritu suelta ríos de consuelo, paz y descanso en nuestra almas.
Estos días, mi oración es esta: Espíritu Santo, mantenme en comunión cercana con Jesús. No me permitas descuidar mi tiempo a solas con Aquel que ama mi alma. Mantenme sobre mis rodillas. Entonces conoceré tu consuelo.
 

martes, 30 de agosto de 2016

Juan Cabo, un hombre de Dios


 

Nació en castiello. Berneueces, (Asturias), el 31 de marzo de 1953

Primera profesión en Gijón (Asturias) 17 de septiembre de 1978.

Profesión perpetua en Gijón el 30 de mayo de 1982.

Desde 1982 a 2004, misionero en Perú.

Ordenación sacerdotal en Gijón el 23 de abril de 1988.

Juan, amigo, Como Agustín Villamor y tantos otros misioneros hiciste opción por los marginados sociales, por los pobres, por las clases humildes. Sufriste también porque las almas grandes sufren mucho al ver que no pueden hacer nada tan grande como Dios merece.
Los magnánimos como tú son fáciles de reconocer porque tienen detalles especiales y delicados y están siempre disponibles sembrando alegría en todo su alrededor, resolviendo situaciones difíciles, creando optimismo y oxigenan el ambiente. Por eso sé que fuiste para muchas vidas como un oasis en medio del desierto que es el mundo actual.
Pudiste alguna vez equivocarte, pero siempre de corazón limpio y alma grande.
Donde tú estabas te hacías notar por tu grandeza física, pero sobre todo espiritual.
Jesucristo fue el motor de tu vida. Tú sabías muy bien que el camino radical para la curación de los males de nuestra sociedad es la construcción de una sociedad cristiana sin estar separada en un gueto, sino en medio del mundo; la cual está animada en todo espíritu cristiano comunitario.
Tu disposición para escuchar al prójimo y aprender de él siempre iba unida a lo que san Ignacio llamaba con palabras paulinas “discreción de espíritus” así el diálogo siempre es sincero, profundo y revelador. Buena muestra de ello es que mis amigos evangélicos que te conocieron en una comida fraternal en mi casa de La Coruña se interesaron por ti y me encargaron que le transmitiera su más sincero pésame a tu comunidad de claretianos y a D. Luis Ángel.
Tu muerte ha caído como un jarro de agua fría, pues eras querido por muchas personas. En los últimos días se han interesado por tu salud desde Suiza, Francia, Perú, Italia y Estados Unidos.
Tú tenías la eminencia del que no se deja hundir y pasara lo que pasara, sabias adelantar siempre tu cabeza a la luz.
Había también en ti algo de roca y era porque ante los problemas comunicabas siempre seguridad. El monte no se asusta ante el abismo.
Fuiste un misionero mensajero de paz y de esperanza, protagonista de todo menos de ti mismo.

Creías en las personas hasta el exceso, por eso me acompañaste y me sacaste del pozo en el que estaba cuando me conociste.
Tu ayuda a los demás siempre fue como decía hace pocos días D. Luis Ángel en Galicia Ártabra: “con convicción y decisión de caminar con los demás y ayudar al que lo necesita”

Los maestros de la vida espiritual dicen que las almas grandes como tú pueden sostener ante Dios una nación entera, porque Dios siempre quiere calidad y no cantidad.
Gracias Juan, tu semilla de utopía y esperanza generosamente sembradas no morirán jamás, pues el Padre te ha cogido con la lámpara bien llena.

Solamente los magnánimos como tú llegan a una autentica vida espiritual porque le dan todo a Dios de una vez, mientras que los demás ponemos limites a nuestra entrega.
A pesar del dolor, que es grande, sé que no todo ha terminado, porque si nuestra esperanza en Cristo se limitara a los límites de este mundo seríamos los más dignos de compasión de todos los hombres.
La resurrección de Jesús es la garantía de nuestro futuro tras la muerte. “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. (Jn.11:25-26).
El fundamento y la seguridad de nuestra esperanza descansan, por tanto, en la resurrección corporal de Cristo. Porque, en palabras de Pablo, “Si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra fe" (1 Co 15:17). Esta esperanza, en una vida plena y eterna nos libra a los cristianos del horror natural ante la muerte, iluminan las tinieblas que envuelven el acto de morir  y cambia la naturaleza del duelo.



A ti la gloria. ¡ O nuestro Señor!,

Te alzaste pujante, lleno de poder,

Más que el sol radiante al amanecer

Libre de penas, nuestro Rey Jesús

Rompe las cadenas de la esclavitud

¡Ha resucitado, ya no morirá!

Quien muere al pecado en Dios vivirá

HÄNDEL
 
José Carlos Enríquez Díaz

 

 

 

 

miércoles, 15 de junio de 2016

Las mujeres y el sacerdocio


 
La ordenación desde el punto de vista bíblico, es sencillamente el reconocimiento de los dones y ministerios que Dios otorga a una persona (Hechos 6: 1-3; 13: 1-3; 1 Tim. 5: 17; Tito 2:15): “[…] habían recibido ya su comisión de Dios mismo, y la ceremonia de la imposición de las manos no añadía ninguna gracia o cualidad virtual.” (WHITE, HAp, 131). En las Escrituras ninguno de los dones, entre los cuales está el del pastor-maestro, tienen restricción de genero (Ro 12:4-8; 1 Co 2:9-11, 27-28;  Efe 4:8, 11-16; Hch 6:1-7; 1Ti  2:1-3; 1 Pe 4:10,11).
La mayoría de las declaraciones de Elena de White sobre derechos se refieren a derechos básicos. Ella creía que todos los derechos humanos son dados por Dios y son la herencia legítima de cada ser humano, hombre o mujer. El deseo de derechos es innato, refleja un “principio innato que nada puede desarraigar” También en 1901, Elena G. de White hizo un llamado apasionado para los obreros, y en el transcurso de su llamado ella dijo que ambos, “hombres y mujeres… hermanos y hermanas,” son llamados a ser “sacerdotes para el Señor” y “ministros de nuestro Dios.” Pero, Elena de White, dice que la Iglesia Católica pervirtió ese concepto de la ordenación equipándolo con un poder especial que daba jerarquía al clero por encima de todos los creyentes: “Ulteriormente, el rito de la ordenación por la imposición de las manos fue grandemente profanado; se le atribuía al acto una importancia infundada, como si sobre aquellos que recibían esa ordenación descendiera un poder que los calificaba inmediatamente para todo trabajo ministerial.” (Ibid). Incluyendo, que la teología católica expulso a las mujeres del ministerio, por la influencia pagana de los filósofos griegos que jerarquizaron la sociedad, poniendo a las mujeres en uno de los niveles más bajos (Aristóteles, Politics, 1.5.3-8).
Tiene también razón Gonzalez Faus cuando afirma lo siguiente : “Cuando en la historia surge alguna causa que parece traer salvación, se  apuntan inmediatamente todos los que no quieren servir esa causa sino servirse de ella: inventores fracasados, picapleitos sin éxito etc. el enemigo más grande de las causas más santas son algunos de sus defensores, toda la comunidad cristiana tiene derecho a pedir a las mujeres que aspiran al ministerio, que examinen bien si buscan un sacerdocio pretendiendo un servicio o “un salto a la fama” esto también sirve para los varones pero entre los varones no se da hoy este atractivo clásico de lo prohibido que se expresa en aquellas frases ya viejas: el divorcio es una cosa que solo interesa a los casados (Lidia Falcón); el matrimonio es una cosa que solo interesa a los curas (Simone de Beauvoir); y ahora el sacerdocio es una cosa que solo interesa a las mujeres."
    Esto quiere decir que el acceso al ministerio no puede ser defendido para resolver ningún problema personal (ni siquiera ese sentimiento de culpabilidad machista que nos pode molestar a muchos varones).
    Si algún día  nuestra iglesia ordena mujeres sacerdotes sospecho, que en los comienzos tendrá que hacerlo con cuentagotas y no como ruptura de presa y esto seguirá suponiendo frustraciones para muchas mujeres  que les costara aceptar que su  propio rechazo se deba a razones personales y  les será más fácil seguir atribuyéndolo a razones sexistas.”
 
El sacerdocio de Jesús no necesita de templos, ritos y sacrificios , ni de especiales intermediarios entre Dios y los hombres; es distinto y se condensa en el amor que rige y mueve toda su vida, no en otro tipo de sacrificio externo, violento, oficiado por intermediarios sagrados.
Hay que volver al origen y retomar el Evangelio, porque nos hemos alejado de él, otorgando el título de sacerdotes, únicamente a una élite,- la clase clerical-, contrapuesta al laicado y erigida sobre él como una categoría superior, con poderes que la elevan sobre el resto de los fieles.

Admitir que la Iglesia se compone de dos categorías: una clerical y otra laical, con desigualdad entre ambas, es introducir algo contrario a la condición y dignidad sacerdotal de todo cristiano, fundada en el sacerdocio de Jesús.
Ellos se dedicaron a la enseñanza de los Apóstoles, fieles a la comunión fraternal, a la fracción del pan y a las oraciones. ” (Hechos 2:42)

– “Día tras día, un solo corazón, asistieron asiduamente al Templo y partían el pan en sus hogares, tomando los alimentos con alegría y sencillez de corazón.” (Hch 2,46)

– “Para vosotros, no os hace falta llamar” maestro “, porque sólo tenéis un maestro y todos ustedes son hermanos. No llaméis a nadie sobre la tierra ” padre “, ya que solamente tenéis uno , el Padre celestial. No hace falta que llaméis a nadie “doctor”, ya que sólo tienes un médico, Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor, quien se exalta a sí mismo será humillado, y quien se humilla será enaltecido. » (Mt 23,8-12).
“Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos. “(Mateo 18:20)
¿Qué es lo que hace que exista una Eucaristía? ¿Es la presencia del sacerdote o la existencia de una comunidad que, después de Jesús, dice, ‘Esta es mi vida que yo os doy? No son las palabras de la consagración las que hacen que haya Eucaristía, y que Dios esté presente. Es el compromiso de la comunidad suscitado por el Espíritu y por el Evangelio. Por lo tanto, cuando una comunidad se reúne para hacer memoria de Cristo resucitado – en palabras y también en acciones – de las buenas nuevas de Jesucristo, ella celebra la Eucaristía, independientemente que un sacerdote ordenado esté presente o no.

José Carlos Enríquez
Conflicto cósmico Elena G. White.

 

Ellen Gould Harmon de White, conocida también como Elena G. de White (26 de noviembre de 1827 - 16 de julio de 1915), autora cristiana estadounidense
Ellen G. White promovió el vegetarianismo, Durante su vida escribió más de 5.000 artículos de periódicos y 40 libros; actualmente, incluyendo las compilaciones de sus 100.000 páginas de manuscritos, se han publicado cerca de 100 libros, los cuales han sido traducidos a los principales idiomas del mundo. Algunos de los más populares son: El camino a Cristo, El deseado de todas las gentes, El conflicto de los siglos.
La novedad de Jesús : "Todos somos sacerdotes"
Xabier Pikaza
Nueva Utopía
 
 
 

 

 

 
 
 
 
 
 

viernes, 3 de junio de 2016

Santiago Arzubialde, Justificación y santificación


 
 
El padre jesuita Santiago Arzubialde, gran autoridad en el campo de la Teología espiritual, profesor en la Universidad Comillas, de Madrid, acaba de publicar justificación y santificación.
El autor del presente ensayo, Justificación y santificación, es plenamente consciente de las dificultades que, pese a la mutua buena voluntad, todavía nos separan de la Federación Luterana en el tema de la justificación. No obstante, opina que, más allá de los puntos concretos en litigio, es preciso hablar de la experiencia espiritual común que nos une. La justificación gratuita de parte de Dios en Cristo establece un género de amistad, de relación con Dios, en la que nadie puede introducir subliminalmente intención alguna que no sea la pura gratuidad.
El libro me parece de una coherencia y frescura absoluta. Totalmente recomendable para quienes quieran profundizar más en su fe y para las personas que puedan estar pasando por alguna prueba en su vida.
La gracia cara es el seguidor tomando su cruz y siguiendo a Cristo. Es como Abraham cuando fue llamado y dejó su parentela, sus amigos, su ciudad, sus comodidades y costumbres. Luego se le pide que sacrifique a su hijo. Dios entre él y su hijo, el hijo de la promesa. Sin embargo obedece. Como él, la gracia no nos cuesta nada, solo debemos obedecer. No debemos hacer nada. Solo tomar una decisión después de alcanzar la libertad y perderlo todo, para recuperarlo a través de nuestra comunión con Cristo. Es experimentar el Sermón del monte. Es dejarlo todo como aquellos a quienes les dijo: “Sígueme” y dejaron peces y redes; dejando su propia ley; aceptando no enterrar a sus muertos ni despedirse de lo más querido.

Es cara porque nos exige imitar la encarnación de Cristo para hacernos visibles en el mundo. Que vean que somos luz que ilumina las tinieblas; que ponemos sal en lo insípido. Que la Palabra, el Verbo, se hace visible en nosotros.
Santiago Arzubilde también nos habla de la santidad. La Palabra dice que nosotros somos GRATO OLOR DE CRISTO para Dios, que tenemos OLOR DE VIDA para vida (2Cor. 2:15-16), y esto me recuerda las innumerables veces que el Señor cita estas mismas palabras en el antiguo testamento al referirse al holocausto encendido que era ofrecido para Él en el altar, lo llama olor grato, nosotros también somos un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios (Rom.12:1). Me pregunto si Dios también se complace en nuestro olor cuando se acerca a nosotros cada día, si anhela nuestro perfume cada mañana, como el olor del incienso que era quemado cada mañana y noche en el tabernáculo (Ex. 30:7-8), dice la palabra que este incienso era como un perfume para Dios, bien mezclado, puro, santo y sagrado (Ex. 30:34-37).
 Dios cuida nuestro olor, incluso en los momentos más difíciles. Cuando los tres amigos de Daniel fueron echados al horno de fuego no solo fueron librados sino que Dios cuidó que aún no tuvieran ni la peste a quemado.
Nuestro olor debe ser el de Cristo y llevando las buenas noticias del evangelio cambiar la peste del pecado por el Olor de su conocimiento.
Para las personas que puedan estar pasando por alguna prueba el libro de Santiago Arzubialde también les será de una gran ayuda.

Quien no sintió un escalofrío al leer o escuchar la oración desgarradora de Jesús en la Cruz: “Padre, porque me has abandonado”. Posiblemente también existieron momentos en nuestra vida en los que tuvimos una fuerte identificación con aquellas palabras. A veces cargadas de reproche, otras de impotencia y, aun de perplejidad.
 
Muchos personajes Bíblicos vivieron esta experiencia a la que convenientemente se le denomina “desierto”, aprovechando una rica imagen bíblica. San Juan de la Cruz avanza aun más la descripción y la llamo “la noche oscura del alma” a este tiempo de ausencias y distancias gravosas. ¿Existe una intencionalidad divina en la distancia, en esa sensación de desamparo? Por momentos, desde el dolor, pensamos en una incomprensible dosis de crueldad: Dios soltándonos en una especie de “arréglate como puedas” o desde la vergüenza culposa buscamos respuestas en el proporcionado “castigo” que nuestra contumacia merece. En el contexto de un oráculo cargado de esperanza, Dios proclama en el libro de Isaías. “Era como una esposa joven abandonada y afligida, pero, tu Dios te vuelve a llamar y te dice: “por un pequeño instante te abandone, pero con bondad inmensa te volveré a unir conmigo. En un arranque de ira, por un momento, me oculte de ti, pero con amor eterno te tuve compasión”. (Is 54:6,8).
En el desierto y en las pruebas maduramos. Nuestra medida real es la que tenemos allí, mientras somos probados. Jesús  apenas era un recién nacido cuando tuvo que cruzar el desierto con sus padres. Antes de recibir la aprobación del Padre para recibir su ministerio, lo probaron y tentaron después de cuarenta días de ayuno en el desierto (Mateo 4:1). Entonces comenzaron a ocurrir maravillas.
“Pero he aquí yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón (Oseas 2:14). Allí en la tierra seca se nos conoce (Oseas 13:5). ¡Qué difícil se nos hace estar quietos, ocultos; pero es allí donde Dios nos habla al corazón!. Si quieres conocer a Dios; si no quieres ser un mediocre, un parlante que repite todo lo que oye, que vive de una experiencia prestada, Dios te llevará al desierto.
Nuestro padre Abraham salio sin saber a dónde iba, dejó la civilización y caminó a lo ancho de la tierra; no tuvo lugar fijo: De él vendrá toda una nación, como también el Mesías, y todas las simientes de la tierra serían benditas en él. El honor era grande, pero tenía su precio. Al leer sobre su vida, encontramos huellas del trato de Dios en él. Fue un hombre formado en el ministerio divino. El resultado fue positivo, Tenía una fe acrisolada.
Una de las tragedias que experimentamos es la perdida de la fe. ¡Con qué facilidad nos desinflamos! Pero este hombre no fue así. El escritor de la carta a los romanos dice: “No se debilito en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo casi de cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Romanos 4:19
Y no solo que mantuvo su fe, sino que se fortalecía en fe, cada vez más, plenamente convencido de la fidelidad de Dios. Cuando lo asaltaban los temores y las dudas, cuando la realidad lo golpeaba en pleno rostro haciéndole ver su imposibilidad, elevaba su pensamiento a Dios, con los ojos abiertos a la dimensión espiritual; contemplaba a Dios majestuoso, omnipotente, omnisciente, omnipresente, ¡todo lo sabe, todo lo puede!... y comenzaba a darle gloria y alabanza hasta alcanzar un nivel de fe cada vez mayor. Esa fe y obediencia trajeron al tan esperado Isaac (Romanos 4:16-24)