sábado, 31 de mayo de 2014

Si alguno anhela obispado buena cosa desea


Recomiendo el artículo de D. Manuel Sanchez Monge a todos mis lectores.

Necesitamos nuevos seminaristas

Mons. Sánchez arenga a la comunidad diocesana, en especial a las familias y a los jóvenes, para que fomenten y descubran el valor del sacerdocio como opción de vida

"La concupiscencia de la carne revela la soledad del alma."
Dag Hammarskjold, el antiguo Secretario General de las Naciones Unidas, escribió esas palabras, que iluminan parte de una intencionalidad más profunda del deseo sexual. Y esta intuición fue más que una simple teoría para Hammarskjold. Él conoció la soledad y el deseo no realizado.

Según se van publicando más y más en inglés sus diarios, llegamos a estar más convencidos de que Dag Hammarskjold era a la vez un hombre de extraordinaria integridad moral y extraordinaria profundidad espiritual. Y lo obtuvo legítimamente. Su padre, antaño Primer Ministro de Suecia, había sido un gran hombre de estado de inflexible integridad, y su madre había sido una mujer de gran fervor y profundidad espiritual. Hammarskjold heredó lo mejor de ambos, y eso hizo de él un sorprendente hombre de estado y un gran escritor espiritual. Sin embargo, no todo fue perfecto en su vida.

Mientras en su vida profesional se ocupó de asuntos de importancia mundial y en esto empeñó todas sus energías, el resto de su vida no fue tan completo. Cuando joven, había perdido a una mujer, a la que amaba profundamente, por otro hombre, y esto fue una herida que nunca lo abandonó. Nunca programó ni buscó el matrimonio de nuevo. Anheló estar casado, pero, por toda clase de razones -como sucede a millones de personas- nunca llegó a darse. Fue, en palabras de su biógrafo, Walter Lipsey, “derrotado, más bien que casado”.
Hammrskjold, en sus diarios, reflexiona con frecuencia sobre su “derrota” y el hueco que eso dejó en su vida. Hay una secante honestidad sobre su dolor y sobre el modo como trata de pelear con él. Por una parte, tiene claro que eso es un dolor que no se puede negar y que nunca se va; por otra parte, es capaz de redirigirlo de alguna manera, sublimándolo en un abrazo más amplio, en diferente clase de cama de matrimonio.

“Siento dolor, un ansia de compartir este abrazo (de esposo y esposa), de ser absorbido, de tener parte en este encuentro. Un ansia como deseo carnal, pero dirigido hacia la tierra, el agua, el cielo, y vuelto por el susurro de los árboles, la fragancia de la tierra, la caricia del viento, el abrazo del agua y la luz”. ¿Era esto satisfactorio? No del todo, pero traía cierta paz: “¿Contento? No, no, no; pero sí confortado, descansado, mientras quedo a la espera”.

En esto, en cómo experimentó el dolor de su inconsumación y en cómo trató de redirigir esas ansias, sus sentimientos corren parejos con los de Thomas Merton. A Merton le preguntó una vez un periodista cómo se sentía con el celibato. Merton replicó que “el celibato era el infierno”, que condenaba a uno a vivir en una soledad que el mismo Dios condenaba (“No es bueno que el hombre esté solo”), y que, de hecho, era un camino peligroso de vivir, ya que era un modo anormal de vida.

Pero Merton siguió diciendo que, al indicar que era anómalo y peligroso, no quería decir que no pudiera ser maravillosamente fecundo y dador de vida, tanto para el que lo está viviendo como para los que están junto a él o ella. Y eso fue cierto, sin duda, en el propio caso de Merton, exactamente como fue cierto para Hammarskjold. Ambos infundieron más oxígeno en el planeta.

Además, Merton trató de sublimar su deseo de una cama de matrimonio de la misma manera como lo hizo Hammarskjold. “Yo había decidido casarme con el silencio del bosque. El dulce y oscuro afecto del mundo entero tendrá que ser mi esposa. Fuera del corazón de ese oscuro afecto viene el secreto que se oye sólo en el silencio, pero es la raíz de todos los secretos que son susurrados por todos los amantes en sus lechos a lo largo del mundo entero”.

Hammarskjold y Merton ansiaban ese profundo, altamente individualizado e íntimo abrazo sexual “uno a uno” que les fue negado por el puesto que ocuparon en la vida y que es negado a millones de nosotros por toda suerte de circunstancias y llamamientos. Merton escogió deliberadamente renunciar a la consumación sexual, para abrazar los votos religiosos; Hammarskjold lo había escogido para sí debido a las circunstancias. Al fin y al cabo, el efecto fue el mismo. Después, ambos trataron de sublimar esa necesidad y deseo de la intimidad congenital -son sus mismas palabras- desposándose de alguna manera con el mundo y haciendo el amor de una manera menos particularizada.

Sospecho que muchas personas casadas que gozan de esa única profundidad de la intimidad “uno a uno” por la que Hammarskjold y Merton ansiaron, deben de ansiar también en primer grado encontrar en su intimidad sexual ese abrazo más amplio del que nos hablan Hammarskjold y Merton, sabiendo que ellos desean eso también en su abrazo sexual.

Los pensadores siempre han meditado sobre el problema de uno y de muchos, la interrelación de lo particular y lo universal, porque esto no es precisamente una cuestión teórica de metafísica, algo para entretener a los filósofos; es algo que subyace implicado intrincadamente en el poderoso ímpetu de la sexualidad de los amantes en sus camas del mundo entero.

No está de más recordar unas palabras de Juan Pablo II:
"Para una adecuada vida espiritual del sacerdote es preciso que el celibato sea considerado y vivido no como un elemento aislado o puramente negativo, sino como un aspecto de una orientación positiva, específica y característica del sacerdote: él, dejando padre y madre, sigue a Jesús, buen Pastor, en una comunión apostólica, al servicio del Pueblo de Dios. Por tanto, el celibato ha de ser acogido con libre y amorosa decisión, que debe ser continuamente renovada, como don inestimable de Dios, como «estímulo de la caridad pastoral»,(79) como participación singular en la paternidad de Dios y en la fecundidad de la Iglesia, como testimonio ante el mundo del Reino escatológico. Para vivir todas las exigencias morales, pastorales y espirituales del celibato sacerdotal es absolutamente necesaria la oración humilde y confiada, como nos recuerda el Concilio: «Cuanto más imposible se considera por no pocos hombres la perfecta continencia en el mundo de hoy, tanto más humilde y perseverantemente pedirán los presbíteros, a una con la Iglesia, la gracia de la fidelidad, que nunca se niega a los que la piden, empleando, al mismo tiempo, todos los medios sobrenaturales y naturales, que están al alcance de todos».(80) Será la oración, unida a los Sacramentos de la Iglesia y al esfuerzo ascético, los que infundan esperanza en las dificultades, perdón en las faltas, confianza y ánimo en el volver a comenzar".

Pastores dabo vobis, 29.
 Si tienes intención de entregarte por completo a Cristo, ¡debes estar preparado para llevar su reproche! Por ti yo he sufrido insultos; mi rostro se ha cubierto de ignominia. Soy como un extraño para mis hermanos; soy un extranjero para los hijos de mi madre. El celo por tu casa me consume; sobre mí han recaído los insultos de tus detractores. (Salmo 69:7-9). Esto se refiere primordialmente al sufrimiento de Cristo – ¡pero cómo él era en este mundo, así somos nosotros! Si lo persiguieron y lo reprocharon, harán lo mismo con todo aquél que muere a sí mismo. ¿Quién reprochó a Cristo? ¿Quién amontonó vergenza sobre su cabeza y echaron fuera su nombre como si fuera inmundo? ¡La iglesia centrada en el hombre!

La recompensa de entregarse por completo.

¿Cuál es la recompensa? ¡Tener a Cristo de tu parte! Existen muchos otros premios por entregarse por completo, pero menciono solo éste porque es todo lo que necesitaremos. Pablo fue encarcelado en un castillo en Jerusalén con todo el sistema religioso deseando matarlo. La iglesia estaba escandalizada. Él fue acusado de contaminar el lugar santo, de predicar falsa doctrina. Hasta los soldados temían que Pablo fuera hecho pedazos; así que lo llevaron a la fuerza y lo encarcelaron en un castillo. Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Animo, Pablo; que como has testificado de mí en Jerusalén, así es menester testifiques también en Roma. (Hechos 23:11).
El Señor mismo le habló a Pablo – ¡no un ángel! ¡Y qué palabra: Animo! ¡Viene más! ¡Pero tú puedes enfrentar cualquier cosa y a cualquiera si sabes que el Señor está a tu lado!

La primera cosa que señala Pablo a Timoteo es que la iglesia se edifica por el amor. “Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Tim. 1:5). Pablo está diciendo: “Timoteo, cuidado con todas las palabrerías y las enseñanzas que engendran disputas y no realizan el plan de Dios; no es la edificación de Dios”. Pablo es también quien dice: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (1 Co. 8:1).

La segunda cosa que Pablo señala aquí que edifica a la iglesia y no sólo que edifica a la iglesia, sino que necesitamos también en nuestra responsabilidad ante el mundo, es lo que está en el capítulo 2: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres…” y así sigue hablando de cómo hemos de orar por los reyes, por los que están en eminencia.
En el versículo 8 dice: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda”. Hermanos, la iglesia se edifica por la oración. ¿Qué es la oración? Es el testimonio más elocuente de nuestra incapacidad, de nuestra debilidad.

Tercera cosa. Encuentro después de leer esta epístola algo muy importante: La iglesia se edifica por el ejemplo, por el buen ejemplo. Jesús era ejemplo de todo lo que enseñaba. Él podía decir a sus discípulos: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón … que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Hermanos, la iglesia se edifica por el ejemplo.
En el capítulo 3, Pablo le dice a Timoteo: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea, pero es necesario que el obispo sea –en otras palabras, en síntesis– un ejemplo de la grey”. Es lo que Pedro dice en su primera epístola, en el capítulo 5. La iglesia se edifica por modelos. Los que estamos al frente, y todos los que tenemos alguna responsabilidad, y todos los que tenemos que enseñar a otros. La forma de edificar a la iglesia es a través del ejemplo.

Cuarto: Pablo, vez tras vez, habla aquí de la sana doctrina. Y en el capítulo 4 dice: “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido … Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad … Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos … Esto manda y enseña … Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza … No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio … Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”.

Quinto: La iglesia se edifica por autoridad. Hebreos dice: “Obedeced a vuestros pastores, porque ellos velan por vuestras almas”. Mira otra expresión: “A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos para que los demás también teman. Reprender delante de todos, sí, ¿a quién? No al que peca una vez o al que peca dos veces. Puedes amonestarle en privado. Pero el que persiste en pecar, quiere seguir pecando, repréndele delante de todos”.
Ahora, en el ejercicio de la autoridad no puede haber prejuicios. Como dice: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin prejuicio, no haciendo nada con parcialidad. No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro”. En el uso de la autoridad no tiene que haber abuso, ni prejuicio, ni parcialidad, no tiene que haber apuro.

sábado, 24 de mayo de 2014

Xaquin Campo Freire y la política




Más de un centenar de personas se concentran en Ferrol «contra a represión sindical»

Convocados por los sindicatos CCOO, UGT, CIG y USTG ante el edificio administrativo de la Xunta de Galicia, fueron más de un centenar las personas que desde las 12 del mediodía de este jueves acudieron a un acto celebrado conjuntamente en todas las ciudades gallegas.
El encargado de leer el documento de protesta elaborado por los cuatro sindicatos fue Xaquín Campo Freire, miembro del Observatorio para a Defensa dos Dereitos e Liberdades (ESCULCA).

Campo Freire alertó de una «criminalización da resposta social» por parte del Gobierno, que utiliza la «represión» contra todas aquellas personas que se manifiestan en desacuerdo con sus políticas.

http://www.ferrol360.es/mas-de-un-centenar-de-personas-se-concentran-en-ferrol-contra-a-represion-sindical/

Señor Campo Freire: para acabar con la fe de las personas muchos curas nacionalistas introducen la lucha de clases en el seno de la Iglesia obran disolviendo, forman focos de división entre los fieles, pero sobre todo en los ambientes eclesiásticos y religiosos. Dividen a los obispos en dos bloques: los integristas y los progresistas.
Revelan a sus fieles contra los obispos con miles de pretextos. Atacan de frente a la iglesia como combatiendo, para su bien, sus estructuras anticuadas y los abusos que la desfiguran. Con hábiles golpes forman en los ambientes eclesiásticos núcleos insatisfechos para atraerles poco a poco al clima fecundo de la lucha de clases. Adaptan lenta y pacientemente, la infiltración de nuevos contenidos en las ideas tradicionales. Se trata no de liquidar, en un primer momento a la Iglesia, si no de ponerla en el dique seco, incorporándola al servicio de sus ideas nacionalistas. El resto vendrá después”.

Estos autoproclamados defensores del débil. En dos versiones, la más honesta es la que quiere su desaparición pura y simple. Odian a la Iglesia y cualquier pretexto, como el del débil, les vale. La otra es más hipócrita, no quieren la desaparición de la Iglesia sino otra mangoneada por ellos. Por ese minúsculo grupo de sacerdotes, exsacerdotes, religiosos y laicos, más alguna monja desnortada, que no se parecería nada a la católica y que no sobreviviría ni un par de años.
Fe cristiana es fe en Cristo o tal como Cristo la enseña y practica.
La fe que tenían los rudos pescadores de Galilea era cristiana, o sea en Cristo y tal como Cristo la enseñaba y practicaba. Y sentían regusto en esa fe: «Auméntanos la fe» (Lc 17,5), pidieron un día a Jesús.

Cuando don Miguel de Unamuno —hombre profundamente religioso, aunque no católico— paseaba en Salamanca con sus amigos dominicos, les decía: "Con vuestro racionalismo abstracto, habéis agotado la fe".

Pero, ¿cuántos se alejan de la iglesia y abandonan su fe en Cristo, por causa del mal testimonio?
 Sr Campo Freire  le recuerdo lo que dice el Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros

 Compromiso político y social

44. El sacerdote estará por encima de toda parcialidad política, pues es servidor de la Iglesia: no olvidemos que la Esposa de Cristo, por su universalidad y catolicidad, no puede atarse a las contingencias históricas. No puede tomar parte activa en partidos políticos o en la conducción de asociaciones sindicales, a menos que, según el juicio de la autoridad eclesiástica competente, así lo requieran la defensa de los derechos de la Iglesia y la promoción del bien común[180]. Las actividades políticas y sindicales son cosas en sí mismas buenas, pero son ajenas al estado clerical, ya que pueden constituir un grave peligro de ruptura de la comunión eclesial[181].

Como Jesús (cfr. Jn 6, 15 ss.), el presbítero «debe renunciar a empeñarse en formas de política activa, sobre todo cuando es partidista, como sucede casi inevitablemente, para seguir siendo el hombre de todos en clave de fraternidad espiritual»[182]. Todo fiel debe poder siempre acudir al sacerdote, sin sentirse excluido por ninguna razón.

El presbítero recordará que «no corresponde a los Pastores de la Iglesia intervenir directamente en la acción política ni en la organización social. Esta tarea, de hecho, es parte de la vocación de los fieles laicos, quienes actúan por su propia iniciativa junto con sus conciudadanos»[183]. Además, siguiendo los criterios del Magisterio, el presbítero ha de empeñarse «en el esfuerzo por formar rectamente la conciencia de los fieles laicos»[184]. El sacerdote tiene, pues, una responsabilidad particular de explicar, promover y, si fuese necesario, defender —siguiendo siempre las directrices del derecho y del Magisterio de la Iglesia— las verdades religiosas y morales, también frente a la opinión pública e incluso, si posee la necesaria preparación específica, en el amplio campo de los medios de comunicación de masa. En una cultura cada vez más secularizada, en la cual a menudo se olvida la religión y se la considera irrelevante o ilegítima en el debate social, o como mucho se la confina sólo en la intimidad de las conciencias, el sacerdote está llamado a sostener el significado público y comunitario de la fe cristiana, transmitiéndola de modo claro y convincente, en toda ocasión, en el momento oportuno y no oportuno (2 Tim 4, 2), y teniendo en cuenta el patrimonio de enseñanzas que constituye la Doctrina Social de la Iglesia. El Compendio de la doctrina social de la Iglesia es un instrumento eficaz, que lo ayudará a presentar estas enseñanzas sociales y a mostrar su riqueza en el contexto cultural actual.
La reducción de su misión a tareas temporales, puramente sociales o políticas, en todo caso, ajenas a su propia identidad, no es una conquista sino una gravísima pérdida para la fecundidad evangélica de toda la Iglesia.

El sacerdote o clérigo que pretenda participar activamente de la vida política, en cierto sentido traiciona su peculiar vocación, puesto que “ellos no son del mundo, según la palabra del Señor, nuestro Maestro” (Decreto Presbyterorum Ordinis, n. 17). Los sacerdotes “son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey”, (Ibidem, n. 1), y su misión principal consiste en ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados y desempeñar públicamente, en nombre de Cristo, la función sacerdotal en favor de los hombres (cfr. Ibidem, n. 2). Los sacerdotes sirven al pueblo cristiano desempeñando sus funciones ministeriales del mejor modo posible; el pueblo necesita sacerdotes entregados a sus funciones, no sacerdotes que intenten ocupar el espacio de los laicos. “Por esto consagra Dios a los presbíteros, por ministerio de los Obispos, para que participando de una forma especial del Sacerdocio de Cristo, en la celebración de las cosas sagradas, obren como ministros” de Cristo (Ibidem, 5). El pueblo cristiano necesita sacerdotes santos, que ofrezcan el sacrificio de Cristo en plena unión con su maestro.

domingo, 4 de mayo de 2014

Felicitaciones a D.Manuel Sanchez Monge




El Obispo de Mondoñedo quiere convertir casas rectorales en viviendas.


Me parece un gesto coherente de D. Manuel y le pido a Dios que se siga por este camino.

La única guerra justa, como decía el arzobispo Helder Camara en el Concilio Vaticano II, es la guerra contra el hambre y la pobreza.

Monseñor Sanchez Monge afirmaba hace unos meses que la caridad es acoger el amor de Dios y está siendo coherente con su mensaje. En su página de Weeb de la diócesis afirma lo siguiente: “El ejercicio de la caridad de cada uno y de nuestras comunidades debe nacer de la escucha de la voz de Dios en los últimos, de contemplar la faz del Señor en los rostros doloridos de los pobres. No se trata de seguir nuestras personales intuiciones y mucho menos de imponer a los pobres nuestros servicios y limosnas.” No solamente lo dice, sino que lo está cumpliendo.

 El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada.
Anunciamos, entonces, con alegría y devoción, que la Victoria sobre el Mal ya ha sido ganada; basta tan sólo encontrar a Cristo, Vivo y Resucitado.

Los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas porque la miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza.

La iglesia ha de ocuparse de los derechos del pueblo… y de la vida que está en riesgo… La iglesia ha de ocuparse de aquellos que no pueden hablar, de aquellos que sufren. Esto no implica dedicarse a la política… Seamos claros. Cuando la iglesia predica la justicia social, la igualdad y la dignidad del pueblo, defendiendo a los que sufren y a los que son amenazados, esto no es subversión, esto no es marxismo; ésta es la verdadera enseñaza de la Iglesia .

Rezo por usted  Monseñor para que sea testigo de la misericordia de Dios en un mundo sin misericordia. No puede haber fe cristiana sin encarnación.

Nuestra fe debe tener como centro la caridad, es decir, la misma vida de Dios que es amor en su realidad más esencial, el amor al prójimo, enraizado en el amor a Dios, es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad.
La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha.
Con este paso coherente, se que seguirá usted haciendo frente a ésta y otras preocupaciones sociales graves, como la difícil situación de las familias más necesitadas de nuestra ciudad. ¡Que estos hombres y mujeres sean siempre recibidos por nuestras comunidades católicas , encontrando en ellas corazones y hogares abiertos en su intento de comenzar una nueva vida!.

 Pido a Dios Que en este año redunde en la comunión entre las Iglesias Parroquiales que conforman nuestra diócesis, que impulse proyectos comunes, abra vías de colaboración entre los Agentes de Pastoral y nos mantenga a todos no sólo atentos a los signos de los tiempos, sino también oportunos y tenaces para sostener las iniciativas mediante las cuales el Espíritu Santo apuntala el Anuncio el Evangelio a todo viviente.

viernes, 25 de abril de 2014

Los divorciados y el papa




Se armó la guerra del divorcio. Guerra política y religiosa.

Diría que es una guerra básicamente humana porque es el hombre como tal quien está en el centro de la cuestión.

Una vez más el hombre es utilizado como campo de batalla por los estrategas aprovechados de la política y por los fanáticos jerarcas de la religión.
Debe reconocerse que la iglesia sugiere a los demás que reconozcan sus propios errores o pecados, mientras ella misma se abstiene de hacerlo. La cuestión sexual en general, y esta del divorcio en particular, la obligan o inducen a entonar un preocupado “mea culpa”, esclarecedor de ideas y de conductas equivocadas, impuestas en el nombre de Jesucristo (mejor diría, por razón de temor y de infierno) y del nombre de la llamada ley natural.

El titulo de “madre y maestra” que a veces se dio a si misma la comprometerían a un sensato magisterio aprendido en la escuela de su único Maestro Jesús y con los logros que las ciencias de hoy ofrecen, como también a una entrañable maternidad con las personas que cuanto más sufren más hijas suyas son.

La iglesia procuro el bien da institución matrimonial, dejando de lado el bien de las personas y de las parejas. Creo que ponerse al servicio de la institución, de la ley de la norma o del contrato o al lado de la persona, da libertad, y del amor e un desafió básico y permanente para los cristianos.
     
No tomemos la cuestión desde un punto de vista sentimental ni relacionemos automáticamente divorcio pecado. Tanto la estabilidad de la pareja como la ruptura (divorcio) son un hecho humano y social. Resulta indiscutible que el matrimonio, a través de épocas , culturas y sistemas sociales se considero como la unión de un hombre y una mujer de larga duración. El matrimonio es pues, un proyecto estable, firme , sólido, de vida en común.

Ahora bien, por mil y una circunstancia y por la limitación humana puede haber fracasos y naufragios y los hay. De hecho el divorcio se da ciertamente tenemos que contar con la dialéctica entre la aspiración  a lo ideal, lo deseable y la realidad. Tanto el compromiso fiel como la limitación y el error son humanos.
De este modo consideramos el matrimonio como unión estable y firme por el amor, pero non indisoluble por naturaleza o por ley natural, “porque sí” podríamos decir.
La misma iglesia católica declaro disueltos matrimonios “naturalmente “ validos e legítimos.

La alegaciones contra la permisión legal del divorcio para las parejas fracasadas deben contemplarse con la prudencia jurídica necesaria pero non son consistentes para llegar a negarlo, como tampoco pesan  de hecho, por desgracia, razones tan importantes como el derecho al trabajo estable, a una vida digna y amplia etc.
Razones que también atacan el matrimonio.

En los primeros siglos del cristianismo, el matrimonio era un contrato entre particulares. El matrimonio y el divorcio eran asuntos privados. Con Constantino, la Iglesia Católica pasó a ser religión oficial. Los obispos toman el mando, se entrometen en todos los asuntos y arruinan la comunidad de iguales. El obispo Ignacio de Antioquía proclama: «los varones y las mujeres deberán tener la autorización del obispo para casarse, pues sólo lo que él aprueba es del agrado divino». Los obispos se creyeron representantes de Dios, y exigieron fe ciega a sus normas, cayendo en los vicios autoritarios que Jesús de Nazareth condenó. Jesús sólo proclamó un mensaje: la libertad de los hijos de Dios. Sólo nos dio un mandato: amaos los unos a los otros.

La Iglesia siempre ha sentido resentimiento contra el cuerpo, el sexo y la mujer. La Iglesia siempre ha querido reglamentarlo todo, y se mete en todo tipo de cuestiones: control de la natalidad, parejas de hecho, relaciones prematrimoniales, matrimonios homosexuales, como si la Iglesia fuera experta en todo. Mejor se dedicaban los obispos a levantar las alfombras de sus palacios, para dejar a la luz toda la basura, pecados, corrupción y pederastia que ocultan. Que se miren al espejo. Y que no quieran darnos clases de nada. Dios nos ha dado una cabeza para pensar. Pues pensemos, y no permitamos que nos digan lo que tenemos que hacer, como si todavía fuéramos niños.

 Lombardi no confirma ni desmiente que Francisco permitiera comulgar a la mujer de un divorciado

Esta es la rectificación vaticana del P. Lombardi:

“Declaracion del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede
En el ámbito de las relaciones personales pastorales del Papa Francisco ha habido diversas llamadas de teléfono.

Como no se trata absolutamente de la actividad pública del Papa no hay que esperar informaciones o comentarios por parte de la Oficina de Prensa.
Las noticias difundidas sobre esa materia -ya que están fuera del ámbito propio de las relaciones personales- y su amplificación mediática no tienen por lo tanto confirmación alguna de fiabilidad y son fuente de malentendidos y confusión.
Por lo tanto hay que evitar deducir de esta circunstancia consecuencias relativas a la enseñanza de la Iglesia”

Estoy seguro de que esta declaración ha sido consultada con el Papa y que se ha hecho encaje de bolillos para redactarla. Así ha salido. A algunos les parecerá insuficiente. Era necesaria y a mí me basta. Aunque no me entusiasme. Lo que me entusiasmaría es que en lo sucesivo nos ahorre Su Santidad más desmentidos, exégesis, puntualizaciones, rectificaciones y demás. Tantas cosas buenas como nos dice es lástima que periódicamente otras nos suman en la perplejidad. Aunque luego se aclaren. Más o menos.


domingo, 20 de abril de 2014

Vivir hoy la resurrección





Vivir hoy la resurrección

Si nuestra esperanza en Cristo se limitara sólo a los límites de esta vida, seriamos los más desgraciados de todos los hombres. La profesión de fe en la resurrección es la respuesta a las apariciones; sólo ellas redujeron la ambigüedad del sepulcro vacío y dieron origen a la exclamación de los apóstoles: resucito verdaderamente. Los evangelios nos transmiten los siguientes datos: Las apariciones son descritas como presencia real y carnal de Jesús, come, camina con sus discípulos, se deja tocar, oír y hablar con ellos. Su presencia es tan real que puede ser confundido con un viandante, con un jardinero o con un pescador.

En Jesucristo recibimos la respuesta definitiva de Dios de que no fue la muerte si no la vida, la última palabra que Dios pronuncio sobre el destino humano.

Nosotros experimentamos en el espíritu la resurrección de Jesús porque tanto el como su causa se nos presenta como realidades vivas y victoriosas. No se puede separar absolutamente la experiencia de los primeros discípulos de la nuestra, y, si eso es así, también en la historia será posible una experiencia semejante a la de los primeros discípulos.

No podemos esperar que en la historia aparezcan apariciones del resucitado como las que narran los Evangelios, pero cuando reaccionamos con misericordia y amor, cuando tenemos la capacidad de dar la propia vida para dar vida a los otros, eso es vivir… Los cristianos de Corintio, por poner un ejemplo de los orígenes estaban convencidos de que vivían ya la plenitud porque si no fuera así vacía sería su predicación.

Y lo pensaban así porque vivían signos extraordinarios por todas partes: milagros, don de lenguas etc.; que parecían triunfar sobre la realidad de lo cotidiano. Los apóstoles comienzan a predicar sin miedo y con audacia, y parecen contentos aun en medio de las persecuciones alegres de tener sufrido algo por Jesús (hech. 5.41).
Los discípulos que se encontraron con el resucitado viven una nueva vida, con sentido y con gozo. No parecen estar “tristes”, están acosados pero no abandonados (2 Cor 4,8) los discípulos notaron un cambio en sus vidas, pero no tan sólo porque en un primer momento pasan del miedo a la valentía, si no porque en el medio de los trabajos y de los esfuerzos que les sobrevinieron actúan con libertad y con gozo.
Los discípulos dan testimonio de que ellos también viven ya de algún modo la plenitud de la resurrección lo que hay de triunfo en la resurrección no quedo tan sólo en Jesús, si no que se desbordo y cambio la calidad de sus vidas. El error consiste en pensar que se vive más en el mundo de la resurrección cuanto menos se vive en el mundo histórico.


Pablo desafía a cualquiera que dude de esta veracidad , sencillamente a que pregunte a cualquiera de los testigos que estaban todavía vivos 1ª cor 15:6.

Y lo cierto es que los enemigos de Cristo no refutaron la resurrección, con la ocasión de la predicación de Pedro en el día de Pentecostés,  únicamente callaron, ¿Por qué? Por cuanto sabían que la evidencia del sepulcro vacío era una realidad que podía ser comprobada por cualquiera.

Las vidas transformadas de los discípulos son una evidencia de la resurrección.

Santiago, el hermano de Jesús, antes menospreciaba todo cuanto Jesús defendía, ahora él mismo se describe como “siervo de Dios y del Señor  Jesucristo.”
 Santiago 1:1

            Todos con la excepción de Juan murieron en el martirio.

Las vidas transformadas de millones de hombres y mujeres a lo largo de casi 2.000 años de historia corroboran la veracidad de la resurrección de Cristo.


1.6.7. Más sobre una supuesta alucinación.

Es interesante destacar aquí, ante la sugerencia de que lo que vieron los discípulos fueran alucinaciones, que científicamente está demostrado que “los hombres sujetos a alucinaciones nunca llegan a ser héroes morales. Sin embargo el efecto de la resurrección de Jesús fue continuo, y la mayoría de estos discípulos testigos, sufrieron la muerte por predicar esta verdad.

Es imposible que dos personas tuviesen la misma alucinación al mismo tiempo, e igualmente imposible que unas 500 personas de estado mental y temperamento promedio, en número variados, en tiempo diferentes, y en situaciones muy variadas experimentaran toda clase de impresiones sensoriales, táctiles, auditivas y visuales, y que todas estas estuvieran basadas en una supuesta alucinación colectiva.

Las alucinaciones generalmente están restringidas a un tiempo y lugar en que ocurren, precisan de una atmósfera nostálgica, o en una ocasión en la que se adopte una postura reminiscente, exigen que la gente tenga un espíritu ansioso, que es la causa de que su deseo llegue a ser el padre del pensamiento...., pero ninguno de estos casos se aplica a la realidad de Cristo resucitado. Ellos no entendían la resurrección, fueron sorprendidos por esta realidad, anunciada con anterioridad pero incomprensible en aquel entonces.

Las apariciones en realidad fueron contra la voluntad de los discípulos



 
Me gustaría compartir un texto extractado de Xabier Pikaza:

http://evangelizadorasdelosapostoles.wordpress.com/tag/xavier-pikaza/


el evangelio de Marcos viene a presentarse como gran relato de la “aparición pascual completa” o, mejor dicho, de la presencia histórica de Jesús resucitado, que se ha ido revelando a lo largo de su evangelio, escrito como proclama pascual y recuperación de la historia de Jesús (las dos cosas el mismo tiempo), tras la destrucción de Jerusalén (70 d.C.) y tras el fin de un tipo de iglesia judeocristiana, probablemente desde Galilea/Siria (pero recuperando un testimonio abierto a Roma). De esa forma, tras esa inmensa ruina de Jerusalén (que los judíos rabínicos han superado de otra forma muy significativa, volviendo a la Ley, en su concreción social y nacional), el evangelio de Marcos ha contado la “pascua histórica” de Jesús como principio de una misión eclesial para todas las naciones, partiendo del mensaje y comienzo de Reino que Jesús inició en Galilea.

¿Cómo ha sido esa “vuelta”? ¿De qué forma ha sucedido, a pesar de la huída y del miedo? Quien pida a Marcos que responda de manera externa a esas preguntas es que no ha entendido el evangelio. Hay cosas que se dicen, hay explicaciones que se deben dar, pero otras, las más importante, han de quedar en la penumbra, en el silencio más intenso, y entre ellas se encuentra la forma en que las mujeres lograron “convertir” a otros discípulos y a Pedro, para que dejaran la tumba vacía de Jerusalén y volvieran a la patria del evangelio que es Galilea, para ver allí a Jesús Nazareno, el crucificado, iniciando desde allí el camino de evangelio a todas las naciones (13, 10; 14, 9).
Entendido así el final de Marcos, Galilea es mucho más que un lugar geográfico, es la totalidad del evangelio al que ha de volverse tras la ruina (tumba) triunfante (vacía) de Jerusalén, para recrear desde allí el mensaje y camino del Reino. Por eso, debemos concluir este argumento diciendo que, en un plano, en un momento, las mujeres no fueron, porque tenían un gran miedo, pero, en otro plano, en otro momento, ellas fueron, pues de lo contrario no se podría haber contado esa historia.

En un sentido, ellas huyeron, pero en otro, según 14, 3-9, no sólo fueron de hecho, sino que contaron a los otros discípulos lo que habían descubierto y sentido, su experiencia de Jesús/Perfume, de manera que ellas son las iniciadoras (fundadores) de la iglesia, que debe extenderse y se extenderá a todo el cosmos (13, 10; 14, 9). En esa línea, podemos afirmar que Marcos ha terminado su texto a modo de pegunta implícita, diciendo a los lectores: ¿Queréis ir vosotros? En ese sentido podemos añadir que su evangelio retoma y cumple la función de las mujeres, diciendo a sus oyentes y lectores que la tumba de Jerusalén está vacía y que Jesús ha resucitado, para conducirles (conducirnos) otra vez a Galilea, donde le veremos .

Lógicamente, las apariciones concretas de Jesús resucitado resultan innecesarias. Para Marcos no hay un evangelio de apariciones posteriores, separadas de la “vida pascual” que él ha escrito. Su evangelio es, según eso, la epifanía histórica del Cristo resucitado. Lo que a un nivel es narración y recuerdo de la vida de Jesús (de algo pasado) viene a presentarse a otro nivel como testimonio de presencia pascual.

También a nosotros, lectores y oyentes del siglo XXI, deben convocarnos las mujeres de la tumba vacía, volviendo del miedo que les había dominado. Con ellas tenemos que volver a Galilea, para retomar así la trayectoria del Reino, en el lago de las tormentas, en la montaña donde Jesús escogió a sus misioneros, en las tierras del entorno (Gerasa, confines de Tiro….), movidos por la esperanza del Dios para quien nada es imposible (cf. 10, 27) .

Si Marcos no habla de apariciones pascuales de Jesús no es porque las ignore (parece imposible que no conozca la tradición de fondo de 1 Cor 15, 3-7), sino porque, a su juicio, la “pascua cristiana” ha de anunciarse de otra forma, en la línea de todo su evangelio. Eso supone que el relato del sepulcro vacío (16, 1-8) ha de entenderse a partir de Betania, donde se ha celebrado la presencia de Jesús/Perfume (14, 3-9), para pasar de allí a Galilea, extendiendo el evangelio a todo el cosmos (cf. también 13, 10). De esa manera, el texto de Marcos culmina (¡en forma textual!) con el relato de unas mujeres (no de unos hombres-varones, como Roca y los Doce) que empiezan buscando el cuerpo de Jesús para embalsamarlo.

– Más tarde llegarán las formulaciones teológicas de tipo más formal (litúrgico, dogmático), pero antes, en el comienzo de la Iglesia, según Marcos, tenemos a esta mujer, elevándose como primera cristiana y principio de la Iglesia, en el mismo banquete funerario donde otros querían celebrar la muerte de Jesús. En este sentido, podemos decir que el evangelio es la comprensión pascual de la muerte de Jesús, y puede expresarse en forma de unción y perfume que brota de ella. Por eso, donde se anuncie el evangelio se dirá lo que ha hecho esta mujer, la forma en que ha logrado comprender la muerte de Jesús como resurrección de vida (perfume).

Jesús mismo es el perfume abierto y expandido (comunicado) desde el vaso de alabastro roto. Aquí y ahora, este Jesús-perfume es el mayor derroche generoso de vida, a favor de los demás, es la Palabra de Reino que a todos vincula. La resurrección no es algo para “luego” (al fin del tiempo), sino algo aquí, un misterio que se anuncia y se expande en la vida de los seguidores de Jesús. Él mismo, Jesús, es ya el evangelio. Por eso, esta mujer que lo ha comprendido y mostrado, ante todos (antes que todos), en gesto de amor, forma parte del mensaje cristiano: es una encarnación concreta de ese evangelio.

La casa de Simón leproso, en el entorno de Jerusalén, es ya casa pascual donde se reúnen los discípulos de Jesús, para recordarle mientras comen.
La misma localización (Betania) puede entenderse en esa línea (como en el caso de la resurrección en Lázaro en Jn 9) como signo de resurrección de Jesús y de nacimiento de la Iglesia. La memoria de esta mujer (mnêmosynon autês: Mc 14, 9) pertenece a la raíz de la vida de la iglesia, como la memoria eucarístico de Jesús.

Los paralelos extramarcanos presentan la eucaristía como anámnesis o memoria de Jesús (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 23-25) y el mismo evangelio de Marcos se refiere al pan de las multiplicaciones y la barca como fuente de recuerdo eclesial (cf. mnêmoneuein: Mc 8, 18). A los discípulos les cuesta conservar la memoria activa del pan y por eso desconocen a Jesús y siguen ciegos, no sólo en esta unción de Betania, sino en la misma escena eucarística que sigue (cf. Mc 14, 12-31 donde culmina el tema de los panes). Esta mujer, sin embargo, ha comprendido, volviéndose elemento integral de la memoria de Jesús, una memoria que deberá pasar de Betania en el entorno de Jerusalén a Galilea, como seguirá diciendo 16, 1-8.


La pegunta es ¿cómo se pudo pasar de la muerte de Jesús a la experiencia de pascua, y cómo a partir de la pascua (simbolizada por la tumba abierta) Marcos tuvo que recuperar la historia de Jesús, dentro de la Iglesia?

En un sentido historicista resulta difícil precisar lo que pasó, pero el final de Marcos (16, 1-8) nos ayuda a entenderlo, aunque no dice de un modo directo aquello que Dios hizo en la tumba, ni cómo transfiguró/resucitó a Jesús (¡eso no puede decirse con lenguaje humano!), sino aquello que las mujeres descubrieron cuando “fueron” (de un modo simbólico y, quizá, también histórico) al sepulcro para “ungir (sacralizar) a un muerto”. Esas mujeres no pudieron hacer lo que querían, porque no fueron capaces de encontrar al “muerto” a quien deseaban sacralizar con perfumes… y, además, porque ese cuerpo (el sôma de Jesús: cf. 14, 3) había sido ungido ya en casa de Simón Leproso (14, 3-9, como he dicho. Eso significa, a mi entender, que hay una intensa conexión entre esos dos pasajes (16, 1-8 y 14, 3-9), y ambos han de verse y entenderse unidos.


Sea como fuere, la transformación del cadáver para la muerte en perfume para la vida constituye una expresión radical de pascua. En ella se transmite la verdad y contenido del signo de la tumba vacía, donde (en consonancia con del perfume de la mujer y de la palabra de Jesús, que la defiende) escuchamos la palabra del joven que dice a las mujeres que Jesús ha resucitado (es buen perfume) y les manda que expandan su mensaje y vayan con el resto de los discípulos a Galilea .




viernes, 18 de abril de 2014

La pasión de Cristo





En el sermón de la cena, Jesús mostró una serenidad imperturbable. De allí se dirigió a Getsemaní. Era un campo pequeño plantado de olivos, de donde salio el joven de quien nos habla San Marcos, (Mc14,51). Allí se dirigió a sus  discípulos para retirarse a orar.
            Jesús pasó muchas noches en oración. Desde el principio de su predicación lo vemos seguir esta práctica. En vísperas de los grandes sucesos, por ejemplo, en la elección de  sus apóstoles, se entrega a una prolongada oración (Lc 6,12). Pero ningún de los acontecimientos pasados era comparable con este. Se trataba de la lucha suprema.
            Jesús siente real y verdaderamente tristeza, una tristeza infinita, pero sabemos por San Pablo que el Redentor tenía que ser “probado en todo a nuestra semejanza menos en el pecado” (Hbr 4,15).
            La actitud de Jesús en semejante desolación es la de dirigirse al Padre en busca de consuelo. Y esto por medio de la oración. “Hágase en mi  tu voluntad” (Mt26,42)¡ Y Qué obediencia, qué respecto, qué amor a la voluntad del padre! No lo dispenso el Padre de beber el Cáliz, pero le envío un ángel. Jesús se dejó consolar.
            Es posible que a nosotros no se nos aparte el Cáliz y nos veamos obligados a beberlo, pero tendremos en virtud de nuestra oración, la fuerza necesaria para beberlo sin desfallecer. La oración no vuelve del cielo nunca vacía. Podrá ser que no cambie el curso de los acontecimientos pero nos cambia a nosotros, y eso es lo que más interesa.
            El asombroso acontecimiento en el Monte de los Olivos brinda muchas enseñanzas. A caso nos guarden en la vida muchas desgracias y pruebas. No hay vida humana sin sufrimientos. Pero, aún que tengamos que derramar gotas de sangre recitemos la oración “Padre, no se haga lo que yo quiero, sino lo que tu quieres” (Mt26,39).
            ¡Que magnifico ejemplo de cumplimiento fiel de la misión, plenamente reconocida, nos da Cristo en el Monte de los Olivos, cuando suda gotas de sangre. Perseverar en el cumplimiento del deber, permanecer fiel a los principios, ofrecer a pecho descubierto las desgracias: todo eso nos enseña el ejemplo del Señor.
            Si a Jesús le fue necesaria la Cruz para entrar en la gloria, también a nosotros. Para aprovecharnos de ella, deberemos, en primer lugar, recurrir a la oración. Retirémonos, busquemos la soledad, y en ella oremos con reverencia. Suframos con paciencia: Imitemos a Cristo: ¡Con qué dulzura recibe a Judas, que lo iba entregar! Se dejó besar. Ante Pilato Jesús callaba (Mt26,63) le escupieron, lo coronaron de espinas, desgarraron  sus carnes, y el manso como un cordero.

domingo, 13 de abril de 2014

Xabier Pikaza: Teodicea. Itinerarios del hombre hacía Dios



Xabier Pikaza conoce muy bien a Dios y entiende perfectamente los signos de los tiempos. Sus palabras y sus escritos son un desafío - incómodo muchas veces - en medio de una Iglesia indiferente, apática, en medio del pecado que abunda, en medio de la tibieza, en medio del confort de una iglesia jerárquica cómplice del sistema opresor que produce oprimidos y deprimidos en serie.

Sus libros  y sus artículos publicados en su blog constituyen un verdadero tesoro para el pueblo cristiano de estos tiempos, y la señal de que Dios habla en este tiempo buscando  siervos y siervas que le respondan.
Xabier Pikaza uno de los mejores teólogos de este país. Después de toda una vida hablando de Jesús y del Evangelio.
Nació el 12 del VI de 1941 en Orozko, Euskadi.
– Ha cursado estudios en la Universidad Pontificia de Salamanca (Doctor en Teología), en la Universidad de Santo Tomas (doctor en Filosofía) y en Instituto Bíblico (Roma); ha ampliado estudios en las universidades de Hamburg y Bonn (Alemania).
– Ha sido religioso de la Orden de la Merced y presbítero de la Iglesia católica, siendo catedrático de la Universidad del Episcopado Español. Ha debido abandonar la enseñanza oficial y ha renunciado a la vida religiosa. Actualmente está casado con M. Isabel Pérez Chaves.
– Doctor en Teología por la Univ. Pontificia de Salamanca (1965), con una tesis sobre Dialéctica del Amor en Ricardo de San Víctor
– Doctor en Filosofía por la Univ. de Santo Tomás de Roma (1972), con una tesis sobre Exégesis y filosofía en R. Bultmann
– Licenciado y candidato a doctor en Sagrada Escritura por el Instituto Bíblico de Roma (1972)
Es importante que en este mundo trivializado y gris, sin utopías ni ilusiones encontrar a personas como Xabier Pikaza,
que por su modo de ser, comuniquen luz y ánimo para que podamos ser humanos y cristianos. A estas personas hay que buscarlas como se busca una perla preciosa y el agradecer a Dios el haberlas encontrado. Teólogos como Pikaza, Meier, Joachim Jeremías, Bonhoefer… son este tipo de personas y teólogos que no siendo en “todo perfectos “se muestran humanos y comunican dignidad, esperanza, amor y sentido de la vida.
Sí, Jesucristo es la única persona que puede decir siempre y en todo momento, en presente sin apelar a un pasado para nosotros inexistente o a un futuro desconocido: Yo Soy. Jesucristo, por ser Dios, es Amor, y por eso no es un Fue cansado ni un Será dubitativo, sino un Es amante, que no se agota amando, pues el amor perfecto, divino, a diferencia del humano, no tiene fin. He aquí la esencia misma del Amor de Dios. Amar sin poder, sin querer dejar de amar.
Lo importante para nosotros no es lo que quiere la Iglesia, sino saber lo que quiere Jesús.
No por un interés personal, sino pensando en todos los hombres y mujeres para el que el mensaje de la Iglesia institucional se ha vuelto extraño. ¡Cuántas leyes impuras y duras, cuantas esperanzas y consuelos falsos turban todavía en nuestros días la palabra límpida de Jesús y dificultan la verdadera conversión de muchas personas!. Cuando las Sagradas Escrituras nos hablan del seguimiento de Cristo predican la liberación de los hombres y de las mujeres con respecto a todos los preceptos humanos, con respecto a todo lo que nos oprime y nos agobia y a todo lo que oprime y atormenta las conciencias. Todavía hoy en día es muy difícil caminar por el estrecho sendero de las decisiones eclesiásticas manteniéndonos en la inmensidad del amor de Jesús para con todos los hombres.

Si existiera un premio Nobel para la teología no me cabe duda de que Xabier Pikaza sería merecedor de él por sus magistrales obras.


Sobre un mundo con mucho mal e inmenso sufrimiento, miles de hombres y mujeres gritan cada día: « ¿Dónde estás, oh Dios?» (Salmo 42). Por eso, más que un Dios como enigma racional, me ha importado el Dios comprometido con los hombres, y así me he atrevido a trazar su itinerario de una forma práctica, desde una perspectiva cristiana.
Empezaré hablando del hombre como viviente a quien Dios mismo despierta a la existencia personal y social; quiero dejar que Él se revele en el mismo corazón de nuestra vida humana. Expondré después los argumentos a favor o en contra de Dios, tal como han sido planteados en la filosofía de Occidente, lugar donde ha surgido la cuestión de la teodicea como juicio que la historia eleva frente a Dios.
Contemplaré al ser humano como pregunta teológica: abierto a Dios, viviendo en amor y libertad, pero capaz de negarle y suicidarse. Y estudiaré las grandes paradojas que suscita Dios, a quien solo podemos conocer ensanchando el horizonte de nuestras razones y experiencias. Así concluye este itinerario, dejando abierto el camino a la posible fe religiosa.

Ésta es una prueba, que el mismo Tomás de Aquino había insinuado en la Summa Theologica (I-IIae, q.9, a.6), afirmando que el hombre sólo puede obrar (amar) porque Dios le ha impulsado para hacerlo, en una línea que yo he simbolizado en el gesto de la madre y del padre (cf. tema 3). Pues bien, sin negar ese principio, quiero añadir que el amor de madre-padre resulta insuficiente para entender lo que somos y para realizarnos como humanos, pues nos impulsa y eleva un movimiento más fuerte de amor enamorado, descubierto y descrito por poetas y místicos, empezando por San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti» (Confesiones 1, 1 ,1).

Dios no quiso hacernos «para él», es decir, como servidores suyos, con un fin egoísta (tenernos sometidos bajo su dominio), sino para que pudiéramos ser nosotros mismos (es decir, seres en libertad), en comunión con él y con todos los demás. Dios se define así como infinito (trascendencia) de amor, que existe en sí, pero impulsando y haciendo que las restantes realidades sean. En esa línea añadiré que la meta del hombre no es hacerse Dios (y dejar así de ser humano), sino hacerse y ser plenamente humano, en comunión con Dios, en diálogo personal de amor, que puede superar las fronteras de la muerte.

Dios no llena el espacio de la realidad para ser el único existente, sino que lo hace vaciándose de sí, como contrayéndose, para abrir un espacio de vida en amor, a fin de que los hombres podamos ser y buscarle en libertad y encontrarle en gozo compartido (en donación mutua de vida). Este camino de amor es la prueba de Dios. Quien la recorra y valore sabrá que el Amor es lo primero, y podrá descubrir a Dios como Amante que se ha vuelto Amado, pues quiere (y nos capacita para) que le amemos.
Ésta es la grandeza de Dios, que no quiere presentarse como único Amante (de manera que nosotros simplemente le acojamos, dejándonos ser), sino como aquel que tras amarnos (al hacerlo) se vuelve Amado (como necesitado de amor), abriendo un camino de vida a los hombres, como indicaré, con la ayuda de Juan de la Cruz, en este capítulo que he puesto al principio de las pruebas de Dios en nuestra vida (acción, libertad, historia, comunicación) .

1. Ausencia provocadora. Como ciervo huiste
Dios (Vida originaria) nos despierta a la conciencia no solo para que él nos pueda amar, sino para que podamos responderle amando, es decir, para buscarle apasionadamente como Amado, saliendo a su encuentro a través de una fuerte y arriesgada travesía que define nuestra existencia. Nada de aquello que sabemos o tenemos fuera de él ha podido despertarnos de esa forma, poniéndonos en marcha, no para esperar pasivos el amor que viene, sino para salir a su encuentro, buscando al Amado, como saben y cantan unos versos de Juan de la Cruz:

a. ¿Adónde te escondiste?

Ésta es la prueba del amor activo (ardiente) que han podido descubrir y describir grandes poetas y místicos, en la línea de Juan de la Cruz, que empieza presentando a Dios como presencia efusiva (insinuante) de amor, que brilla un momento y parece marcharse, para que podamos ser nosotros mismos y para que así, en libertad activa, le busquemos, como dice el salmo del amante desterrado:

Como busca la cierva corrientes de agua así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Las lágrimas son mi pan noche y día, mientras todo el día me repiten ¿dónde está tu Dios? (Sal 42, 2–4) .

Busca agua la cierva por necesidad biológica, y el amante humano busca a Dios porque tiene otra sed, porque le ha podido ver y se siente desterrado, lejos de su templo (casa, santuario) y quiere recorrer el camino anhelado, sufrido, que le lleva en amor al Señor de las Aguas, el único que puede saciar su deseo de vida (el Amado). Este amante desterrado tiene quizá otras personas a su lado, pero ellas no le sacian, sino que incluso, a veces, le hieren, preguntando ¿dónde está tu Dios? para acusarle diciendo que esta des-amparado, que nadie le espera, que su llanto carece de respuesta. Con esta imagen del ciervo del salmo, que es un fiel desterrado, que busca agua de amor, retomamos nuestro itinerario, siguiendo el testimonio de Juan de la Cruz. En la tradición amorosa, la imagen del ciervo que es signo del alma (persona) que anhela a Dios y busca el agua, ha venido a convertirse en figura del mismo Dios que ha herido al hombre, poniéndole en movimiento para que inicie el camino de amor, itinerario de su vida. La experiencia religiosa se define así como revelación y presencia, es decir como incitación (invitación) al amor, según sabe y dice Juan de la Cruz, al principio del Cántico Espiritual (CB 1). Que los hombres puedan amar y que lo hagan de una forma apasionada, buscando al Amado, es una prueba intensa de la existencia de Dios:

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

El hombre despierta a la vida en amor sabiendo que Alguien le ha mirado y le ha llamado. En el principio ha existido un brillo o vislumbre antecedente, un pre-sentimiento de Aquel que nos ha despertado a la conciencia por (para) el amor, es decir, Dios. En esa línea, el hombre no aparece ya como un simple ser pasivo, a quien otros han de amar, sino como amante muy activo en busca de Amado (es decir, de aquel que le ha llamado a la existencia).

En este contexto se sitúa nuestro «itinerario» de Dios, y es necesario un «mapa» que nos oriente y sitúa en la marcha. El hombre no empieza buscando en la nada, sino respondiendo a la rápida señal (chispazo) de Aquel que le ha engendrado en amor al herirle. Ese brillo han sido unos ojos fugitivos de amor infinito, que aparecen y miran por un instante en el bosque, para luego desaparecer, dejando así un hueco iluminado para la búsqueda más honda, para la travesía más intensa.

Conforme al signo de Gn 2, 18-20, Adán vivía en un paraíso de plantas y animales, y así estábamos nosotros, trabajando en solitario, sin reconocernos nuestro destino más alto, ni entender el sentido de nuestra existencia: Por qué, ni para qué, ni cómo. Sólo cuando el Amado (ella o él), aparece en el horizonte del bosque-jardín, cuando mira con total intensidad y pasa raudo tras herirnos con sus ojos, podemos despertar y despertamos, como supo de algún modo el mismo Adán diciendo ante Eva: «Esta sí que es carne de mi carne y hueso de mis huesos» (Gn 2, 23-24). Pero en el principio de la gran herida que nos despierta en amor a lo que somos de verdad no está simplemente Eva, ni otro Adán, sino el mismo Dios que nos hace para amarle.

Este Amante (ciervo) del Cántico se ha ido, tras mirarnos (engendrarnos) en amor, abriendo así un hueco en nuestro corazón para que le busquemos (haciéndose nuestro Amado), tras haber recibido su impacto. Así se expresa el a priori (fundamento) real de nuestra realidad, como buscadores de amor, personas: Despertamos a la vida cuando el Amante nos llama, y nosotros respondemos para buscarle como Amado a quien queremos confiar nuestra vida, realizándola con él, como suponen los versos de Juan de la Cruz .

El amor del que nacemos aparece así como gran herida de Dios que nos hace superar la naturaleza donde estábamos dormidos, para despertar como personas y buscarle, queriendo en él a todos los demás seres humanos. Nos ha despertado el Amante con su «flecha», y así podemos responder, buscándole como Amado. De una herida del Amante hemos nacido, surgiendo en el hueco que ha dejado al impulsarnos con sus ojos y marcharse, de manera que podamos (debamos) buscarle, por pasión de amor, no por imposición de naturaleza.

b. Salí tras ti clamando. Un itinerario

Desde ese fondo descubrimos que nuestra raíz no es el pecado (no somos unos desterrados, almas caídas del cielo), pues de una llamada de amor hemos nacido y así podemos responder amando. El Amor nos ha creado, y así somos capaces de enamorarnos, pues él nos amó al mirarnos y llagarnos con su flecha (es Amante) y nosotros le deseamos ahora como Amado, no simplemente como madre o padre (cf. tema 3).

1. ¿Adónde te escondiste, Amado? Este comienzo del Canto supone que el Amante se ha elevado un momento y nos ha mirado, para luego esconderse, tras herirnos (enriquecernos), a fin de que respondemos buscándole como Amado. Este ocultamiento es una experiencia fundacional (e histórica), que define la vida de amor de los hombres, como supone el Cantar de los Cantares (cf. 3, 3; 5, 6; 6, 1). Lo primero ha sido una vislumbre (una visión) de la que brota todo lo que somos, la vida personal (el despertar humano) que se va tejiendo a través de esta ruptura (dejar lo antiguo: madre, padres) y de esta búsqueda incesante, pues sólo podemos alcanzar nuestra Verdad (que es el Amado) allí donde logremos encontrarle, sabiendo que con él y en él tendremos todo aquello que buscamos. Esa herida y esta búsqueda definen nuestro itinerario hacia el Amado por el gran «mapa» de nuestra vida, porque el Ser de amor sólo se expresa y despliega al ser buscado .

2. Y me dejaste con gemido. Este gesto marca nuestra debilidad y traza nuestra máxima grandeza, como seres que debemos crecer a partir de la privación que surge de la ausencia del Amante, a quien buscamos ya como Amado (cf. Mc 2, 19-20). Con gemido nace el niño y muere el hombre, como destacaba Buda, descubriendo en el fondo del llanto primero una llamada dirigida hacia la Vida: El hombre llora (es dolor) por nacimiento y muerte, por posesión y carencia de cosas, pero, sobre todo, por ausencia y búsqueda amorosa. Este gemido que nace de la ausencia del Amante es necesario y positivo, pues nos dice que él existe, pues nos pone en marcha y nos impulsa a buscarle como Amado (descubriendo así nuestra realidad en esa búsqueda); no es dolor de primer nacimiento, ni soledad de niño huérfano, ni angustia de muerte, sino gemido de amante (hombre o mujer en plena madurez) en busca de su Amado.

3. Como el ciervo huiste. El Amante no es cordero manso, quieto en el redil y sumiso, sino ciervo misterioso, fugitivo, en la naturaleza sorprendida, apareciendo y mirando como amado, y ocultándose raudo, tras darnos así fuerza para que así salgamos a buscarle. El Amante desaparece como si estuviera ocupado en otras cosas y tareas, y sin embargo le buscamos como Amado, porque estamos seguros de que nos ha mirado y despertado porque quiere que le amemos, para así ofrecernos la vida de su gracia: Sabemos que nos ama y que su ocultamiento es un modo de ofrecernos su presencia, y así nos impulsa, dejándose amar, para que sigamos buscándole. Es como animal impredecible y raudo, sobre un bosque de sorpresa y misterio, es Amante que quiere ser Amado, y que por eso se esconce y nos invita a que le busquemos. El hombre sabe que su vida ha de ser un camino de amor, pues el Amante se lo ha dicho al mirarle, antes de haber huido. Se sabe llamado al amor, pero se descubre solo y perdido, en el bosque de la vida, inmerso en un dolor que le precede (ha sido abandonado) y que le impulsa (tiene que llamar, busca al Amado).

4. Habiéndome herido. Nietzsche pensaba que el hombre es un animal enfermo, que ha perdido la inmediatez instintiva que le permitía situarse y responder ante la naturaleza de la que forma parte. Un tipo de tradición católica ha solido afirmar que el hombre ha quedado herido o dañado a causa de un pecado original, que le quitó su conocimiento superior y su perfección originaria. El mito de Platón tomó esta herida como desgarramiento y caída, pérdida de cielo y división humana, pues éramos redondos y nos han partido en dos, y de esa forma cada mitad busca por amor la otra mitad perdida (Banquete). Pues bien, Juan de la Cruz ha interpretado esa herida como huella de Amor, que nos impulsa hacia el Amor completo del Amado, a quien debemos buscar todos, activamente. No es herida de pura carencia (como Nietzsche suponía), sino de exigencia creadora, que nos permite definir al hombre como animal enamorable .

5) Salí tras ti clamando, y eras ido. Este amante humano no quiere volver a la patria perdida o al seno de la madre (como supone el platonismo), pues busca al Ciervo de Amor, que ha cruzado por el bosque misterioso y le ha llamado a la vida al mirarle, encendiendo su amor, para ausentarse después y llamarle de nuevo con su recuerdo. Antes de ese principio se hallaba dormido en el barro de la tierra, en la gran naturaleza (cf. Gn 2). Pero los ojos del Amor le han despertado y respondiendo a su llamada sale y corre por el bosque de la vida, impulsado por el don y la promesa, el recuerdo y la esperanza de los ojos del Amado, a quien busca en el mapa de amor de su vida .

2. Descubre tu presencia, una llamada de amor
La herida y búsqueda anterior traza el argumento de nuestra existencia, como prueba/camino de amor, según Juan de la Cruz. No es marcha de curiosidad, ni de ruptura social y militar (Hégira de Mahoma), sino salir tras ti, despertar, buscar y llamar al Amado, en radical extrañamiento amoroso, para perderse del todo y encontrar la identidad perdida (en un plano más alto), al recibir la vida del Amado, en gesto de amor generoso. Esta tarea del hombre (aprender el amor) es la prueba de Dios (que le inicia en ello), de manera que ambos se encuentran implicados. Se inicia así el correr activo del amante, que abandona las seguridades y persigue a gritos el rastro del Amado (tras ti clamando...).
El primer gesto del hombre es llamar (=clamar), por el bosque de la naturaleza, iniciando la aventura y tarea (itinerario) de amor. El Ciervo Amante nos ha mirado, despertando nuestra vida, pero se ha marchado, dejando en nosotros una huella que nos impulsa a buscarle. No le vemos, pero sabemos que él sigue atento y nos espera, de manera que podemos llamarle y le llamamos, pidiéndole y diciendo que se manifieste (Cántico Espiritual B, 11). El hombre se define así como un ser que ha nacido en Amor y solo vive buscando al Amado, para así encontrarse a sí mismo al encontrarle :

Descubre tu presencia
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura

1. Descubre tu presencia. El amante no busca una presencia en general, sino la de Aquel que le ha herido, haciéndole camino de amor. No recuerda amores de otras vidas (como el platonismo), ni espera tiempos finales (como cierto judaísmo), sino la presencia completa del Amado, en esta misma vida, que es historia de amor. Sin duda, esa presencia será desvelamiento de lo oculto y plenitud de lo esperado, pero es sobre todo cumplimiento del amor, que se ha iniciado con la herida del ciervo en el bosque. Descubre tu presencia significa: ¡Muéstrate en tu plenitud, como persona y haz que yo culmine mi camino, para que así pueda ser lo que tú quieres, lo que ambos queremos! El hombre amante desea que el Dios-Amado se deje ya plenamente amar: ¡Dame tu ser y seamos uno en otro!
Sólo podemos hablar así ante Aquel que nos ha despertado al amor, sacándonos con su herida del sueño de una tierra donde estábamos como aletargados, para que seamos de verdad, pues ser y amar se identifican. Éste a quien deseo amar es aquel a quien pido que descubra su presencia, pues él lo atrae todo, como Aristóteles dijo, en su nivel, al afirmar que Dios lo mueve todo como eròmenos, amado (Metafísica, XII, 7, 1072b). Pero el Amado de Aristóteles no amaba (no era persona); el de Juan de la Cruz es persona, es el Dios de Jesucristo, y ama para que le amemos. El creyente de estos versos sabe que Dios le ama, y le pide que se deje amar, como Amado/Amigo. No le pida a Dios estabilidad cósmica, ni bien concreto alguno (dinero, salud, posesiones…), sino sólo que pueda amarle .

2. Y máteme tu vista y hermosura. Ese Dios-Amado (al que quiero dar mi amor) se expresa como pavoroso-fascinante, en la línea ya evocada al principio de este libro (tema 2). La Biblia vinculaba visión de Dios y muerte, de manera que los videntes de las teofanías exclaman: ¡Ay de mí: voy a morir, porque he visto a Dios! (cf. Is 6, 5). Morían de terror ante el misterio (veían lo invisible), pero seguían abiertos para amor más intenso: Contemplaban al fin la luz más honda y en ella vivían al mirarse unos a otros, en diálogo de amor. Así quiere morir el amante de Juan de la Cruz, para vivir y amar de una manera más alta.
Ésta no es una muerte de cansancio e impotencia (es decir, de agotamiento y duelo), sino de entrega total, en visión de hermosura. Amar significa vivir (y morir) dando vida, para ser así en el otro (o en los otros); morir por (con) el Amado, al verle plenamente, en desnudez y plenitud de vida. Quien quiera ganar su vida la perderá: quien quiera asegurarse en sí mismo morirá por siempre, pues su vida encerrada en sí misma termina (cf. Mt 16, 24-28). Poder amar de esta manera, descubriendo a Dios como Amado a quien se puede regalar la vida, es una prueba radical de su existencia, en gesto de entrega personal .

3. Mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura. Las palabras anteriores (máteme tu vista y hermosura) significan «sáneme tu presencia», pues la muerte de amor es encuentro personal y vida compartida que nos permite así los límites de una individualidad cerrada en sí misma. En ese borde de la vida, matar es curar, morir es sanar, pues de esa forma se nace a una Vida que vence a la muerte, como destacan las formulaciones más hondas de Juan de la Cruz, que nos permiten interpretar y superar el miedo de la muerte.
El hombre es un ser que tiene miedo de morir, y vive de esa forma esclavizado por su propio miedo, como sabe Heb 2, 14-15. Pues bien, allí donde el hombre puede amar y se entrega al Dios amado se supera el miedo de la muerte, se alcanza la salud completa: «La enfermedad de amor no tiene otra cura sino la presencia y figura del Amado… La razón es porque la salud del alma es el amor de Dios, y así, cuando no tiene cumplido amor, (el alma) no tiene cumplida salud, y por eso está enferma. Porque la enfermedad no es otra cosa, sino falta de salud, de manera que cuando ningún grado de amor tiene el alma, está muerta; más cuando tiene algún grado de amor de Dios, por mínimo que sea, ya está viva… pero cuanto más amor se le fuere aumentando, más salud tendrá, y cuando tuviere perfecto amor, será su salud cumplida» (Comentario al Cántico B 11, 11).

Estos versos nos sitúan ante la medicina del amor, una terapia de hermosura/comunicación, que es salud y riqueza del hombre que quiere vivir y ser rico dando su vida al Amado. Sólo esta experiencia de amor radical nos permite afirmar que hay Dios, y añadir que él es fuente y sentido, salud radical y esperanza de vida para sus amigos, de manera que podemos amarle y morir en sus manos, para así resucitar en un plano más alto de vida. Dios no es sólo aquel que nos ama (como madre protectora), sino aquel que se deja amar, de manera que podemos entregarnos en sus manos y amarle, ayudándole así con nuestro propio amor, como supo E. Hillesum, es decir, cuando se ofreció para ayudarle .

Ni las demostraciones cósmicas (ni la atracción a la que alude Aristóteles) logran alcanzar a Dios en sí, como persona (tema 5); tampoco podemos postular su existencia partiendo del análisis de la voluntad y de su posible imperativo (temas 7). Sólo allí donde alcanzamos la raíz del amor como Vida de todo lo que vive, recorriendo su camino, podemos afirmar que hay Dios, y que su presencia es salud, es decir, plenitud de realidad para los hombres, experiencia compartida: «El amor nunca llega a estar perfecto hasta que emparejan tan en uno los amantes, que se transfiguran el uno en el otro, y entonces está el amor todo sano» (Comentario al Cántico B 11, 12).
De esa forma, Dios aparece postulado (Kant; cf. tema 7) o, mejor dicho, descubierto y experimentado como principio y sentido de este itinerario de amor que es la vida, que empieza con la llamada del Amante-Dios (al despertarnos a la vida) y que culmina en su revelación final, cuando Dios venga a revelarse plenamente como Amado a quien podemos dar plenamente nuestra vida, dándola a los otros seres humanos, pues la vida se entiende así como recorrido por (en) el amor de Dios .

Sólo quien ama en plenitud puede afirmar que hay Dios, no por demostración objetiva, sino por experiencia de enriquecimiento, cuyo testimonio él puede presentar a los demás, como hace Juan de la Cruz en los versos que he comentado. Ésta es una prueba intransferible, que nadie puede realizar por otro: Quien haga el recorrido del amor, verá que hay Dios, un Dios que le llama en el principio, le trasciendo y espera, no sólo al final, más allá de este mundo, sino en el mismo mundo, que es lugar y signo de su presencia, dejándose amar y luego amando (en un contexto donde Dios aparece como Amado). En esa línea irá mostrándose Dios y le veremos como infinito de amor y aseidad (cf. tema 19).

Articulo Extractado

Teodicea.
Itinerarios del hombre hacia Dios

Ediciones Sigueme