miércoles, 15 de mayo de 2013

La transmisión de la fe en la familia


Es sobre todo en la familia donde se transmiten los valores y se educa en la fe. Misión ineludible de los padres es la de ser los primeros maestros y testigos de la fe respecto de sus hijos.
            A menudo en los diálogos entre padres e hijos se habla de las notas en el colegio, el deporte, la relación con los vecinos, etc., Pero se habla poco de la fe, de las enseñanzas del Evangelio. Y raras veces hay una lectura de los acontecimientos a la luz de las certezas de la fe. Se habla demasiado poco de Dios.
            Los padres no pueden delegar en otros su responsabilidad con respecto a la transmisión de la fe.
            La infancia es la edad en que se echan raíces y se ponen las bases de la personalidad y, por tanto, es una etapa decisiva para el resto de la vida.
            Lo que se siembra en la familia en el corazón de un niño o una niña dará su fruto en la vida adulta.
            En la transmisión de la fe en la familia también las oraciones deben ocupar un lugar importante y formar parte integrante del proceso educativo.
            En los momentos más trágicos de la existencia, la verdadera fuerza que ayuda a no deprimirse es la oración, invocación de la ayuda de Dios y al mismo tiempo recurso a aquella luz, aquel consuelo, aquellas energías que pueden llegar solo de nuestra fe en Dios.
            A veces, el bienestar y el progreso pueden hacernos sentir autosuficientes. Entonces, nos parece que no hace falta buscar otras cosas más elevadas, algo que sobrepase  la vista de lo que tenemos enfrente cuando miramos desde arriba: sentimos que ya no hace falta la fe.
            Pero el progreso moderno y el frenético mundo del dinamismo, de la creatividad  y del trabajo, para seguir siendo humanos, necesitan ser iluminados por la fe, necesitan de aquella luz y aquella fuerza que vienen de Dios.
           
Un padre y una madre pueden dejar poco en herencia a sus hijos, pero si les dejan el don de la fe les transmiten el bien más valioso del que disponemos en esta tierra: la luz que ilumina el camino, dando sentido y valor a nuestras obras.


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